Así no se puede (campaña electoral)

agosto 9, 2017 at 10:58 pm (Diario ínfimo (Sebastián Irtzuberea))

Tal vez suene descabellado o al menos paradójico decir que el problema de la situación mundial se debe a la falta de ambición de poder de los políticos que están o intentan estar en el ruedo. El “Sí se puede” de la campaña de Obama, luego copiado por la derecha argentina e imitado por cualquier derecha… ¿Qué es lo que se puede? Que no se sepa qué es lo que se puede hace más fácil la obediencia. Trato de explicarme mejor: si yo, personalmente, no sé lo que puedo ni lo que soy capaz de hacer, es inevitable que termine cayendo en una actitud de obediencia hacia alguien que sí sabe lo que puedo hacer y para qué soy útil. La falta de creatividad nos somete. Sigo oscureciendo, pero intentaré aclararme con el correr de las palabras.

Estamos a poco de las PASO de agosto y no veo en las candidaturas una ambición de poder sino simplemente un acomodamiento dentro del poder ya establecido. Es como si nadie se propusiera una banca en el senado en sí, sino lograr que otro no la ocupe. Unidad Ciudadana sí tiene ambición de poder (y no faltarán acá aquellos que no intentan interpretar lo leído a menos que ya haya sido filtrado y masticado por los medios grandes, y salgan a decir que esa ambición de poder es propia de totalitarios, desmesurados, esquizoides y con el Síndrome de Hubris explotándole en los poros); los demás buscan un ascenso del poder en función. Si es que es un poder en función, puesto que nuestro inefable presidente y toda su corte de cómplices no intentan un poder dentro de la estructura global, sino también un ascenso, una palmadita en la espalda o en la cola de los que ostentan el poder. No les interesa nada más que subir un peldaño más en la pirámide de las vanidades. Y la vanidad, como lo recordara Al Pacino en la película, es el pecado favorito del diablo. Entonces, ¿para qué buscar la verdad siendo periodista si la mentira puede ser mejor difundida y tener mayor alcance, tanto que alcance a comprar un departamento en Miami, o que coloque a familiares del periodista en cualquier ministerio? La oposición venezolana ¿quiere realmente el poder o sólo quiere quitárselo al chavismo, a la revolución bolivariana, para entregárselo a Estados Unidos o a las multinacionales, y así lograr un resguardo, un cobijo bajo el ala imperial?

Pero fijémonos en algunos estadistas que sí muestran una ambición de poder. Sólo por nombrar algunos y porque tal vez no hubiera más, pero qué pasa cuando resuenan los nombres de Putin, Maduro, Correa, Zelaya, Kirchner, Morales, Lula o Kim Jong-un (si queremos ponernos un poco más radicales). ¿Qué pasaba cuando sonaban los Gaddafi, Hussein, Chávez, Castro? Qué fácil es calificar a estos políticos de dictadores y locos desquiciados. Pero, ¿nos preguntamos por qué? No, para qué, a ver si todavía algo de conocimiento nos da el criterio y el poder de decidir por cuenta propia. ¿Para qué, si está visto que haciendo lo que nos mandan no nos va tan mal? Entonces ¿qué pasa cuando alguien se planta, con aciertos y/o errores, y descree del plan original, y comienza a hacerse respetar? ¿Qué pasa cuando alguien ambiciona de verdad el poder y no un reducto dentro de él? Nada, le mandan bombas, ejércitos, enfermedades, virus mortales, medios de comunicación y una oposición poco pensante pero muy actuante, que crea alianzas con cualquiera con tal de que ese alguien no gobierne.

No leí los libros de Tolkien, pero vi las adaptaciones cinematográficas de El Señor de los Anillos. Y por ahí iba la Comunidad del Anillo resguardando la joya, ante una constante amenaza de diversos personajes que no querían arrebatarle el anillo por el poder inconmensurable que otorgaba sino que querían quitárselo para poder entregárselo a su amo, a Saurón. No les interesaba el poder sino la conmiseración, la mirada, la consideración y benevolencia del patrón. Y ahí estaban los Nazgul que, según algunos entendidos, eran espectros fríos y sin rostro, sin poder físico pero que basaban su dominio en el miedo que inspiraban, cuyo hábitat era un medio entre el espectro y el humano, pero que alguna vez fueron “altos reyes”. Ahí estaba Saruman, que algún día codició el anillo pero que, aun siendo mago, se cagó en las patas y supuso que su amo sabría mejor qué hacer con el anillo que él. Ahí estaba la Boca de Saurón, que llevaba la voz de su amo a todos los mortales. Ahí estaban las huestes de orcos, esos seres universalmente descriptos, según una página de internet, como criaturas atrapadas en un odio constante hacia todo lo vivo, empezando por sí mismos, y siendo esclavos del miedo profesado hacia sus crueles amos, sin ninguna vocación artística pero con una tecnología dispuesta para la destrucción.. Y por supuesto: los trolls, creaciones dotadas de una fuerza y una violencia excepcional y escasa inteligencia.

(Un pequeño paréntesis: no faltarán aquellos siervos de Saurón que, utilizando sus mejores herramientas, promuevan la idea (la norma de conducta) que todo aquel que pretenda un anillo que no es suyo terminará como Gollum.)

Entre uno de los mejores servidores de Saurón había un nazgul denominado Rey Brujo. De él, su profecía decía: “Lejos está todavía su condena, y no caerá por mano de hombre”. La profecía terminaría de cumplirse en la batalla de los Campos del Pelennor, cuando Eowyn, la sobrina del rey de Rohan, le concediera un merecido descanso.

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