Mentime que me encanta

diciembre 1, 2016 at 9:45 pm (Diario ínfimo (Sebastián Irtzuberea))

Cuenta Saint-Exupéry apenas comenzado El Principito que cuando tenía seis años leyó que las boas se tragaban sus presas enteras, sin masticarlas y después, inmóviles, dormían durante largos periodos, y que esa lectura lo motivó a hacer el famoso dibujo que ningún mayor podía apreciar, el de la boa que se había tragado un elefante que todos veían como un sombrero. Leí ese libro antes de entrar en la pubertad y también vi un sombrero, pero no me parecía imposible la idea de un elefante en proceso de digestión. Hace unos días encontré ese libro con la intención de ir leyéndoselo a mi nena, la más pequeña, así que para atraerla le mostré los dibujos y le comenté en pocas palabras de qué iba la cosa. Mi nena, que tiene cinco años, es decir, uno menos que el autor cuando dibujó lo que él creía su obra maestra, escuchó con atención y luego expresó con entusiasmo: “No me puedo imaginar que una boa abra la boca tan grande”. En todo caso también existía la aceptación de que pudiera ser otra cosa aparte del sombrero que ella también vio. Al pan, pan y al vino, vino. Por más que Saint-Exupery quisiera hacer quedar a los grandes como unos cuadrados faltos de imaginación, lo que había dibujado era un sombrero. Después está lo que cada uno quiere ver: si la copa blanca o los perfiles enfrentados negros, si la mujer desnuda o el perfil de Freud. Y por supuesto: también está lo que algunos no quieren ver.

Donde algunos sólo ven un palo borracho (ceiba speciosa) yo vislumbro una mujer embarazada y desnuda con los brazos al cielo y la cabeza echada hacia atrás.

Donde algunos sólo ven un palo borracho (ceiba speciosa) yo vislumbro una mujer embarazada y desnuda con los brazos al cielo y la cabeza echada hacia atrás.

El episodio recién mencionado me sirve como introducción a lo que pienso contar a continuación, con el fin de dilucidar el comportamiento y pensamiento de un sector importante de la clase media argentina (como también intenta explicárselo mi amigo y compañero en este blog El Chango Vergara). Dos puntos. Mi actividad en el whattsap es bastante reciente, desde que heredé un celular apto para esta aplicación. Anteriormente le daba uso de cuando en cuando mediante el celular de mi nena, la más grande. No soy muy devoto de estas prácticas, pero participo en dos grupos, uno de amigos de Mendoza y otro de amigos locales, con los que transitamos la escuela secundaria. Este último grupo nació con un fin organizativo, pero sólo sirvió en dos o tres oportunidades, después nada más nos juntábamos en forma fragmentada. En fin, el grupo volvió a su esencia: la de mandar memes, pornografía, chistes y algún comentario gracioso para paliar la soledad que cada uno lleva dentro o al menos para que uno se conforte comprobando que hay otros tan o más solos que uno. Hace poco reenvié unos memes que me habían llegado al otro grupo (pues no sé cómo conseguirlos por cuenta propia). No eran chistes aunque resulten cómicos si uno los mira a través del absurdo. El primero refería a que el Congreso, mientras todos estaban obnubilados, encandilados por la prensa, por una ley sobre carreras de galgos, aprobaba otra en la cual nuestro emérito presidente podía meter su mano en los recursos de la ANSeS (la Administración Nacional de Seguridad Social). El cuadrito finalizaba con un “Que no te metan el perro”. Casi inmediatamente reenvié otro en el que se explicaba que Melconián, el actual presidente del Banco de la Nación Argentina que tiene el 85% de su patrimonio en el exterior (así están las cosas), era uno de los bonistas que demandó a la Argentina junto a los fondos buitres. Y cerraba mis comentarios con un tercer meme que rezaba: “La próxima vez que quieras un cambio, hacete puto, así el orto te lo rompen sólo a vos”. No estoy seguro si uno de mis amigos se vio ofendido en su ideología o en su sexualidad, pero no tardó en responder con un meme en el que se veía a Cristina sosteniendo un cartelito que decía algo así como: “Vacié el país y todavía hay boludos que me defienden”.

No sé dónde leyó este chango que yo estaba defendiendo a Cristina (que lo haría sin ningún remordimiento y con todo el corazón, como corresponde a todo caballero), y se lo hice ver. Pero es que él y muchos más como él actúan de la misma manera que la gestión actual y la mayoría de los medios de comunicación: pateando la pelota a la tribuna. No importa de qué se hable, pero cualquier cosa es una excusa para pegarle a la gestión anterior y fundamentalmente a Cristina. No importa que el gobierno de Macri haya vuelto a endeudarse logrando un récord histórico y que nada de esta deuda haya llegado al sector público, total Cristina se robó todo; no importa que el presidente y sus secuaces quieran blanquear el dinero mal habido que ellos y sus familiares tienen en el exterior, total Báez la tenía enterrada; no importa que la vicepresidenta no logre explicar de dónde salió el dinero que le robaron, total el vicepresidente anterior era más corrupto que Calígula; no importa que el presidente les quiera condonar a las eléctricas una deuda equivalente a 10550 bolsos de los de López, porque es mucho más inmoral revolear cinco a un convento; no importa que se compruebe la mentira, la puesta en escena de los timbreos y de un viaje en colectivo del presidente, ni los actores pagos que usan en las fotos grupales, ni cómo obligan a niños que lloran a mostrarse sonrientes para la cámara, total ya se tapará con uno de los caprichos revanchistas del juez Bonadío; no importa que Milagro Sala sea una presa política, acusada de los mismos delitos que varios funcionarios de esta gestión, pero que a diferencia se pasean tranquilamente en reuniones sociales, total, Milagro Sala es más ladrona por ser negra y mujer, y además legitimada esa condena por el mismísimo presidente: “Siento a la vez que la mayoría, e incluyo especialmente al periodismo que ha seguido de cerca todo lo que pasó con Milagro Sala en esa provincia, cree que ella es una persona que creó un Estado paralelo y que creó una organización armada que ha sido muy peligrosa para la vida de todo el norte argentino”, es decir, que está presa porque gente como este amigo mío y algún otro, creen que, vaya a saber por qué, debería estar presa. Y está bien que ésta y otras barbaridades sean dichas, porque de eso se trata la libertad de expresión, de que venga una descerebrada y afirme que está bien el presidente que tenemos porque tiene una familia blanca y pura; y que venga otro descerebrado y diga que la culpa de nuestros males se debe a peruanos y paraguayos, que son los adalides de la delincuencia, pero que hay algunos que sirven pero vienen a estudiar en nuestras universidades y nos quitan las plazas y los trabajos; y un tercero que asevere que niñas de 14 años se embarazan por plata (y nada tiene que ver que el gobierno haya quitado los fondos para prevención y educación sexual), y que la mayoría de los pobres que hay son “inempleables”; y un cuarto que, avalado por esta corte de energúmenos, niegue los muertos y desaparecidos de la dictadura militar. Porque la libertad de expresión es eso: que la gente de bien, la gente como uno, pueda desnudar tranquilamente sus prejuicios, su racismo, su clasismo, su homofobia, su xenofobia, su ignorancia, para que una porción importante de oyentes pueda reforzar los suyos. No importa si amenazan de muerte o no le dan espacio en los medios a algunos periodistas, a otras voces, porque esas voces son “kirchneristas y defienden la corrupción”, y está bien que no anden por ahí hablando.

palo1Si bien no me molesta que me clasifiquen de tal (creo que es la mejor clasificación política en la que podría encajar actualmente), no soy kirchnerista; no del todo. Tengo una idea de país, y tanto Néstor como Cristina fueron los que más se acercaron. Tengo una idea de país, y si Cristina es la más idónea para volver a ponerlo en esa dirección, que lo haga, y si no puede hacerlo, que lo haga otro u otra, me da igual de qué partido o color sea. Para eso, debemos ser capaces de ver más allá del sombrero. Pero, y parafraseando a Saint-Exupéry, hay personas que no comprenden nada por sí solas y es agotador tener que darles siempre y siempre explicaciones. Niegan lo que es evidente, porque están prestas al engaño, a la mentira, como en la lucha libre, como en la pornografía; por un contrato social se asume el montaje, la farsa como algo cierto. Entonces, el actual gobierno sale a buscar inversiones en el exterior con los logros e índices del gobierno anterior, pero para adentro habla de la pesada herencia, porque hay millones de personas sedientas de creer que es real que toda la culpa la tiene Cristina. Y si hay mayor desocupación es porque, como dijo Prat Gay, la gente no sale a buscar trabajo sino hasta después de las vacaciones; o de que esas palabras vacías: “juntos, unidos” que profiere su querido presidente los incluye de algún modo. Hay una cantidad ingente de personas dispuesta a creer en una bóveda que se abre para adentro, o cualquiera de las sandeces de turno de Lilita Carrió, o de la actual denunciante suplente, la Margarita Stolbizer con tal de justificar su incapacidad de ver más allá del sombrero, porque por alguna razón, ininteligible para mí, entienden que es más fácil tapar el sol con el dedo que ver un paquidermo. Sin embargo, esta gente se la pasa viendo pornografía, y el pajero soy yo.

No sé hasta qué punto se puede gozar con el engaño; no sé hasta qué punto, cuando en la soledad uno siente la culpa de haberse masturbado, puede no darse cuenta, no aceptar que esa satisfacción provenía de una mentira. No sé hasta qué punto alguien puede no ser capaz de ver al elefante nadando en los jugos gástricos del ofidio, sobre todo si nos están mostrando el dibujo, corte longitudinal mediante, del interior de la boa, como hiciera Saint-Exupéry para aleccionar a los mayores. No sé como alguien no puede ver lo grande que puede abrir la boca una serpiente, y como se va tragando todo de un solo bocado, sin masticar.elefante

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