Un paso por delante

septiembre 8, 2016 at 11:13 pm (Los Otros, Uno que cuenta)

por-una-cabezaPromediando el 2010, Esteban Zuniño publicó un libro. No fue el primero ni el último. Tal vez el que menos vendió. El libro se llamaba, se llama Por la boca muerde el pez. Esto es lo que opinaba Ernesto Zelarayán en la sección de Crítica Literaria del diario Tiempos Nuestros, el 12 de diciembre del 2010:

Por la boca muerde el pez es otra novela negra de otro escritor argentino que, preciándose de tal, incursiona en el relato detectivesco y policial. Un detective, un investigador, un antihéroe con pretendidos principios y de moral dúctil, y sus consiguientes desventuras en la resolución de un crimen, sin mucho más que aportar al género que la conocida prosa que Esteban Zuniño le aplica a cualquier género, algunas descripciones de escenas sexuales que rozan la pornografía de la mano de un personaje femenino desbocado y febril, un panfleto de lugares turísticos vistos desde la oscuridad y desprovistos de los visitantes diurnos, un resto de lugares comunes, cuyo único hallazgo, al final de la novela y luego de una búsqueda de estilo de más de doscientas páginas, quizá haya sido algún que otro dato más acerca de su personalidad, de la personalidad del autor, que al fin y al cabo es lo mínimo que espera y aspira cualquier escritor o cualquier otro artista en su expresión. Ya a mitad de camino hay los suficientes indicios como para asegurar que el asesino terminará siendo el…”

Tenemos la deferencia aquí de no confesar ni delatar el final de la novela, por si algún lector todavía conserva algunas ganas de leerla, prurito que no tuvo Zelarayán en su crítica, cuando el libro apenas había sido publicado (un dato, o un cuestionamiento no menor es por qué el diario no intercedió y dejó que la crítica fuera publicada siendo que Esteban Zuniño, al igual que Ernesto Zelarayán, también escribía en la misma sección y para el mismo diario). En el ambiente literario (¿cuál si no?, pues difícilmente en otro ambiente se tenga noticias de tal novela, incluso de su autor y de su crítico) se corrían rumores que la revelación de Zelarayán se debía al despecho de haberse visto desprovisto de mujer cuando ésta cayó en manos del ardiente y raptor Zuniño; decían también que el personaje femenino de la novela era el retrato inspirado y ligeramente exagerado de dicha mujer; hecho principal en la fracturación de una amistad profunda y de años de estos dos, ahora, contendientes. Si alguna vez fueron amigos o no, no viene al caso ahora.

Hace escasos días, y después de un silencio de poco más de cuatro años, se publicó la novela Un paso por delante, de Ernesto Zelarayán. La misma es el relato de la vida de dos hombres, de dos niños que fueron creciendo y madurando casi a la par hasta convertirse en adultos hechos y derechos. Pero más que un crecimiento, narra una competencia, una rivalidad en los logros que uno consiguió antes que el otro y viceversa, o de qué manera uno hizo frente a obstáculos que el otro no pudo sortear, y también viceversa. De pronto el matiz cálido, el tono cándido de las primeras páginas del relato comienza a transfigurarse, a endurecerse, a ensuciarse junto con el cariño que los personajes se tributan; y la carrera deja de ser quién llega primero a la esquina o al almacén de Ivanovich, o quién pesca más dentudos en una amarillenta tarde de verano, sino quién inició antes su sexualidad, o quién la facultad. A partir del sexto capítulo, el libro se convierte en una descripción, si bien elocuente, de estadísticas. Que si uno egresó primero, que si el otro consiguió trabajo antes, que si uno tuvo tal reconocimiento que el otro rechazó por considerarlo ignominioso o por racionalización. Que si uno se casó antes, que si el otro se casó mejor, que si uno la descubrió primero, que si el otro la descubrió mejor, que las refutaciones teóricas que un personaje hace sobre los ensayos del otro… En definitiva, y promediando la mitad del libro, parece que la carrera se definirá según quién de los dos la tenga más grande y gane por una cabeza. No quiero decir que la novela carezca de momentos buenos, de escenas muy logradas y de un estilo chispeante e inflamable las veces en que aparece, pero serían suficientes para un cuento bueno o para una melodía de cantautor latinoamericano. Igualmente, como libro es bastante recomendable y sería muy aprovechable en los años iniciales de la carrera de Psicología. Dicho esto, por supuesto, sin ánimo de desacreditar ni el libro ni la carrera de Psicología.

En el ambiente literario (¿cuál si no?), corre la voz que los personajes de Un paso por delante no son sino la representación de, uno, el autor del libro, y otro, ni más ni menos que Esteban Zuniño. El rumor no es del todo descabellado, pero si lo damos por cierto, conviene aclarar que Zelarayán incurre en algunas falacias (que no mencionaremos aquí). Tampoco descuidemos, por más que el autor no muestre imaginación más que a la hora de evocar sus recuerdos, que se trata de una ficción.

el-septimo-selloLa muerte es ineludible, tanto para las personas reales como para los personajes ficticios, que mueren cuando se cierra un libro o se baja el telón. Por eso no descubro nada si cito una frase textual del autor de Un paso por delante, renglones antes de que la novela concluya. Dice el personaje que representa al autor (si tomamos en cuenta los dimes y diretes del ambiente literario): “¡Qué triste ironía que en esto, y por fin, estuvieras un paso por delante de mí! Pero qué poco me queda para alcanzarte”. No hace falta ser un gran detective para suponer que estas palabras son dichas por el personaje para sí ante la muerte de su partenaire en la novela. La elección de la cita no es arbitraria. Creo, además, no estar echando a perder nada que no haya estado estropeado de antes: revelo sólo una muerte, no su explicación o su causa. Incluso la muerte del segundo personaje, de esa otredad del autor, no es ninguna novedad, puesto que es un deseo que Ernesto Zelarayán deja entrever desde las primeras líneas del capítulo sexto. Por eso me animo a contarlo: porque no develo nada importante de la trama; absolutamente nada. O tal vez descubro la Nada de la trama.

Hay pasos que no daré primero; quien quiera adelantarse, por mí, puede hacerlo tranquilamente.

Esteban Zuniño, 26 de julio de 2014, Tiempos Nuestros

Permalink Dejar un comentario