Un servicio a la inteligencia

julio 7, 2019 at 3:25 am (Diarios de Motoneta (el Chango Vergara))

“A ver los peronistas del fondo, ¿por qué no cuentan qué les parece tan gracioso así nos reímos todos?” Gabriela Michetti

No me he alejado de este blog por flojedad y apatía ni por una vindicación monetaria, sino porque comenzaron a circular rumores de que mi amigo, y ahora actual e interino Director de este blog, era parte de algún Servicio. Al principio me costó asimilar la idea, no tanto por una supuesta intachabilidad moral de Irtzuberea sino por la figura asociada a los servicios de inteligencia que cualquiera arrastra por algunas películas o novelas; se suponía que los espías debían tener algunas características especiales como para que pudieran pertenecer a un servicio de “inteligencia”. Sin embargo, y visto lo que viene sucediendo en Argentina, se ve claramente que agudeza e ingenio no son requisitos básicos para entrar. A menos que todos esos que vemos sean de la escuela de investigaciones del teniente Columbo: que en su afán de hacerse los despistados, vienen derrapando y mordiendo la banquina hace rato. El Vasquito me dijo que no me preocupara, que si bien su trabajo estaba teniendo algunos tintes de un Servicio, no explicitados en el contrato inicial,, que los de este blog podíamos quedarnos bien tranquilos, dado que el alcance del mismo y las ideas de su personal difícilmente justificaran un vigilante, una bala y ni siquiera un expediente.

Y aquí me veo otra vez en un intento más por comprender la situación de un país cuyo futuro se ve menos claro que una explicación de Gabriela Michetti. Pero no voy a ahondar en situaciones que ya cualquiera sabe, aunque se las vean canutas para tratar de ocultarlas, con la complicidad de Medios Martirios de Comunicación capaces de defender lo indefendible o desviar hasta lo indefinible, con fiscales declarados “en rebeldía”, con aprietes judiciales, tanto de jueces hacia empresarios, como de gobernantes hacia jueces que no siguen sus premisas, con un Estado de derecho que pende de un hilo, con una Oficina Anticorrupción que sólo investiga a los opositores por más que pesen más causas y con más pruebas entre los oficialistas, y cuya titular (puesta por decreto, ya que hasta ahora no se le conoce ningún mérito) debe haber sido, junto a la Ministra de Seguridad, de los mejores promedios en la Escuela Teniente Columbo por sus capacidades de hacerse las boludas. Y junto a éstas, y acompañando sus aventuras, la Lilita y la Margarita; todas denunciadoras seriales, todas grandes defensoras de la “moral, Dios, la patria y la república”, siempre y cuando se trate de opositores, y con más razón si el opositor es mujer y ex presidente; pareciera que más las mueve una envidia visceral hacia su congénere que los mandatos de la mismísima embajada de Estados Unidos. Y acá también se ve cómo la inteligencia es una virtud completamente prescindible a la hora de ocupar un cargo de responsabilidad; se puede ser, incluso, presidente. Y si bien me estoy refiriendo al nuestro, que exhibe su impudicia con total procacidad, porque le hicieron creer que “no es visible para una persona de bajo nacimiento”, está visto que hay varios “Reyes desnudos”, por éste y otros continentes.

La pregunta es: ¿por qué negamos la evidencia? ¿Por qué preferimos sumarnos de forma agrupada y colectiva a creer una mentira aunque se vean los hilos (aunque no en el caso de los “nuevos trajes del emperador”)? ¿Por qué, aunque sea obvio, preferimos acomodarnos en la ignorancia, el desconocimiento y la vista gorda sólo porque lo proclama alguien a quien legitimamos únicamente por su situación de poder, ya que no podríamos certificar ninguna otra característica de valor? ¿Por qué insistimos en naturalizar cuando nos vulneran derechos? Esta gente lleva años lucrando con fake news, ganaron una elección diciendo que a Nisman lo mataron, y cada vez que pueden vuelven a sacar el muerto del ropero; cuando se les antojó hicieron que Santiago Maldonado, ya muerto, ya desaparecido, anduviera paseando por todo el país. Y en los dos casos, la Gendarmería lleva la voz cantante. Y en ambos casos, los argumentos parecen sacados de un capítulo de Benny Hill o de Mr. Bean. Sin embargo hay que ver la que se armó porque cierta ministra apareció despeinada; porque eso sí los desprestigia de cara a una campaña. No el hambre, no los cierres de las industrias y las pymes, no las muertes del gatillo fácil, no el desmantelamiento en salud, educación y derechos humanos, no la deuda contraída ni la fuga impúdica de capitales. No. El escándalo es que por las calles la gente exprese lo que le parece y le provoca el presidente o cualquiera de sus súbditos, y que eso salga en algún medio. Para ellos eso es un escrache vergonzoso, pero si sucede hacia alguien de la oposición es un simple incidente. Y ahí están, rasgándose las vestiduras porque unos jóvenes, mediante un engaño travieso, le hicieron abrir la ventanilla del auto al presidente para decir que “era bienvenido… en ningún lado”. Lo que tiene mucho de verdad, siendo que lo que dijo este presidente que iba a hacer tiene mucho de mentira.

Así con todo. En estos días hubo muertos por la ola de frío y un club de fútbol abrió sus puertas para dar cobijo a los sin techo. No podían quedarse callados. Ahí nomás salió un chimpancé camorrero a decir que todo eso era una opereta kirchnerista. Este simio es diputado, está en todos los programas de debate de televisión y no salió con dignidad de ninguno. Hablo de Fernando Iglesias, por si cabía alguna duda. Ahí nomás salió un cuasi actor a apoyarlo y a decir barbaridades del estilo. Es probable que muchos no conozcan a Juan Acosta: es un tipo cuyo mejor papel fue hacer de nabo en un lejano programa de Antonio Gasalla; y no logró salir del personaje. Lo mismo le pasó a Alfredo Casero, que concurre a la televisión a opinar de política como si estuviera en Cha Cha Cha. Sin embargo hay personas capaces de creer esto o de reafirmarlo. Pero, ¿que les molestaba? Primero y principal, les molestan los pobres; segundo: que estén visibles, que se vean. Pero además les molesta la solidaridad entre ellos. ¿Por qué? Porque la solidaridad les quita a ellos y a sus aburridas mujeres esposas la posibilidad de una foto y de salvar su apagada conciencia yvida en algún evento de caridad. Les quita la posibilidad de dar lo que les sobra, lo que no necesitan y a su vez quedar como filántropos.

¿Por qué somos capaces de tragarnos eso? ¿Por qué nos llega a resultar verosímil que los pobres que pasan hambre y frío, familias enteras, niños, abuelos, son parte de un complot contra el “buenazo y rico de Macri? ¿Hasta qué punto nos menosprecian y nos tratan de tarados que se animan a decir (y nosotros nos las comemos con papas) que los pobres muertos, por el cambio climático y por la precariedad a la que los empujó este gobierno, son parte de un comando kamikaze de La Cámpora?

El odio y el cinismo carecen de límites. Estos adalides de la meritocracia, pero de una meritocracia cimentada en la desigualdad de posibilidades, en la desventaja del punto de partida (porque de partir de un mismo punto, de una igualdad de posibilidades, tropezarían nomás salir como lo hacen sus lenguas cada vez que intentan un discurso o una oración con sujeto y predicado), estos son los que nos dicen que no nos merecemos lo que tenemos porque quisimos vivir por encima de nuestras posibilidades y nos aseguran que lo que bien nos merecemos es castigo y precariedad. Y ahí vamos cabizbajos y arrepentidos de nuestro atrevimiento, pensando que no sólo los trabajadores deben volver al lugar que les corresponde sino también los otros, las otras, les otres, las minorías, los gais, las lesbianas, los trans, los incluidos, los que jamás debieron salir de la oscuridad; “vuelve el rico a su riqueza, vuelve el pobre a su pobreza, el señor cura a sus misas y el avaro a las divisas”, como canta el poeta. Los pobres a la construcción, las pobres a la limpieza y les pobres a la prostitución.

Estos, cuyo mérito se erige en la mentira, la amenaza, la extorsión y la fuerza bruta son los que hablan de la corrupción del gobierno anterior e instalan la idea de que se robaron un PBI o que alguien revoleó unos bolsos con dinero mal habido, porque es lo único que tienen para ofrecer: un traje invisible. No tenían otra idea que la de polarizar con Cristina Kirchner, y ahora que ella bajó su candidatura, se les desdibujó todo, y como no tienen ninguna otra idea, exigen que les saquen las papas del fuego los periodistas y jueces amigos, que los unos ya no saben qué decir y los otros ya no saben a quién llamar a indagatoria, y ninguno sabe qué inventar. Y una vez entre las cuerdas hacen lo que siempre les sale: morder la oreja, cabezazos, golpes bajos. Apelan a lo más ruin, que es lo que sale cuando uno está cagado en las patas: la intolerancia, la xenofobia, el racismo, la violencia, la estigmatización. Y lo hacen porque seguramente siempre hay alguien que piensa así o que los legitima porque lo vieron almorzando con Mirtha Legrand o en el sillón de Susana Giménez o siendo esquivado y menospreciado por Trump. Porque se dirigen a ese otro producto bruto interno, al que puede ser manipulado, engañado, al que así como le introducen el gusano del odio, la mosca de la envidia, con el aval de los medios masivos de comunicación que sueltan humo pero que termina siendo veneno. Y así los terminan ahogando. Y así se muere la clase media, envenenada. Y a ellos no les importa porque hicieron de ese gusano y ese veneno su marca registrada, y esa marca los puso ahí donde están.

No tengo un cierre, no tengo un final. Tengo cierta impotencia porque empecé este escrito bien y me fui calentando. No es para menos. Muchos son culpables. Pero también habemos (y me da igual lo que opine la RAE sobre el uso de este término, porque esta misma tediosa academia hace la distinción entre un uso “culto” y otro “popular”), digo que también habemos los responsables.

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