Esas viejas costumbres

abril 6, 2018 at 6:42 pm (Diarios de Motoneta (el Chango Vergara))

En Brasil, las encuestan dan a Lula como ganador. Ante el peligro inminente de que vuelvan los populistas al poder, un general del ejército de dicho país salió a amenazar con un golpe de Estado si a Lula no lo meten preso: “No tengo duda de que sólo queda el recurso a la reacción armada, dijo y agregó: “es deber de las Fuerzas Armadas restaurar el orden. No sólo está la amenaza (del militar, por supuesto, no de la vuelta de un gobierno popular) sino que también están los hechos: hace días atacaron la caravana del expresidente a tiros. Lejos de horrorizarse, el candidato a la presidencia por el PSDB (¡cómo no!, “social demócrata” tenía que ser), Geraldo Alckmin salió a decir: “Creo que ellos están cosechando lo que sembraron”. Y dice esto a pocos días del feroz asesinato de la activista Marielle Franco. No habrá faltado quien piense que ella se lo buscó por feminista, lesbiana, madre soltera y negra. Esto es de temer; esto es de Temer.

También es de temer lo que pasa del lado sur de las cataratas del Iguazú. Por esas fechas sucedió un episodio en Salta: una agrupación tradicionalista se puso a borrar las pintadas por el día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, consistentes en el pañuelo blanco que simboliza la lucha de las Madres de Plaza de Mayo. Una agrupación que… bueno, ¿qué se podría decir? En el artículo primero de su estatuto comprende los siguientes incisos:

c) Destacar y fomentar las virtudes gauchas, el coraje varonil, la lealtad, el desinterés personal, el patriotismo, espíritu de generosidad y de cooperación en la vida de relación, el culto de la familia, los principios morales del cristianismo, la honestidad, la sencillez de las costumbres y la austeridad en la conducta social;

e) Combatir el alcoholismo y otros vicios sociales que atentan contra la salud física y moral de nuestra raza criolla.

Evidentemente es una agrupación que poco sabe del gaucho, o que solamente leyó Don Segundo Sombra, pero que gusta y es afín a las “buenas costumbres”.

Independiente de la discusión de si está bien o mal pintar sobre un monumento histórico, es conveniente hacer foco en otro tema: el de los comentarios que provocó esta noticia. Por un lado una carta abierta de Lucrecia Martel hacia el gobernador y a un arzobispo para que tomaran partido, con sus consiguientes seguidores. Por el otro, los odiadores que nunca faltan y que confunden todo: “Los hijos de esas señoras fueron terroristas que asesinaron a miles de personas inocentes y pusieron bombas”, dice una; “El accionar de estos vándalos de izquierda representa la anarquía heredada de la década ganada”, vomita otro; “Felicitaciones a la Agrupación Gauchos de Güemes, no se puede ensuciar Patriotismo con terrorismo apátrida”, escupe un tercero. No busque el lector un sentido en esas exclamaciones, o algo de coherencia; difícilmente pueda aportar un concepto o una idea clara una expresión salida de las vísceras. No sólo el hecho de una agrupación que usufructúa el nombre de un prócer para posicionarse y posar socialmente e intenta borrar de la memoria la lucha de unas madres desarmadas contra una dictadura feroz y desalmada, sino también que salieran a atacar y a querer matar a una directora de cine por mostrarse en desacuerdo.

Indudablemente un enano fascista duerme en cada uno de nosotros, pero ¿para qué despertarlo? ¿O por qué se despierta? Básicamente porque resulta contenido y mimado en la vigilia.

Gatillo fácil

Cuando la desaparición de Santiago Maldonado, la Ministra de Seguridad salió a respaldar el accionar (léase “represión”) de la gendarmería dándole su confianza y alegando que debemos cuidar a quienes nos cuidan. En este caso, ¿de qué nos cuidan o cuidaban? ¿De que un ataque brutal de un artesano que sabía karate diezmara la Patagonia argentina? Y como si las barbaridades fueran pocas, partícipes de la represión y el asesinato son ascendidos por su lucha contra el “flagelo del terrorismo mapuche”; reclamar por lo que te fue arrebatado es considerado subversivo. Al poco tiempo, Rafael Nahuel es asesinado por la espalda y por la Prefectura. Los eunucos mediáticos hablan de enfrentamiento y la Bullrich asienta que ante ninguna evidencia o alguna medio contraria ella sigue creyendo en las Fuerzas de Seguridad. En Salta, otro Nahuel es asesinado en manos de la policía, también por la espalda. Bien se podría decir que las Fuerzas de Seguridad, evitan cualquier enfrentamiento, y no es un halago de su urbanidad. Siguiendo con la coherencia de la línea operativa de las fuerzas, un policía de civil le dispara por la espalda a un joven que esta vez sí había delinquido; lo acribilla cuando el joven está huyendo. Lo que para algunos es un asesinato vil y cobarde, para otros es una acción en “cumplimiento de deberes de funcionario público”, y es recibido y homenajeado por el mismísimo presidente, que legitima este tipo de conductas, mientras su Ministra de Seguridad sentencia: Esto lo que va a terminar es con la idea de que cada vez que un policía actúa, se discute si tiene que actuar. Si quieren, tenemos policías sin armas y vamos a ver cómo nos va”. En menos de treinta días la policía le dispara en Tucumán a un niño de doce años, y gendarmería hace lo mismo con un joven de diecinueve; el uno murió y el otro está hospitalizado, ambos por andar en moto y dar la espalda a las Fuerzas.

Ellos, que son tan respetuosos de la independencia de poderes, salen a decir en público que es el funcionario de las Fuerzas de seguridad quien debe imputar, procesar, dictar sentencia y condenar al presunto delincuente, y subrayo presunto. Y la inconmensurable sabiduría de estos funcionarios les permite observar que ninguna condena supera la de la pena de muerte, o que no hay otra, independientemente de si se trata de un ladrón de bancos, uno de gallinas, un motociclista o un niño que seguramente será un delincuente con el correr de los años. La gravedad del asunto es que desde el gobierno, esos que una mayoría votó para que nos representara, están naturalizando el crimen, el gatillo fácil y la represión (además del abastecimiento en material antisubversivo, el grupo Halcón hizo un viaje de entrenamiento en las tierras palestinas ocupadas por Israel para recibir capacitación en técnicas represivas contra la población civil). Y lo más grave es que naturalizan el crimen por parte del Estado. Y otra vez, como en oscuros tiempos, se estigmatiza a la víctima y se victimiza al verdugo. Porque ellos son el estandarte de la “moral y las buenas costumbres”, y eso los convierte por defecto en el justiciero, el verdugo y la mismísima justicia, y deciden a dedo quienes son los enemigos.

Otro caso de “gatillo fácil”

Entonces se despierta ese enano maldito, miserable que habita en cada uno de nosotros, porque está legitimado, porque está amparado por los enanos perversos que despertamos para ponerlos en el poder. Alguien hizo esa lectura. Pero ese alguien no es de acá, ni de Brasil ni de Ecuador; no está afincado en ninguna parte en especial, porque entendió en la primera de cambio que ese enano fascista es cosmopolita, es un reconocido ciudadano universal.

A esos enanos les pregunto: ¿realmente quieren eso?; que vuelva a reinstalarse la idiosincrasia del Algo habrán hecho, del mirar para otro lado o desde atrás de unas persianas, del si no hacés nada no te pasa nada. Eso lo único que genera es una sociedad sumisa, cobarde y alcahuete. Una sociedad que no se hace cargo, ciega, necia, e irresponsable.

¿Realmente quieren eso? Y en caso de ser la respuesta afirmativa, y sin que los medios de comunicación les dicten lo que deben decir: ¿Por qué?

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Un relato corto (un recorte largo)

marzo 8, 2018 at 7:32 pm (Diarios de Motoneta (el Chango Vergara))

Mako“La esperanza es una cosa peligrosa, cuando no tienes nada más” Momo, en el film Alegría, de Franco Dragone

Hemos fatigado nuestros oídos de tanto escuchar hablar sobre el relato (comienzo así porque no quiero incurrir en la barbaridad de decir que tenemos las bolas por el suelo de la matraquita del relato). Pero pareciera que el relato sólo se acondiciona y sólo es una estratagema política de los gobiernos con finalidades sociales, a los que suelen denominar peyorativamente populistas; los relatos son propiedad de los socialistas, los comunistas, los anarquistas, nunca de los neoliberales, nunca de los conservadores.

Una editorial de La Nación de por el año 2013 (puede parecer vieja, pero es tan novedosa como el resto de las editoriales de éste y otros diarios afines, es decir que por más que hayan sido publicadas esta misma mañana, su texto, su contenido, y lo que de él se trasluce, atrasa miles de años)… Decía que esta pasada editorial comenzaba diciendo que para transformar una realidad hay que cambiar el lenguaje. Por supuesto, el artículo se refería al “relato K”. Transcurrido un aburrimiento de varios renglones, el diario reza: El último jubileo impositivo que beneficia a los evasores fue llamado ‘manifestación voluntaria de activos’. No ‘blanqueo’, que es el vocablo que mejor le hace justicia, pero que suena desagradable porque deja ver que quienes atesoran dinero negro son premiados”. ¿Qué dice ahora este diario cuando los suyos, los que puso en el poder junto a otro puñado de oligarcas, hablan directamente de la merecida recompensa que reciben por haber atesorado dinero en negro? Familiares y más de medio gabinete incluidos. Nada, ni una palabra, porque como asegura el editorialista al final, en algo que no es más que la proyección de un defecto propio en el otro, en el opuesto: “que basta con no hablar de un problema para que éste desaparezca; que se puede reemplazar la realidad por un simulacro. Es la vieja propensión de todo régimen demagógico a exagerar el valor de las apariencias y a menoscabar lo esencial”. ¿Qué podemos esperar de un diario que habla de enfrentamiento cuando fue una represión brutal por parte de las fuerzas de seguridad?

Y critican eso que es su hábitat natural: el eufemismo. Le llaman “pesada herencia” al conjunto de rasgos estadísticos que le permitió a este gobierno endeudarse hasta alcanzar el primer puesto a nivel mundial entre los países emergentes, superando a China, Rusia, India, etcétera. Hablan de “sinceramiento” para aludir a la devaluación, la suba del dólar, la inflación que no pueden o no quieren bajar. Dicen “recalibrar” cuando no quieren mencionar el rotundo fracaso de sus políticas implementadas. Y a una corrupción que es mucho más obscena que la del gobierno anterior, mucho más pornográfica en cuanto a cantidad y exposición la bautizan “conflicto de intereses”. Por supuesto que necesitan un relato, y uno más fuerte que el del anterior gobierno para tapar que cuando hablan de justicia independiente, en realidad dicen “Los jueces tienen que saber que queremos saber la verdad o vamos a buscar otros jueces que nos representen” o “Nosotros tenemos que trabajar en el perfil del juez que queremos. Si sabe de derecho, mejor. Para ocultar que cada vez que abren la boca, la cagan, y es el verdadero sinceramiento de sus intenciones: “Donde le hiciste creer a un empleado medio que su sueldo servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior, porque eso era todo una ilusión, eso no era normal”; “Los jubilados van a perder plata, no poder adquisitivo;Donde cada uno esté dispuesto a cobrar lo mínimo que le corresponde por lo que hace”. O barbaridades de índole educativa: “¿Qué es esto de universidades por todos lados?”; “La terrible inequidad entre los que van a la privada y los que tienen que caer en la pública”; “Crear argentinos que sean capaces de vivir en la incertidumbre y disfrutarla”. O brutalidades per se: “Un montón de atractividades”; “He estudiado al máximo y estoy tratando de hacer lo mínimo, lo mínimo posible para que todos, absolutamente todos lleguemos a buen puerto”. Las frases citadas no pertenecen a la misma persona, pero sí al mismo espacio político, un espacio que cree que diálogo es sinónimo de extorsión y chantaje, que la libertad de expresión es decir lo que ellos quieren que digas, que insertarse en el mundo es hacerlo de rodillas o dejando la puerta trasera abierta.

¡Claro que este gobierno necesita un relato! Y uno más grande que el anterior. Entonces, cualquiera pensaría que la pata fundamental que sostendría este relato, el bastón, sería la meritocracia, hacer hincapié en el mérito individual como motor del progreso, aunque sólo sea un progreso individual o que no vaya más allá de la propia familia, porque eso les daría pie para legitimar la desigualdad que tanto anhelan; porque con eso fomentarían (y aquí va otro eufemismo) la “cultura del trabajo” (hace unos días, nuestro emérito presidente salió a aplaudir que una correntina fuera maestra por las mañanas y tuviera que salir a vender carbón por las tardes para subsistir; el innombrable festejó que ese era el esfuerzo que necesitaba la Argentina, y ni siquiera se le pasó por la cabeza, y eso que andaba en pleno proceso de paritarias, que a los docentes no les alcanza con lo que ganan). Porque en definitiva es en el esfuerzo individual y en el mérito propio donde se encuentra la clave de la fortuna y de la superación. En estos puntos debería basarse el relato de este gobierno, porque además se encuentra en el fondo último de la mayoría de sus votantes, esa mayoría que adjudica su éxito al haberse roto el culo laburando y a alguna virgen, mientras que culpa de sus fracasos a los que “se robaron todo”.

Sin embargo no les alcanza con ese relato, porque ni ese relato, ni el colosal blindaje mediático (MMLPQTP: Mauricio Macri La Pauta Que Les Pagó) le son suficientes a este gobierno para tapar sus incapacidades, sus iniquidades… perdón, sus “conflictos de intereses”, sus incansables “sinceramientos” y sus obligados “recalibres”. Necesitan mucho más. Tal vez no nos diéramos cuenta pero el inicio de este superlativo relato, el prólogo se escribió aquella vez en la que el que te dije pronunció: “…si estamos unidos, si logramos que uno más uno sea igual a tres…” En ese momento no entendí, pensé que era otra de sus burradas… Y quizá lo fuera, pero en ese acto dio comienzo al gen que el relato de su gobierno necesitaba. Algo tan grande que rompiera las leyes de la lógica, que destrozara por completo el silogismo, que trascendiera el hecho consciente; para canalizar la atención de la gente en algo que no fueran las tropelías de este gobierno, el relato debía ser tan desopilante como el sueño (o la pesadilla) de Alicia. Como esos vuelos espaciales que se remontarían hasta la estratósfera para luego estar en Japón en menos de hora y media, a los que aludía otro innombrable.

Les resumo cortamente la matriz del relato: que gracias a este gobierno salimos de una crisis que no existía para adentrarnos en un “crecimiento invisible”. Por supuesto que lo que promete este relato hace que se relama más de un flower power. Intentan reconstruir el imaginario popular desde este punto, así que podemos pedirle al gobierno que no cese en su incautación de drogas, pero que, por favor, deje pasar el LSD. Debo decir que elegí la palabra matriz a propósito, porque ahí nomás salió otro de los suyos a decir que “la inflación está en la mente”. Y ahí sí que no sólo me tomé la azul y la roja, sino todas las pastillas que encontré en el botiquín de mi casa. Al parecer, poco falta para que alguien salga a decir que MMLPQTP es el elegido recargado. macri 1+1

Pero este absurdo, esta exageración es necesaria no sólo para desviar la atención de las atrocidades de este gobierno, sino para eliminar lo que fue real, la historia que aun está fresca en la memoria colectiva, porque en ese colectivo se halla la oposición, la resistencia. Por eso cambian próceres por animales en peligro de extinción: porque no los identifica la historia sino la animalidad (pero los dinosaurios también van a desaparecer). Por eso necesitan de una Alicia a la que le hacen creer un país de maravillas, y un relato tan irracional es indispensable para ponerse a la altura de la insensatez de los que los pusieron en el poder; un relato absurdo se acomoda perfectamente en el imaginario de los que votan con las vísceras; lo disparatado de su relato encaja perfectamente, porque necesitan alienar, porque buscan enajenar.

Alienar: Hacer perder o alterar la razón o los sentidos // Causar o provocar la pérdida de la personalidad o de la identidad de una persona o de un colectivo.

Enajenar: Hacer que una persona pierda la razón o los sentidos, especialmente a causa de un sentimiento intenso de miedo, enfado o dolor // Vender, donar o ceder el derecho o el dominio que se tiene sobre un bien o una propiedad // Ceder, hipotecar.

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La envidia igualitaria (o La estupidez distinguida)

febrero 26, 2018 at 11:16 pm (Diarios de Motoneta (el Chango Vergara))

“Lo que no puede decir un hombre honrado es esto: La manzana roja tiene un gusano, no la quiero. Tomaré otra vez la manzana blanca de mis padres, que aunque tenía dos gusanos, tenía también una historia, y de su pulpa podrida vivió todo mi clan” León Felipe

Por allá, entre principios y mediados de los ochenta, y siendo diputado del parlamento gallego, Mariano Rajoy se preguntaba en un artículo por él escrito y por el Faro de Vigo publicado; “¿Qué sentido tienen pues las nacionalizaciones?” y “¿por qué se insiste en incrementar la participación estatal en la economía?”, a lo que inmediatamente se respondía: “para despersonalizar la propiedad, o sea, para satisfacer la envidia igualitaria”. El ahora presidente español referenciaba un libro que había leído, titulado, ¡cómo no!, La envidia igualitaria, donde su autor Gonzalo Fernández de la Mora (cuyo legajo no es precisamente progresista) afirmaba que vaguedades como “la eliminación de las desigualdades excesivas”, “supresión de privilegios”, “redistribución” o “que paguen los que tienen más…” son utilizados por los demagogos para conseguir sus objetivos políticos. Rajoy, después de proferir otras imprecisiones, y casi al finalizar su artículo, dice: “…la desigualdad es el fruto de la libertad”.

En un artículo anterior, el mismo diputado había atacado los conceptos de igualdad humana, porque en ella no se atiende a criterios de eficacia, responsabilidad, capacidad, además que el hombre busca desigualarse “en la lucha por el poder, en la disputa por la obtención de premios, honores, condecoraciones, títulos nobiliarios desprovistos de cualquier contrapartida económica”, y que la “imposición” de la igualdad es despótica y contraria a la esencia del hombre. Pero también habla de que el hombre nace predestinado para lo que habrá de ser según su disposición genética y derrapa en teorías de linaje. Todo esto fundamentándose en otro libro, de otro autor cuyo prontuario no está más limpio que el del anterior y que responde al nombre de Luis Moure Mariño. Cito ahora al mismísimo presidente español, que en ese entonces era diputado: “Ya en épocas remotas –existen en este sentido textos del siglo VI antes de Jesucristo- se afirmaba como verdad indiscutible, que la estirpe determina al hombre, tanto en lo físico como en lo psíquico. Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente –era un hecho objetivo que los hijos de «buena estirpe», superaban a los demás- han sido confirmados más adelante por la ciencia”. Y así, damas y caballeros, es como se llega a ser presidente de una república. La diferencia es, quizá, que Rajoy al menos leyó dos libros, sean cuales fuesen. Y por supuesto que nuestros diputados, y hablo de Amadeo, Massot, Iglesias, Lipovetzky, Tonelli, etcétera, nada tienen que envidiar de los comentarios de Rajoy, porque se ha visto que son capaces de llegar igual o más lejos que el gallego.

Nada dice de cuáles son las habilidades y capacidades, ni las concesiones, necesarias para conseguir premios, títulos nobiliarios y otras superficialidades mundanas. Desconozco si sacar y blandir el cinturón detrás de los débiles y dejar caer los pantalones delante de los fuertes es una acción loable en las altas esferas. Al parecer, sí. Y técnicamente les viene legado por su linaje, como su destino prefijado y como su incapacidad para interpretar un discurso (fin de la cita). Y si bien nuestro representante local adolece éstos y otros defectos, al menos presenta muchísimas más “atractividades”.

Pero ni Rajoy ni su coleguilla de estos pagos hablan de que no todos pueden asistir a un colegio privado, justamente porque la actividad privada, caníbal y vampira les niega esa posibilidad (y conviene hacer la salvedad de que una educación privada no es garantía de absolutamente nada más que de contactos de gente con una “información genética afín”). Incluso se pasan por donde casi no toca el sol el invento del sueño americano, porque ni siquiera avalan que alguien salido de una condición económica inferior, de una clase social humilde pueda llegar a algo; simplemente sostienen que la cuna es determinante en su carrera futura.

La derecha, el conservadurismo siempre atrasa. Y atrasa porque están enclavados en la idea de que todo tiempo pasado fue mejor: “Con Franco esto no pasaba”, “Si no habías hecho nada podías salir tranquilamente, ahora no podés salir a ningún lado después de las ocho… Dirán lo que dirán pero con los militares estábamos más seguros, no había tanta droga…” Atrasa porque para su actividad privada le vendría bien un par de negros que trabajaran con tal de no recibir latigazos. Atrasan porque estaba bien cuando los homosexuales estaban bien guardaditos, incluso manteniendo una familia como debe ser, de padre, madre y tres hijos de rizos dorados y mirada celeste. Atrasa porque ellos están convencidos de un poder divino que los premia por su cuna y que si Dios olvida a tanta otra gente es porque esa otra gente carece de los cromosomas heredados adecuados, y que si Dios nos hizo a imagen y semejanza se nota a leguas que los hay muy parecidos a Dios y los hay que no. Atrasa porque con cada avance sienten que se alejan más del paraíso perdido; la derecha sigue culpando a la mujer de comer la manzana podrida y la condena al patriarcado.

Hace un tiempo leí Un yanqui en la corte del rey Arturo, una novela de Mark Twain. No me acuerdo bien del proceso, pero por alguna razón el protagonista es trasladado en el tiempo, y va a parar al siglo VI, donde supuestamente transcurren las gestas del mentado rey. La idea ronda en cómo un tipo, con los conocimientos obtenidos en el siglo XIX, del que proviene, va creando algunas instituciones, imponiendo algunas ideas para cambiar esa sociedad, para él, primitiva, retrógrada, rancia y excesivamente religiosa. Tiene una mirada republicana, pues viene de una república (no esa república que tanto les ocupa la boca a algunos y que carece de Estado e instituciones independientes, y que tanto se asemeja a aquella bananera que tanto critican). El punto al que quiero llegar es que el satírico y crítico libro de Mark Twain bien podría haberse llamado Un yanqui en la corte de Rajoy, su coleguilla local o cualquiera de los representantes del conservadurismo que hoy superpueblan las investiduras universales. Nada más tendría que cambiar el principio y hacer que su personaje sea trasladado al futuro. Hay un pasaje del libro de Twain que bien refleja lo que trata este escrito, pero lo refleja con más gracia y humor: es el diálogo que se produce entre el protagonista y el rey Arturo cuando el primero intenta que el segundo se comporte de manera más popular para así pasar desapercibidos entre la gente y recolectar las opiniones que el pueblo tiene de su mandato; tarea por demás ardua la de enseñar a un tipo del círculo áurico lo que es la vida en la tierra. A mí me sonó a Marcos Peña tratando de convencer al innombrable o a la Vidal de efectuar los desdichados timbreos. Me permití transcribir ese fragmento. Es la imagen al final de este texto; se puede agrandar.

Pero, veamos, para esta gente el Estado es deficitario y mientras menos injerencia tenga en la economía, mejor. Excepto, claro, para condonar o estatizar deudas que los privados no piensan pagar. Sin embargo no se sonrojan ni un poquitito cuando usan los recursos, por ejemplo las fuerzas de seguridad, del Estado para salvarse el culo. ese culo que tan desprovisto y desnudo tienen ante los de mejor dotación cromosómica. Ni se les cae nada cuando entregan a corporaciones o a instituciones monetarias internacionales, envuelto en celofán (cuando entregan un presente, y también un futuro), al Estado y a los recursos nacionales de los que se creen amos y señores por esa estafa que ellos denominan cuna. Y hay que ver cómo se ponen cuando esos recursos pasan a ser usados por más personas. ¿Para qué repartir entre miles lo que se puede concentrar en una decena? Pero una decena como la gente y no un millar de vagos sin nobleza y delincuentes desclasados. Para ellos todo es una cuestión de abolengo, y la holgazanería y el crimen son derechos heredados por su condición social. Y no son para cualquiera.

Es una cuestión de aceptación: ellos aceptan su superioridad (de raza, de clase, moral, e independientemente que no exista ninguna, y mucho menos teniendo en cuenta que aceptan como condición superior un hecho heredado, en el cual no tuvieron ninguna injerencia ni mérito alguno; es casi tan ilógico como bautizar al recién nacido porque sus padres tuvieron sexo… y peor si lo disfrutaron: más agua para el condenado niño). Digo, ellos aceptan y están seguros de su superioridad. Pero para que esto se convalide tienen que haber muchos que consientan su inferioridad, muchos que estén dispuestos a conceder que otros son mejores porque jamás se ensuciaron las manos (con tierra, porque de sangre… y ni siquiera así se ponen colorados), porque nunca tuvieron que encorvar la espalda ante un peso que no fuera su conciencia (en caso que la tuvieren). Y qué mejor manera de arrebatar la estima de la gente que denigrándola, sometiéndola a precariedades y a formas indignas de trabajo, ninguneándola, haciéndoles sentir que son nada, que son nadie. Pero no sólo somos algo, somos alguien. Somos. Y somos bastante más que ellos, eso tenemos que aceptarlo. Y ellos también. Y si desde su encumbrada altura no alcanzan a distinguir con claridad, pues habrá que bajarlos para que puedan y aprendan a ver bien.

Clickear para agrandar. Fragmento de Un Yanqui en la corte del rey Arturo, de Mark Twain

 

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¿Y dónde está el piloto?

enero 18, 2018 at 4:24 pm (Diarios de Motoneta (el Chango Vergara))

Cuenta un chiste, o una reflexión, que una mujer le cuestiona a un hombre el consumo de cerveza. La mujer comienza molestándolo con la indiscreta pregunta de cuántas cervezas se tomaba al día. El hombre responde que dos, a lo que ella inmediatamente hace el cálculo del gasto diario, luego del semanal, mensual, anual, etcétera, hasta concluir que, de no haber despilfarrado el dinero en bebidas alcohólicas, y en los años que lleva tomándolas, se podría haber comprado un avión. El hombre medita y le pregunta: “Y vos, ¿cuántas cervezas te tomás por día?” Ella responde que ninguna; y el hombre concluye y finiquita: “¿Y dónde está tu avión?”

La situación, el chiste me hace acordar a este gobierno. Vinieron para bajar la inflación, el déficit fiscal, la inseguridad, el narcotráfico y la pobreza. Para restablecer la República. Para eliminar la grieta. No sólo no bajaron ninguno sino que agrandaron todos los índices que debían achicar y achicaron los que debían agrandar. Ni hablar de la grieta. ¿Dónde está el avión?

Eliminaron las retenciones a las mineras y a las exportaciones al tiempo que devaluaron la moneda nacional y aumentaron el dólar para darle el gusto a algunos potentados y para que entrara la moneda yanqui en el país (aunque luego la volvieran a sacar), pero las exportaciones se mantuvieron en el mismo nivel que en el 2015. Hablaron de bajar la inflación, y para eso destrozaron el mercado interno y por ende la demanda, y la inflación es igual a la de 2015, con el agregado que el año pasado fue del 40%, es decir, en cierta forma bajaron la inflación, pero después de haberla hecho llegar hasta una cúspide imposible, es decir que redujeron la inflación que este mismo gobierno había aumentado pero no la disminuyeron con respecto al gobierno anterior, es decir ¿dónde está el avión?

Para reducir el déficit fiscal, echaron a cuanto empleado público les dio la gana (y lo siguen haciendo), desmantelaron por completo programas de asistencia y atención a víctimas de la violencia de género, de asistencia jurídica gratuita, de asistencia laboral, de salud sexual, de tratamiento bucal; sacaron las Qunitas y las notebooks (Conectar Igualdad), quitaron pensiones a personas con capacidades diferentes; desarticularon todo lo que tenía que ver con ciencia, tecnología e innovación; recortaron, más bien mutilaron el Plan Progresar; ni hablar de los recortes en derechos humanos, en asuntos indígenas, y mucho menos los relacionados con la cultura: tres temas que generan el asco y repudio de estos que nos desgobiernan. Para reducir el déficit no se les movió ni un pelo en meterle la mano en los bolsillos a los jubilados, a las asignaciones por hijo, a los excombatientes de Malvinas. Para reducir el déficit tomaron una deuda impensable hasta para China, que ya ronda los 350.000 millones de dólares y continúa creciendo. Para reducir el déficit están destruyendo, dinamitando Aerolíneas Argentinas, los medios públicos, manoseando y hurgando en la caja del ANSES… ¿Y dónde está el avión?

¿Qué decir de la lucha contra el narcotráfico? Algunos indicadores señalan que aumentaron los procedimientos policiales, los detenidos por este delito y las incautaciones de estupefacientes. Conociendo la inoperancia de este gobierno, me resulta fácil pensar que ellos mismos compran el alijo y luego se hacen el operativo para ganarse algunas medallas y muchos minutos en la tele. Pero supongamos, quizá con acierto, que jamás podría haber salido de sus seseras una idea tan genial, ¿a quién o a quienes benefician un par de detenciones e incautaciones? El precio de la droga se duplicó en los últimos dos años; hay la misma o mayor demanda pero hay menos oferta; mayor ganancia, menor producción; mayor beneficio, menor esfuerzo. ¿Quién puede negar que el episodio responde a políticas e idiosincrasias de nuestros eméritos representantes? Producto de esto último, de lo dicho anteriormente y de otras iniquidades, la inseguridad no pudo hacer otra cosa que incrementar notoriamente. Eso y porque tienen a todas las fuerzas de seguridad cuidando sus casas o las instituciones donde despiden gente a diestra y siniestra o comprando merca para recuperarla después o reprimiendo a los que reclaman por sus derechos antes conseguidos y ahora arrebatados.

El avión de restablecer la República duerme en los hangares de la extorsión para aprobar leyes, en los depósitos empapelados de decretos de necesidad y urgencia, que no son de ninguna necesidad ni de ninguna urgencia, bajo los tinglados de una justicia ciega, sorda, parapléjica y desbalanceada, de prisiones preventivas sin proceso ni condena, de prisiones políticas, de represiones y desapariciones. Acá cabe preguntarnos ¿dónde está el submarino? Una República donde el ministro de Finanzas compra bonos por él emitidos, y el de Trabajo negrea a sus empleados; donde el presidente, junto con otros ministros, que confían en sus gestiones, tienen toda la guita fuera; donde el de Agroindustria recibe un regalo de medio millón de parte de la Sociedad Rural; o donde el presidente quisiera condonar las deudas que sus empresas privadas tienen con el Estado. Y donde el de Energía… y donde el de Comercio, en fin.

Si alguno de ellos hubiese creído, aunque sea por un ratito, que podían eliminar la grieta, jamás se hubieran armado con tanta rapidez y tesón de material antidisturbios, jamás gastarían una cantidad ingente de dinero en trolls y avivadores y voceros del odio de otros medios, jamás se hubieran abocado a mantener la democracia a balazos. Fíjense hasta qué punto lograron ensanchar la grita que hicieron papistas a los progresistas y ellos, que cada domingo pagaban en cuotas y en la iglesia su parcela en el cielo, aunque durante la semana hicieran morcillas para el demonio, y alquilaban el estandarte de la moral, ellos se volvieron anticlericales.

A mi me supera: la idea de lograr pobreza cero basados en la precarización del empleo, del poco que hay, sumado al aumento de las tarifas en los servicios, en los remedios, la ninguna injerencia del Estado en los precios del combustible y un largo etcétera, está por encima de mi entendimiento. Deberían comenzar por bajar la pobreza… ¿qué digo “pobreza”?, la indigencia, la miseria de espíritu y de alma que los determina y dirige. ¿Y el avión? ¿Y el helicóptero, en todo caso?

Que no se me mal interprete y se me llame golpista, como está tan en boga en estos tiempos. No soy golpista, como tampoco lo es el que se manifiesta por derechos o está en total desacuerdo con este avasallamiento. No quiero un helicóptero, pero si quiero que este gobierno claudique. Como plantea Julio Maier, existen mecanismos constitucionales que prevén, por referéndum, incluso revocatorio, la expulsión de un gobernante por anticipado. También está el juicio político. El golpe de Estado ya lo dieron ellos minando todas las instituciones y cargándose la Constitución Nacional, con la que se santiguan cada vez que pueden. Esta última dice, como nos recuerda Eduardo Barcesat, en su artículo 36 que todos los ciudadanos tienen derecho de resistencia cuando se avasalla la supremacía de la Constitución  Nacional.

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Pan y circo

enero 13, 2018 at 3:47 am (Diarios de Motoneta (el Chango Vergara))

“La ignorancia de las masas es la principal fuerza de los gobernantes” Charles Malato

De los productores de “Toco un imaginario timbre donde sólo hay granito”, “Me subo a un colectivo de línea corriente, aunque éste esté fuera de servicio y sus tripulantes sean actores y extras que agradecen mi gestión, para que todos crean que estoy cerca y que no me da asco la gente” e “Inauguro obras que fueron hechas en el gobierno anterior como si fueran mías”; del director de “Me voy a vivir a una base militar porque mi vida peligra debido (mas no De Vido) al incansable combate que despliego contra el narcotráfico” y “Compro juguetes con naturalidad”; y de los mismos creadores de “Hago que saludo y respondo al cariño de la gente, aunque no haya nadie (y mucho menos cariño) a menos de 200 metros que es donde está el vallado y la tropa de gendarmería que no es usada en otros montajes del tipo: saco con casco y operativo policial a un tipo al que no le probamos nada pero que igual meteremos preso sin condena ni proceso para alegría de cierta gente que piensa como nosotros, es decir, con las vísceras” y de “Yo también compro juguetes con naturalidad” llega “Inauguro el Buenos Aires Playa y extiendo una lona azul que vale 40 millones de pesos sobre el suelo para hacer ver que es una piscina”, con un inefable, histriónico y siempre en ascenso Horacio Rodríguez Larreta.

La imagen ante todo: antes que ser, mejor parecer. La cara hacia la galería, la arenga de la frivolidad, la apología de la superficialidad; lo suntuoso, vano, trivial y efímero como expresión de la felicidad. Por eso, este gobierno goza de la misma aceptación y la misma audiencia que Mirtha Legrand o Susana Giménez. La pose, la afectación, la ingenuidad (buscada y generalmente pésimamente interpretada) como vindicadora de la ignorancia, el “sorry, gordo, me equivoqué”.

Todo es pirotecnia, fuegos de artificio, distracciones para cuando no se tiene nada para decir, como en las películas de Hollywood donde aparecen varios actores de renombre, los mejores cotizados del momento, corriendo, transpirando y escapando de un sinfín de explosiones sin sentido, y donde el argumento no difiere demasiado de aquellos que planteaba Olmedo en el sketch de Borges y Álvarez, donde un tipo iracundo salía a reventar todo porque unos maleantes le habían sopado su huevo frito. Cuando no hay nada que mostrar, todo es fachada, como en las películas del lejano oeste, cartón que simula un salón o la oficina del sheriff, porque detrás de eso no hay nada, hay sólo desierto, hay todo aquello que no se construyó pero que no importa, porque hay en el frente un cartel grande que reza “Saloon” y con eso basta para hacer ver sus “buenas intenciones” y para que el espectador albergue la esperanza de que el bueno salga de ahí sano y salvo.

Por eso, los domingos se la pasan chupando cirios, aunque durante la semana, y detrás de sus persianas, se la pasen haciendo morcillas para el diablo, porque lo que importa es que los vean saliendo de la iglesia con cara de constricción. O que la vean siendo educada en una mesa ante diversos e importantísimos invitados, mostrando su aristocrática distinción, aunque en el corte mande al camarógrafo a la reputísimamadrequeloremilreparió, y al salir del estudio, cuando su senilidad le impida recordar dónde dejó su bijouterie, ponerse de los pelos y culpar a su servidumbre (sí, servidumbre, porque aunque no se diga, ya que es políticamente incorrecto, es así y tenerla está bien visto por la gente de igual calaña, por gente como uno) del robo. Todo es políticamente correcto, pero la corrección política es casi un oxímoron, y es casi enteramente hipocresía, es representación, es farsa, es hipocresía. Y si cada vez que abren la boca suenan como esa vez en que alguien preguntó si a ese dinosaurio que habían encontrado lo habían encontrado vivo; no importa, porque tienen ojos divinos y se visten con clase; es cultura de universidad privada… privada de cualquier conocimiento.

Si estos son nuestros representantes, es porque una mayoría actúa de la misma manera y está dispuesta a pagar por ese espectáculo. Y al parecer no es relevante que los piolines se vean ni que el decorado se caiga a pedazos ni que sean pésimos actores y que no puedan decir dos oraciones sin la ayuda del apuntador que le dicta, el dictador. ¡Pésimos actores! Totalmente sobreactuados y menos creíbles que Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger en la versión yanqui de Adiós Roberto (o Brokeback Mountain); como si copiaran los gestos de Jim Carrey, Nicolas Cage o Johnny Depp. Sin embargo los hay dispuestos a creerles, porque esta gente, estos “representantes” actúan para un público de telenovelas, donde no hay nada que sea creíble más que la necesidad de creer; ese es su electorado. Y por eso copian e imitan los discursos de los profetas o los pastores de sectas e Iglesias, donde el mañana siempre será mejor, donde “Dios no está interesado en tu dinero, él está interesado en tu corazón, pero para tener nuestro corazón él tiene que tener nuestro dinero”, y por medio de eslóganes efectistas como “juntos” “unidos”, “no aflojemos”, “sigamos”, algunos, por un lado, dan contentos y obnubilados su diezmo, mientras que por el otro una población entera, y no tan contenta y no tan esperanzada, también es diezmada.

La obra da pena, el texto da sueño y los actores dan hambre, pero no hay que preocuparse porque esta temporada van a tener los espectadores necesarios debido al abnegado trabajo del periodismo lobista y lameculos que no sólo dirá que la obra es buena sino que también vale la pena volver a verla. Y es que ellos también son parte de esta mascarada; y como en toda mascarada, hay que halagar al patrón.

La derecha, el conservadurismo siempre acusó a los gobiernos populares (que la derecha apoda populistas) de ser pan y circo. Sin embargo, este gobierno apenas si difiere en lo del pan: es sólo circo; detrás de ese decorado que se derrumba y que ni siquiera está hecho con ahínco (porque ellos subestiman a sus espectadores; a veces, al parecer, con razón), está el vacío, el abismo de una deuda inconmensurable, el desmantelamiento de todo lo que se acerca a la igualdad, las ruinas de un estado de derecho, la ilusión de los derechos humanos; un cartón que apenas se sostiene porque el cartel que reza “Burdel” es demasiado grande y pesado.

Pero, ¡sean bienvenidos a este circo, damas y caballeros! ¡Donde nuestros comediantes hacen malabarismos con la economía y nuestros equilibristas deambulan por una cuerda flojísima sin más red que las que les prometen los que dicen ser sus amigos, pero que sabemos van a mirar a otro lado cuando caigan! ¡Con grandes escapistas que, antes de ponerse a salvo, procuran que sus bienes estén al amparo en el exterior! ¡Con acróbatas que se quedan estáticos y no hacen nada porque saben que las piruetas las harán los espectadores! ¡Con magos que desaparecen personas y submarinos! ¡Con un número cada vez más grande de hombres bala! ¡Y por supuesto y sobre todo: payasos y tragasables! ¡No hablaré de los títeres porque eso ya no es ninguna sorpresa! ¡Damas y caballeros… Bienvenidos al circo!

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Hay que escuchar las dos campanellas (un intento más por comprender a una fracción de la población argentina)

noviembre 9, 2017 at 11:01 pm (Diarios de Motoneta (el Chango Vergara))

Si no recuerdo mal, porque la vi hace mucho tiempo, en la Película Luna de Avellaneda, el personaje que interpretaba Ricardo Darín abogaba por una tarea conjunta, colectiva, y tiraba ideas y proyectos con el fin de mantener el club, ese reducto de encuentro que los había contenido durante tanto tiempo. Ese personaje nostálgico se oponía al que interpretaba Daniel Fanego, que afirmaba que progreso era privatización, y que lo mejor era vender el club a inversores (seguramente extranjeros; no recuerdo, pero no me extrañaría), porque eso crearía puestos de trabajo y bla, bla, bla (ya conocemos el discurso de los personajes como el de Fanego). Al final, una mayoría de socios elige hacerle caso al personaje de Fanego, que se inclina por los bienes materiales, las ganancias y el vil metal en contraste con los cabales principios del buenazo de Darín.

También en Metegol, la película de animación, contrapone a dos personajes: el uno, una gran futbolista con el ego más subido que el de Cristiano Ronaldo, y cuyo resentimiento lo llevó a tener el éxito y el dinero que ganó para vengarse de quién sabe qué cosa… ¡Ah, sí!, para vengar la humillación sufrida años atrás por haber perdido un partido al metegol justo con el niño bueno, soñador y de valores barriales, que es el antagónico.

Campanella es efectista y conoce muy bien las técnicas y las fórmulas para lograr que el público se ponga del lado del bien y termine odiando visceralmente al villano. Pero esa moralina que rebalsa sensiblería en sus películas no condice con las elecciones que parece tomar nuestro premiado director en la vida real, en la que es confeso defensor de villanos. Es como si Ken Loach sólo tuviera palabras de admiración para Margaret Thatcher… salvando las diferencias, por supuesto.

Entonces uno se pregunta el porqué, y creo que seguiré hablando de Campanella para graficarme mejor las posibles respuestas a mi pregunta, aunque aclaro que lo siguiente que exprese no será más que una hipótesis que pergeño en mi cabeza con tal de dar con la o las respuestas.

Veamos: Campanella supo ser bastante crítico con el kirchnerismo, a pesar que durante esa época se ve la mayor producción de cine argentino de la historia, producción que aminoró de forma notoria con este gobierno al que Campanella adhiere. Esto significa que hubo más subvenciones por parte del INCAA, que repartió más subsidios. Pienso que el problema radica en la repartija. No faltaron ni faltarán los diarios que digan que es un desperdicio tirar dinero en películas que ni se ven, y tal vez Campanella les dé la razón, pero nadie comenta que el problema tiene que ver con la distribución y con el escaso margen de exhibición que tienen estas cintas en comparación con las que exhibe el mainstream. Que no sean vistas no significa que sean malas. Pero ahí está el punto: el no haber sido vistas no significa que no puedan ser iguales o mejores a una de Campanella (podría usar otro nombre como ejemplo, pero no quiero confundirme). Y sería muy duro para un director que ganó tantos premios darse con que una película filmada con menos presupuesto, sin actores de renombre, y casi sin patrocinadores sea muy buena y capaz de competir por los mismos premios si es que los premios no estuvieran tan politizados. Siempre siguiendo una suposición: es probable que el nombrado, y renombrado, director no se acerque a tan viles sentimientos. Pero si mi suposición fuera cierta nos encontraríamos con el miedo de ver reflejada la propia mediocridad, porque al darle más oportunidades a más directores, se podría ver que varios de ellos podrían hacer un producto mejor que uno tan comercializado. Entonces, y siguiendo esta imaginaria hipótesis: un hombre que pergeña alguna de sus obras con una moraleja, con un mensaje que tiende a encaminar la humanidad (si es que no es sólo una estratagema para sentirse superior a los demás), ¿cómo es que adhiere a un modelo que se basa en todo lo contrario, que fomenta la meritocracia eligiendo a dedo, que hace loas de la competitividad, justamente eliminándola? Porque, claro, ¿para qué fomentar nuevos directores, si se pueden usar esos mismos recursos en la nueva película de un director que ya fue premiado y que además lleva gente a las salas?

Vuelvo a aclarar: no digo que así piense Campanella; digo que no estoy seguro. Pero que este ejemplo me lleva a otros que puede que funcionen de la misma manera, y no es más que otro intento por acercarme o aventurarme a comprender una conducta que parece estar generalizada en la clase media. Salgámonos del cine y metámonos en la televisión. ¿Cuántos actores que le vendieron su alma a Pol-Ka podrían estar resentidos con otros actores que no trabajaban hace mucho y tuvieron su pequeño lugar en la televisión pública, y encima con series de calidad? ¿O cómicos? ¿O cuántos periodistas, con su nicho asegurado, no apoyaban la Ley de Medios (después discutiremos si su implementación fue acertada o no) porque les quitaba pauta a ellos? ¿Y qué pasaba con estos periodistas cuando se mostraba que podía haber una perspectiva diferente a la de ellos, o que había un periodismo que sí chequeaba o investigaba? Por eso el encarnizamiento con 678; no era tanto por su oficialismo durante el kirchnerismo, sino porque, desde un pequeño reducto, desde una trincherita, como decían los integrantes de este ahora censurado programa, les enrostraba a los periodistas y lobistas enquistados en los medios su sumisa mediocridad. Debo reconocer, y en defensa de Campanella, que no me parece un mal director; es bueno. Aunque para mí es bastante normalito, pero esto no es más que una apreciación subjetiva. No así los periodistas enquistados, que sí me parecen bastante malos.

Y siguiendo esta hipótesis, creo que esto se puede trasladar a todos los rubros, a los médicos, a los ingenieros, a los arquitectos, a la clase media en general, que está tan satisfecha del lugarcito que logró (rompiéndose el culo laburando o por mediación divina), que se vuelve loca sólo de pensar que otros partan con sus mismas ventajas, porque saben que su lugarcito peligra, que si todos tienen que recorrer cien metros puede que haya muchos más rápidos, o ser más hábiles ante la misma cantidad de vallas. ¡Vamos: que nadie quiere que un “negrito” olor a mandarina haga mejores asados en la casa de al lado! ¡Como si un grasa que toma mate pudiera ser cirujano! ¡A ver si las investigaciones de un novato periodista pueden tener la difusión que tienen las boludeces viscerales y poco cerebrales del que se rompió el orto (o se lo dejó romper, obediencia debida) para estar donde está! No faltará entre esta gente el que diga que oportunidades tienen todos, sólo que hay algunos que no quieren laburar y se gastan los planes en cerveza, y ahí nomás mentará el ejemplo de tal o cual que salió de la villa y ahora, míralo, llegó a ser gobernador, u otras fábulas que alimentan el mito del sueño americano; “Lo que pasa es que no quieren”.

Esa es la lógica del desmantelamiento de la educación pública. Eso es lo que se haya incrustado en la frase: “Vienen de Bolivia, de Perú, de Paraguay a hacer uso de nuestras universidades”. Lo mismo se dice de los hospitales, de la sanidad. Porque les jode que todos puedan tener los mismos derechos, porque lo que buscan detrás de un derecho es la sensación de exclusividad y de prestigio que está dentro o detrás de ese derecho. Es como con el fútbol: todos tenían derecho a verlo, pero muchos ahora piensan que si no podés pagarlo, es justo que te quedés sin el clásico; y si no podés pagar la facultad, es justo que seas y mueras zapatero, como bien lo hizo tu padre; y si no podés pagar los remedios, es justo que mueras y punto. Se llenan la boca y los bolsillos hablando de competitividad e intentan eliminarla a toda costa. Hablan de meritocracia y el único mérito es que sus padres hayan podido pagar sus estudios.

No me quiero desviar mucho del tema. Vuelvo a aclarar: el uso de Campanella tenía un fin, para mí, clarificador y ejemplificador de conductas de gente que no nombro y que no me vale la pena nombrarlos, que le temen al otro, y no porque este otro los vaya a empalar con un micrófono de radio, sino porque este otro, con iguales o parecidas condiciones, funciona como un espejo que los evidencia, que les refleja que no son “gente como uno” sino gente, como todos, y que les muestra su mediocridad.

 

“La mediocridad es uno de los méritos más celebrados” Mario Levrero

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Paren la mano

agosto 26, 2017 at 2:40 am (Diarios de Motoneta (el Chango Vergara))

Si bien un primer impulso me lleva, nos lleva, en el caso que alguien comparta esta reflexión, a aseverar que la derecha es torpe, casi nada sutil, que no tiene más herramientas que la fuerza bruta y una meta, que pareciera no tener propósitos sino que se mueve sólo por inercia, que persigue la cima por un camino estrecho de cornisa a paso decidido y sin mirar a los costados, sin sacarse las anteojeras por temor a la profundidad, si bien estoy tentado en declarar la torpeza de la derecha, un chispazo de precaución me detiene y hace que me pregunte si esa impericia, si esa necedad no es acaso simulada, y esconde un propósito velado, si no es un método, una estrategia similar a la que usaba el teniente Columbo, aquel personaje interpretado por Peter Falk, que se hacía el boludo durante casi todo el capítulo de la serie para terminar descubriendo al culpable del crimen.

Que los representantes del conservadurismo se hacen los boludos y que son portadores de una torpeza axiomática no es ninguna novedad, pero no les importa, porque papi los defiende y los salva de sus cagadas. Y llamemos papi a cualquier aparato o entidad funcional a eso, sean los medios de comunicación, sea la justicia, sean las fuerzas de seguridad, sean los lobistas, sean los que sean. Pero resulta muy costoso ser el papi de estos personajes (estos hijos de) que cada vez que abren la boca hay que meterlos en un contexto y ver de qué forma se inventa una realidad paralela como para que sus dichos puedan llegar a tener algún sentido. Basta escuchar cualquiera de las expresiones de Bullrich, con su pibe preso diario, con su gerencia en recursos humanos, con sus trabajadores que deben acostumbrarse a vivir en la incertidumbre y disfrutarla; la lista es inacabable, pero en la última campaña tuvo que salir la Vidal, con su mejor carita de “si ustedes saben que yo no fui”, de “por ahí no que me duele”, y cargar los muertos del candidato a senador. Ella, que anhela cambiar “futuro por pasado” y que sobreactúa más que Isabel Sarli, pero que carece de sus atributos, ella cuyos discursos parecen escritos por el dialoguista de Verónica Castro. ¿O qué decir de otra Bullrich? Que le dicen Pato menos por su patronímico que por su costumbre de mandarse una cagada con cada paso, y cuyo último ridículo (ya no el de desconocer las provincias de el país que la puso de ministra) fue sincerarse: “Se quieren plantear bandos. El bando de los que quieren encontrar a Maldonado y el bando de los que no queremos encontrar a Maldonado. Es vergonzoso. (En vez de buscar a Santiago lo cubren de barro. Ahora resulta que es “subversivo” o miembro de las FARC… Y a Nisman lo mató un comando venezolano-iraní entrenado en Cuba.) Y mientras algunos se van de boca, el presidente calla en su declaración jurada dos terrenos por valor de 900 millones, justamente él, que cada vez que la abre pone a todo el multimedio y el poder judicial culo para arriba para intentar taparle sus desaciertos. Y mientras, un tipo al que se le quemaron todos los papeles, como los bosques, sin saber cómo reaccionar, se disfraza de planta, supongo que para demostrar el estado vegetativo en el que duerme su gestión. También fue una vergüenza el conteo de las últimas PASO, y el paripé que hicieron para los medios, dándose como ganadores, a la vez que suspendían, con una maniobra algo escandalosa, a un juez que no es muy funcional a las políticas macristas, o como mejor lo expresara nuestro ilustrado presidente: los jueces tienen que saber que queremos saber la verdad o vamos a buscar otros jueces que nos representen“.

Es difícil ver en otros lados tanto tesón, tanta vocación de negar lo que es evidente; de enrostrarle al pueblo, incluso a los que los votaron, la ignorancia supina, la ineptitud atómica y la prepotencia acorde con las que gestionan. Se puede ver en Cambiemos, en el Partido Popular de España, en los republicanos de Trump (este caso es quizá diferente porque es un bravucón con juguetes harto peligrosos), y algunos casos más. Pero la derecha, además, es mal educada y caprichosa. El caso de estos hijos de me hace acordar a la película Perfume de mujer; todos estos nefastos personajes de la historia se encarnan en el de Philip Seymour Hoffman, el de alcahuete protegido.

Esta derecha, que de democrática no tiene absolutamente nada, aunque así lo quiera hacer creer José Natanson, se comporta como una elefanta encabronada y desesperada que busca a su hijo en un bazar. Y si alguien testimonia el daño que el paquidermo causó, porque oyó los ruidos y además lo vio, es embestido. Y si alguien le pregunta sobre los hechos al embrutecido mamífero, él responderá que no sabe nada, que esa la debe, que cuando llegó ya estaba todo roto, pero que justo vio salir de dentro del bazar a una hormiguita que no quiso bajarse la bombachita. Y ahí, inmediatamente, aparecerán los guardaespaldas de la elefanta, que le iniciarán una causa a la hormiguita por semejante estrago, y por no querer cooperar con la justicia bajándose la bombachita para una objetiva requisa. De ahí concluirán y difundirán que el himenóptero no actuaba sólo sino que era respaldado por otras hormigas negras (y harán hincapié en el color de los insectos) que se sentían representadas por esa reina. Y ¡claro!, habrá un montón de gusanos, amigos de la represión y de las langostas, dispuestos a creer esa farsa, porque es sabido el odio que les tienen a las hormigas. Y más si son negras.

Pero ¿y si su idiotez, si su inutilidad no fueran sinceras? ¿Si de verdad actuaran de esa manera tan torpe, tan soez para ocultar su verdadero propósito; el de enajenar de tal manera a la sociedad, de hacerle evidente la tomadura de pelo, la burla, para buscar y lograr una reacción ciudadana que permita la intervención de Estados Unidos en la zona… (como lo busca la oposición venezolana, como lo busca Temer con su reforma laboral) para que papi esté más cerca, y pueda hacerse cargo de las cagadas de estos hijos de?

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Ni olvido ni perdón

mayo 11, 2017 at 11:38 pm (Diarios de Motoneta (el Chango Vergara))

“La memoria despierta para herir
a los pueblos dormidos
que no la dejan vivir
libre como el viento”

León Gieco

Yo me pregunto: cuando este tipo dijo que se proponía convertir a Argentina en el supermercado del mundo, ¿en qué pensaba el 51% que lo votó? Estaba clarito en el enunciado: trabajaríamos para que el resto del mundo gozara de nuestros productos y nuestro servicio, y romperíamos con un mercado para nosotros mismos, para nuestro autoabastecimiento. Seguramente pensaban en pajaritos y en que serían parte de ese mundo. Y tal vez algunos lo sigan pensando. Los mismos que pensaron alguna vez que ser el granero del mundo era una alabanza y un reconocimiento global hacia el buen hacer argentino. ¡¡Maradó, Maradó!!

Para esos a los que les gusta pasear entre góndolas, aunque después no compren nada y se vuelvan a sus casas con las manos vacías luego de hacer una reverencia educada y cómplice a los que hacían las cajas, les cuento que el súper, además de haber hipotecado nuestros bienes y recursos naturales, tiene una nueva oferta: el 2×1, el que permite a los violadores, torturadores y genocidas salir en libertad. El CEO principal del supermercado tardó una semana en pronunciarse sobre esta medida. Todos sabemos que la rapidez en una respuesta no es su fuerte, si es que llega a esbozar una. También sabemos que el resultado de las encuestas tardaba en llegar, de ahí la demora. Sin embargo, esta resolución de la Corte Suprema les sirve a los esbirros del presidente para decir que, nos guste o no, una verdadera República funciona gracias a la separación de sus tres poderes. Olvidan decir, por supuesto, ¡qué cabecitas las suyas!, que dos de los tres jueces que votaron a favor del 2×1 para los genocidas habían llegado a la corte por decreto y luego aprobados en el Congreso por senadores y diputados que entienden que en épocas de transición conviene acomodarse para caer siempre parados… o sentados en un sillón que se niegan a abandonar; tal parece ser, también, el motivo del tercer juez (jueza, en este caso) que votó a favor del 2×1.

presos cuidadosEl relato de la división de poderes le viene bastante bien a los que se pasean por las góndolas admirando y deseando tanto producto internacional, creyendo ser parte de un mundo que nos da la espalda por cagarnos, y en esto es en lo que más nos acercamos a esos países que tanto admiran, en las leyes internacionales, y en lo único que quizá hacía que nos admiraran en el resto del mundo: nuestro acercamiento a la Verdad, a la Justicia, a la Memoria, ese contrato social que nos obligaba a combatir el olvido. Sin embargo, ahí están los paseanderos, los gondoleros, obnubilados con cuanto envase brillante se les presente, sin escuchar que por el altavoz, el CEO del supermercado (que se cree el dueño) repita que hay que acabar con el “curro de los Derechos Humanos”, y que cualquiera de sus cajeros, cada vez que agarran el micrófono, ningunee la cantidad de desaparecidos, aproveche para reinstalar la mentira de los dos demonios, la guerra sucia, y el “algo habrán hecho”. En su cinismo, su ignorancia, su cobardía y su prepotencia son capaces de mal citar a Osvaldo Soriano y proclamar a viva voz: “No habrá más penas, sí olvidos”.

Recién después de la marcha en contra del 2×1 salió Macri a desmarcarse de la decisión de la corte suprema. Alguno de los suyos había salido antes luego de examinar la reacción de las redes sociales y los resultados de las encuestas, pero ahí se ve claramente una de las principales estrategias de este gobierno (¿?): el despegarse rápidamente de algo cuando es muy fuerte la parte de la población que se halla en contra, y la de no hacerse cargo de ninguna de sus cagadas y culpar al otro. La táctica de la prueba y el error; la táctica de la prueba y el terror. Un Estado del Terror; un Estado del Error.

Pero nosotros como ciudadanos no podemos permitirnos otro error, ni mucho menos el terror. Sólo debemos saber de dónde vienen los Macri, tal vez el apellido con menos linaje de este gobierno, y cómo se enriquecieron durante la dictadura cívico-militar; saber de dónde vienen los Peña Braun y los Menéndez y qué fue lo que dejaron en la Patagonia más allá del exterminio; de dónde los Pinedo (un historial largo pero que en sus orígenes está la entrega de las Malvinas por uno de sus antepasados), los Rodríguez Larreta, los Bullrich, nombres que aparecen a lo largo de la historia argentina sin más objetivos que apropiarse de ella… de la historia y de la Argentina.

Y después está la Iglesia, que se rasga las sotanas ante el aborto y promueve cartelitos con un feto que rezan: “tengo algunas semanas; quiero vivir”, pero después propicia este tipo de leyes y habla de una reconciliación, siendo que ninguno de los criminales se arrepiente, con lo significativo que es el arrepentimiento para la Iglesia (no así para los criminales que la componen).

Y mientras nosotros nos ocupamos de estos temas que agreden y humillan a la humanidad entera y salimos a la calle, ellos siguen hipotecándonos o robándonos. Como si lo hicieran a propósito, como si nos ofendieran de tal modo que ocuparan nuestras fuerzas y nuestra humanidad en algo que no son sus negocios, aunque estos también son sus negocios, y son deudas que deben abonarle a los militares de antaño.

Octubre está más cerca de lo que parece. Se puede ser cómplice o se puede ser necio. Pero ¿qué tan necio se puede ser?

Que no haya más penas ni olvidos.

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Depende (quincuagésimo intento por comprender a una fracción de la población argentina)

marzo 30, 2017 at 7:26 pm (Diarios de Motoneta (el Chango Vergara))

Depende… ¿De qué depende? Jarabe de Palo

Tenemos lo que nos merecemos, es cierto, pero ¿qué hicimos para merecer esto? La primera respuesta que se me pasa por la cabeza es haber duplicado la clase media durante los gobiernos del kirchnerismo. Esta aseveración no es gratuita ni para nada partidista, puesto que son datos del Banco Mundial, organismo, por cierto, reacio a las formas de gobierno de dicho periodo. La clase media suele morder la mano que le da de comer y lamer la bota que la saca a patadas de bajo de la mesa, como decía, más o menos, Hoffer. Creo que fue Jauretche el que advirtió sobre este comportamiento, que cuando está bien (la clase media) vota mal, y cuando está mal, vota bien. Y puesto que la clase media no sabe votar, este gobierno de Cambiemos hace muy bien en reducirla, y hasta ahora parece ser lo más afín que intentó para que la democracia funcione.

En segundo lugar se me pasó el recuerdo de una frase que oí repetidas veces en distintos personajes y diferentes escenarios. No la citaré textual, porque tiene algunos matices, pero termina diciendo que se está mejor dependiendo de un salario, por más ínfimo que sea, que tomar las armas contra un piélago de calamidades y hacerles frente; que es más seguro una miseria mensual que la incertidumbre de un emprendimiento propio. Nunca vi tanta gente animándose a esa incertidumbre como en la década pasada. De pronto se abrían negocios donde antes no había nada… y funcionaban. Pero menos mal que este gobierno nos vuelve a liberar de la incertidumbre y la oscuridad haciendo que esos emprendimientos se fundan y cierren, y sus dueños vuelvan a aceptar un trabajo mal pagado para enfrentar sus deudas y las necesidades de su familia; es mejor así: es más seguro.

Venimos preparados para la dependencia; y si nos cortan el cordón umbilical, nos aferramos con fruición a una teta, porque nos negamos de entrada a valernos por nosotros mismos. Siempre es más fácil culpar a una teta por nuestra malnutrición que hacernos cargo de la propia ineptitud; la culpa es del otro.

Resulta simple, entonces, entender por qué nos representa un tipo que, por cómo se expresa, parece que habla con el chupete puesto; que no alcanza a escapar de su cunita de oro; que no le importó romper todos los juguetes que le daban porque papá ya compraría más, y lo mismo hace con las empresas (que hasta tuvieron que llenarlo de empresas ficticias y fantasmas para que no arruinara las verdaderas). En cierta manera, también acepta que vivir de un salario es más seguro que tomar riesgos (aunque es un salario bastante menos miserable que el de cualquier otro pelandrún), porque, al menos yo, no veo que tome ninguna decisión por cuenta propia, aunque le hagan creer eso. Este tipo es el colmo de la dependencia, y por eso representa a esa clase media que lo votó, aunque su fin último (o el de otros a través de él) sea eliminarla.

De lo particular a lo universal: los que lo rodean son igual de dependientes que él, están igual de subordinados, y por eso saben que si se mandan alguna cagada vendrá Papá Fuerzas de Seguridad a velar por sus bienes; o Papá Medios Monopólicos de Comunicación a ocultar sus fechorías mientras echa culpas y señala con el dedo al vecino de enfrente.

De lo particular a lo universal: esta gente que nos gobierna pertenece a la oligarquía nacional, pero se comporta como clase media universal, y va a esconderse, con la cola entre las patas, bajo de la mesa global a ver si caen algunas migajas antes de que les den un boleo en el orto con las botas recién lustradas. Y porque tienen la absurda idea de que Papá EEUU o Papá Europa o Papá FMI o Papá BM los va a proteger si sacan a pasear el perro. Y ahí andan ahora, gastando una millonada de plata en armamentos que no necesitamos, porque como argentinos y civilizados nos veníamos declarando pacíficos, excepto por ese fatídico episodio de querer recuperar unas islas que son nuestras. Pero la compra de este material bélico por supuesto que no tiene que ver con esto, porque este gobierno ya salió a recibir a los ingleses moviendo la cola y enseñándoles dónde enterró el hueso; incluso ya borró las islas de los mapas de Argentina. Buen perro, buen perro. Según ellos es para combatir el terrorismo, pero sus cerebritos de escuela privada no alcanzan a dilucidar que es todo lo contrario, que ese armamento no sólo es inútil a la hora de combatir el terrorismo sino que funciona como un imán para atraerlo, porque son los terroristas más grandes del mundo quienes nos lo venden. Qué importa si son armamentos viejos y que nos los venden porque ya no sirven, y porque no saben dónde metérselo (igual que con el sobrante de tecnología), total es plata del Estado y eso es mejor que seguir alimentando ñoquis y que los negros estudien, si total los pobres tienen que caer en la educación pública, donde nadie ha hecho nunca contactos con gente importante, con gente como uno. A saber lo que nos ha costado hacer que nuestro malcriado pequeñín saliera haciendo el paripé con dos realezas europeas que sí saben lo que es un verdadero paripé.

Tienen pavor a todo lo que huela a autonomía, le escapan como a un diario enrollado o a una alpargata. Porque la autonomía los hace responsables. Por eso tienen un plan sistemático para reventar todo lo que nos acerque a ser un país soberano. Por eso repudian y reprochan al gobierno anterior, por eso ansían tan vehementemente la revancha. Por eso anhelan que revienten las industrias; para ser niños buenos exportadores de trigo, para que papá nos dé el pan duro que le sobra. Por eso le retiran fondos a la ciencia, para que papá nos haga progresar. Por eso desvalijan lo destinado a la educación pública, para que papá nos eduque, nos aleccione. Por eso saquean la salud pública, para que nos cure papá. Y les jode horrores que haya gente que tenga logros sin la ayuda de papá. Por eso necesitan dependientes que les lustren sus zapatos así ellos dedican la totalidad de su tiempo en lustrar zapatos más grandes; porque esos pequeños lamedores los hacen grandes.

Se estuvo hablando mucho del Indio Solari en estos días. No hablaré sobre lo trágico del recital en Olavarría, pero sí de por qué el Indio les molesta a esta gente (como les molesta cualquier artista con preocupación social que haya tenido el tupé de ganar plata trabajando); les jode que no haya tranzado. Lo primero que hicieron los medios de comunicación fue mostrar la casa donde vivía, como tratando de hacer ver que el Indio no puede representar a toda esa jungla de gentezuela capaz de atravesar un país para verlo. Les jode que haya llegado hasta allí sin un papi protector. Les jode que sea un apólogo de la autonomía (y por eso no les costó meterlo en la bolsa kirchnerista). Les jode que su pedido haya sido que nos cuidemos entre nosotros, porque esos papis, los que aseguran cuidarnos, no son nuestros pues somos huérfanos. De eso hablaba Cristina cuando en su último discurso como presidenta dijo que nos legó el empoderamiento popular. Les jode que existan otros sectores que, cansados de ser globo-dependientes, se organicen en busca de una independencia negada desde el principio (aunque esta gente la niegue desde sus “principios”).

Existe un sector de la clase media que todavía se siente representado. Es el sector que repite la cantilena de haberse roto el culo para llegar hasta donde llegó. Es el sector que no tolera ver que otro, el de al lado, que seguramente estudió en una institución pública, haya obtenido logros parecidos con el culo intacto. Es el sector que entiende que su aporte democrático y republicano es ir a votar cada tanto, para que otro (mejor si es empresario, porque si ellos supieron hacer guita la van a saber hacer con el país… además que no van a robar) los salve… como cuando apuestan a la creencia de un ser superior: para que los salve. Como creyentes no se conforman con haber recibido la existencia, sino que exigen que esa existencia sea como ellos desean que fuese pero sin hacer mucho esfuerzo. No. Ya tenemos la existencia. Ahora salvémonos nosotros.

Lo extraño es que, si es un sector que tanto ansía la dependencia, y aquí está la paradoja, debería también anhelar un Estado más presente, aunque no se dé cuenta todavía que es tan parte del Estado como lo es cualquier otro.

Macri-Gato

(N del E: si bien la analogía con los cánidos sirvió para ilustrar o explicar esta opinión, todos sabemos que MM es gato)

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Un cacho de bananas (Otro intento por entender a una fracción de la población argentina)

noviembre 4, 2016 at 4:39 pm (Diarios de Motoneta (el Chango Vergara))

dictador“Nunca entendí los temas de soberanía en un país tan grande como el nuestro. Nosotros no tenemos un problema de espacio como tienen los israelíes.” M. Macri


No es que a una gran parte de la población le molestaran las cadenas nacionales en sí del anterior gobierno, de la expresidente, sino que a esta porción de la población le fastidiaba que en ellas se hablara de política, que se explicaran las acciones del gobierno, y para más inri, que lo hiciera una mujer. Y no es que esta gente fuera incapaz de entender, sino que ponía (y lo sigue haciendo) un especial empeño por no querer hacerlo. Tal vez hubiera sido diferente si Cristina hubiera utilizado las cadenas para hablar de sus hijos, de cómo se torció el tobillo yendo de compras, o qué es lo que usa su peluquero para dejarle el cabello así de sedoso. Tal vez hubiera llegado a todo aquel y aquella que estaban hartos de la política y de todo lo que implicara un compromiso con sus compatriotas que no fuera emborracharse y abrazarse cuando gana alguna selección. Los mensajes eran demasiado rebuscados y complejos para alguien que venía de ver una novela, a Tinelli, a la Mirtha Legrand o a Nelson Castro.

Esa es la parte de la población (en su mayoría: no nos olvidemos de esa minoría poderosa que tenía intereses verdaderos en que no continuara gobernando Cristina, ni ninguno de los del proyecto; y eran intereses económicos no viscerales), es la que optó por un cambio: el de liberarse de la política. Por eso compró y creyó un discurso fatuo, vacío o lleno de naderías. Sturzenegger explicaba eso, que era lo que le había recomendado Durán Barba, en una universidad de Estados Unidos: no proponer, no explicar nada, no atacar, hablar de cosas personales (no me acuerdo bien sus palabras). Y así fue todo el discurso de campaña de la coalición Cambiemos. Ningún proyecto, ninguna propuesta, sólo las promesas irrisorias de pobreza cero, de acabar con el narcotráfico y la inseguridad, y de terminar con la grieta. Porque con amor y juntos y unidos y alegres cantando y bailando esas metas se podían conseguir. El discurso de la futilidad. Y cada vez que alguno de sus candidatos hablaba de una propuesta de gobierno concreta, como que iban a devaluar, o de volver a privatizar la aerolínea de bandera o la televisación del fútbol, o de que las Islas Malvinas “serían un déficit adicional para el país”, ahí nomás los reconducían y volvían a hablar del amor, la alegría, de la unidad para acabar con nuestras discrepancias y cerrar por fin la grieta. Es un discurso que es ofensivo para cualquiera que se haya tomado la molestia y se haya detenido al menos tres minutos para reflexionar lo que le estaban diciendo. Pero para una porción importante de la población no había tiempo que perder porque en dos minutos empezaba Bailando por un sueño o Los ricos no piden permiso.

La felicidad flota en la superficie; entonces ¿para qué profundizar?. Flota en el aire como un ser leve, como un globo amarillo. Es el discurso, y su representación, de la banalidad… y también de la bananalidad (sí, invento un vocablo): porque esto es ser una nación y una población bananera, aunque los conservadores intenten utilizar el término en países que intentan recuperar su soberanía y con gobiernos que a los conservadores les gusta llamar “populistas”. La proyección es el mecanismo de defensa preferido por la derecha (aunque tampoco tenga inconvenientes en llevar todos los otros mecanismos defensivos –negación, regresión, represión, racionalización, formación reactiva, compensación, etcétera– hasta la patología). Y no duda en trasladar todas sus miserias a otros tipos de gobierno: entonces son corruptos, autoritarios, totalitarios y bananeros, pero una vez en el poder son la encarnación de la honestidad, la democracia, el diálogo y el progreso.

¿Pero qué más bananero que nuestras políticas estén determinadas por empresas extranjeras? ¿Qué más bananero que el servilismo ciego a intereses de afuera?

blablaUna vez en el poder, Cambiemos introdujo algunas variantes, más bien sumó algunas cosas que luego repitieron cada vez que hablaba cualquiera de sus representantes: se habló (se sigue hablando) de la corrupción, de que ya van a llegar las inversiones extranjeras, de la “pesada herencia”, de obtener la felicidad por ley, de la corrupción del gobierno anterior, de que esa respuesta te la deben, de la “pesada herencia”, del segundo semestre, de sinceramiento, de no andar pata pila por la casa, del compromiso, juntos, de que van por el camino correcto, de la “pesada herencia”, del tercer semestre, de sinceramiento, de la luz en un túnel, del amor, de la corrupción, de la grasa militante y de la falta de idoneidad de las personas del interior, las que no son de Capital Federal, de que vamos bien, de la “pesada herencia”, de la desazón que habrán sentido los próceres argentinos al independizarse de España, de sinceramiento, de Antonia, de que el empresariado no progresa porque el trabajador pone palos en la rueda, de la “pesada herencia”… Y una porción de la población que no se toma los tres minutos de rigor para ver que le están tomando el pelo, que mientras se entera de las picardías de Antonia nos endeudaron en menos de un año en más de 50.000 millones de dólares (récord histórico); que mientras trata de entender un chiste de su presidente, perdió infinidad de derechos y poder adquisitivo. Ni hablar de la suba de los servicios para favorecer a la multinacional donde trabaja el Ministro de Energía, o a las multinacionales a las que sirven otros ministros; que mientras ve cómo queda el florero de la Primera Dama y lo bien que hace juego, deja pasar el crecimiento de asentamientos ilegales y la baja en el consumo, con la consiguiente destrucción del mercado interno; que mientras critica la poca elegancia de los bolsos de López, hace oídos sordos a los casi 100 millones de pesos con que financiaron la campaña del PRO (y las devoluciones y recompensas que ahora reciben esas empresas por su confianza y generosidad), y los millones comprobados que el benemérito fugó al exterior; que mientras espera recibirse de geóloga gracias a la transmisión de excavaciones en tierras de Báez, es indiferente a la extracción minera (ahora sin retenciones) y a la baja en el presupuesto en ciencia y educación. Tampoco se entera, por supuesto, que en menos de un año el gobierno de Macri entregó más obras públicas a su primo y socio Calcaterra, que las que se entregaron en doce años a Báez (que también es socio de Calcaterra); que mientras piensa que Stolbizer al tener la mirada de Clint Eastwood es igual de justiciera )como su gurú la Carrió), con esa misma mirada de miope no ve que se están cargando la democracia a fuerza de palos en cualquier manifestación, queriendo implementar el sistema de voto electrónico y queriendo proscribir a una de las pocas, si no la única, dirigente que entiende algo de política; y así mucho más. De los proyectos de gobierno, de las cosas que en campaña prometió y no cumplió ninguna, para qué vamos a hablar.

Esa porción de la población está (por ahora) tranquila con un gobierno de tapa de revista Gente, de Almorzando con Mirtha Legrand, de portada de Hola!. Y tan deslumbrada está con el glamour que no huele su condición de fiambre del medio; y aunque intente creer y convencerse que es jamón de Pata Negra, para sus dirigentes, los que eligió con el intestino para no forzar el cerebro en plan de usarlo algún día, no es siquiera paleta sanguchera, salchichón primavera, queso de cerdo. Esa porción se convence que con productos de tamaña calidad vamos a convertirnos en el supermercado del mundo, como si eso fuera bueno. Esa porción de la población ve con buenos ojos que la esposa del presidente se comporte juiciosa y sumisa, como corresponde a una dama, y más si es la Primera (y por eso está bien que se brinden cursos de maquillaje a mujeres vulnerables –aunque eso costara la eliminación de los planes de salud bucal-; porque hay que estar bien por si nos ven desde fuera; pero eso sí, con la boquita bien cerrada). minion-bananeroEsa porción ve con buenos ojos que el presidente conceda soberanía ante los poderosos, porque por algo ellos son lo que son y llegaron a estar donde están: y culturalmente lustramos el zapato para cuando nos de la patada nos deje el culo brillante, que tan bien visto está en Francia.

Las decisiones de esta Nación se toman en los márgenes de la desembocadura del Río de la Plata, y así de plataneros somos.

Sin embargo, para esta gente (que prefiere ser más porción que población, porque es más homogéneo y menos sudoroso) la bananera sigue siendo Venezuela. Comparto con esta porción (no lo hice en su momento, pero sí lo hago ahora) una intención, un anhelo de cambio. Volvamos a cambiar. Sería interesante, y también sería lógico que si esta porción no entiende o simplemente no le interesa la política, sería lógico, digo, que deje el país en manos de gente que sí le interese o al menos entienda algo de política.

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