Un cacho de bananas (Otro intento por entender a una fracción de la población argentina)

noviembre 4, 2016 at 4:39 pm (Diarios de Motoneta (el Chango Vergara))

dictador“Nunca entendí los temas de soberanía en un país tan grande como el nuestro. Nosotros no tenemos un problema de espacio como tienen los israelíes.” M. Macri


No es que a una gran parte de la población le molestaran las cadenas nacionales en sí del anterior gobierno, de la expresidente, sino que a esta porción de la población le fastidiaba que en ellas se hablara de política, que se explicaran las acciones del gobierno, y para más inri, que lo hiciera una mujer. Y no es que esta gente fuera incapaz de entender, sino que ponía (y lo sigue haciendo) un especial empeño por no querer hacerlo. Tal vez hubiera sido diferente si Cristina hubiera utilizado las cadenas para hablar de sus hijos, de cómo se torció el tobillo yendo de compras, o qué es lo que usa su peluquero para dejarle el cabello así de sedoso. Tal vez hubiera llegado a todo aquel y aquella que estaban hartos de la política y de todo lo que implicara un compromiso con sus compatriotas que no fuera emborracharse y abrazarse cuando gana alguna selección. Los mensajes eran demasiado rebuscados y complejos para alguien que venía de ver una novela, a Tinelli, a la Mirtha Legrand o a Nelson Castro.

Esa es la parte de la población (en su mayoría: no nos olvidemos de esa minoría poderosa que tenía intereses verdaderos en que no continuara gobernando Cristina, ni ninguno de los del proyecto; y eran intereses económicos no viscerales), es la que optó por un cambio: el de liberarse de la política. Por eso compró y creyó un discurso fatuo, vacío o lleno de naderías. Sturzenegger explicaba eso, que era lo que le había recomendado Durán Barba, en una universidad de Estados Unidos: no proponer, no explicar nada, no atacar, hablar de cosas personales (no me acuerdo bien sus palabras). Y así fue todo el discurso de campaña de la coalición Cambiemos. Ningún proyecto, ninguna propuesta, sólo las promesas irrisorias de pobreza cero, de acabar con el narcotráfico y la inseguridad, y de terminar con la grieta. Porque con amor y juntos y unidos y alegres cantando y bailando esas metas se podían conseguir. El discurso de la futilidad. Y cada vez que alguno de sus candidatos hablaba de una propuesta de gobierno concreta, como que iban a devaluar, o de volver a privatizar la aerolínea de bandera o la televisación del fútbol, o de que las Islas Malvinas “serían un déficit adicional para el país”, ahí nomás los reconducían y volvían a hablar del amor, la alegría, de la unidad para acabar con nuestras discrepancias y cerrar por fin la grieta. Es un discurso que es ofensivo para cualquiera que se haya tomado la molestia y se haya detenido al menos tres minutos para reflexionar lo que le estaban diciendo. Pero para una porción importante de la población no había tiempo que perder porque en dos minutos empezaba Bailando por un sueño o Los ricos no piden permiso.

La felicidad flota en la superficie; entonces ¿para qué profundizar?. Flota en el aire como un ser leve, como un globo amarillo. Es el discurso, y su representación, de la banalidad… y también de la bananalidad (sí, invento un vocablo): porque esto es ser una nación y una población bananera, aunque los conservadores intenten utilizar el término en países que intentan recuperar su soberanía y con gobiernos que a los conservadores les gusta llamar “populistas”. La proyección es el mecanismo de defensa preferido por la derecha (aunque tampoco tenga inconvenientes en llevar todos los otros mecanismos defensivos –negación, regresión, represión, racionalización, formación reactiva, compensación, etcétera– hasta la patología). Y no duda en trasladar todas sus miserias a otros tipos de gobierno: entonces son corruptos, autoritarios, totalitarios y bananeros, pero una vez en el poder son la encarnación de la honestidad, la democracia, el diálogo y el progreso.

¿Pero qué más bananero que nuestras políticas estén determinadas por empresas extranjeras? ¿Qué más bananero que el servilismo ciego a intereses de afuera?

blablaUna vez en el poder, Cambiemos introdujo algunas variantes, más bien sumó algunas cosas que luego repitieron cada vez que hablaba cualquiera de sus representantes: se habló (se sigue hablando) de la corrupción, de que ya van a llegar las inversiones extranjeras, de la “pesada herencia”, de obtener la felicidad por ley, de la corrupción del gobierno anterior, de que esa respuesta te la deben, de la “pesada herencia”, del segundo semestre, de sinceramiento, de no andar pata pila por la casa, del compromiso, juntos, de que van por el camino correcto, de la “pesada herencia”, del tercer semestre, de sinceramiento, de la luz en un túnel, del amor, de la corrupción, de la grasa militante y de la falta de idoneidad de las personas del interior, las que no son de Capital Federal, de que vamos bien, de la “pesada herencia”, de la desazón que habrán sentido los próceres argentinos al independizarse de España, de sinceramiento, de Antonia, de que el empresariado no progresa porque el trabajador pone palos en la rueda, de la “pesada herencia”… Y una porción de la población que no se toma los tres minutos de rigor para ver que le están tomando el pelo, que mientras se entera de las picardías de Antonia nos endeudaron en menos de un año en más de 50.000 millones de dólares (récord histórico); que mientras trata de entender un chiste de su presidente, perdió infinidad de derechos y poder adquisitivo. Ni hablar de la suba de los servicios para favorecer a la multinacional donde trabaja el Ministro de Energía, o a las multinacionales a las que sirven otros ministros; que mientras ve cómo queda el florero de la Primera Dama y lo bien que hace juego, deja pasar el crecimiento de asentamientos ilegales y la baja en el consumo, con la consiguiente destrucción del mercado interno; que mientras critica la poca elegancia de los bolsos de López, hace oídos sordos a los casi 100 millones de pesos con que financiaron la campaña del PRO (y las devoluciones y recompensas que ahora reciben esas empresas por su confianza y generosidad), y los millones comprobados que el benemérito fugó al exterior; que mientras espera recibirse de geóloga gracias a la transmisión de excavaciones en tierras de Báez, es indiferente a la extracción minera (ahora sin retenciones) y a la baja en el presupuesto en ciencia y educación. Tampoco se entera, por supuesto, que en menos de un año el gobierno de Macri entregó más obras públicas a su primo y socio Calcaterra, que las que se entregaron en doce años a Báez (que también es socio de Calcaterra); que mientras piensa que Stolbizer al tener la mirada de Clint Eastwood es igual de justiciera )como su gurú la Carrió), con esa misma mirada de miope no ve que se están cargando la democracia a fuerza de palos en cualquier manifestación, queriendo implementar el sistema de voto electrónico y queriendo proscribir a una de las pocas, si no la única, dirigente que entiende algo de política; y así mucho más. De los proyectos de gobierno, de las cosas que en campaña prometió y no cumplió ninguna, para qué vamos a hablar.

Esa porción de la población está (por ahora) tranquila con un gobierno de tapa de revista Gente, de Almorzando con Mirtha Legrand, de portada de Hola!. Y tan deslumbrada está con el glamour que no huele su condición de fiambre del medio; y aunque intente creer y convencerse que es jamón de Pata Negra, para sus dirigentes, los que eligió con el intestino para no forzar el cerebro en plan de usarlo algún día, no es siquiera paleta sanguchera, salchichón primavera, queso de cerdo. Esa porción se convence que con productos de tamaña calidad vamos a convertirnos en el supermercado del mundo, como si eso fuera bueno. Esa porción de la población ve con buenos ojos que la esposa del presidente se comporte juiciosa y sumisa, como corresponde a una dama, y más si es la Primera (y por eso está bien que se brinden cursos de maquillaje a mujeres vulnerables –aunque eso costara la eliminación de los planes de salud bucal-; porque hay que estar bien por si nos ven desde fuera; pero eso sí, con la boquita bien cerrada). minion-bananeroEsa porción ve con buenos ojos que el presidente conceda soberanía ante los poderosos, porque por algo ellos son lo que son y llegaron a estar donde están: y culturalmente lustramos el zapato para cuando nos de la patada nos deje el culo brillante, que tan bien visto está en Francia.

Las decisiones de esta Nación se toman en los márgenes de la desembocadura del Río de la Plata, y así de plataneros somos.

Sin embargo, para esta gente (que prefiere ser más porción que población, porque es más homogéneo y menos sudoroso) la bananera sigue siendo Venezuela. Comparto con esta porción (no lo hice en su momento, pero sí lo hago ahora) una intención, un anhelo de cambio. Volvamos a cambiar. Sería interesante, y también sería lógico que si esta porción no entiende o simplemente no le interesa la política, sería lógico, digo, que deje el país en manos de gente que sí le interese o al menos entienda algo de política.

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