Más didáctico que combativo

abril 5, 2014 at 11:28 pm (Diarios de Motoneta (el Chango Vergara))

Todos los días vemos las dos caras de Venezuela, cada quien debe decir de esos dos mundos a qué mundo quiere pertenecer”. Nicolás Maduro

Convenimos con Milton Menezes separarnos al entrar a Madrid y dividirnos las tareas para mayor seguridad, y luego, a los tres días, encontrarnos nuevamente en en Sigüenza. Las tareas se llevaron con mayor o menor eficacia, como bien lo muestran los sendos diarios que Menezes y yo vamos escribiendo y donde se relatan las diversas aventuras de nuestro viaje y nuestras actividades. No puedo asegurar que en la división de tareas me tocaran las actividades más difíciles y temerarias, pero sí las quizás menos gratificantes: las de interacción social. Menezes sigue arguyendo que así es mejor, puesto que yo domino mejor el castellano, pero eso lo asevera cuando le conviene porque las más de las veces más bien se burla de mi chuncana forma de expresarme, aunque él no lo dice así; vale aclarar que no creo que me entiendan más a mí que a él en su portuñol básico, pero bueno, tampoco es para tanto, sólo que siempre me toca alguno de ésos que trato de evitar; y esto me aconteció en la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas. Y lo peor de todo es que nada tenía que ver con las tareas de la Causa sino con una petición personal del mismo Menezes, para que le entregara un mensaje. Había dejado esto para el último, y esa misma tarde, a las 19.35 horas, tenía mi tren con destino a Sigüenza. La cordialidad me hizo esperar a que el personaje en cuestión terminara de leer su carta por si deseaba contestarle algo a Menezes y que yo fuese su emisario, pero el personajote insistió en acompañarme a verlo. No recuerdo haberle dicho que me encontraría con el portugués así que presumo que lo debe haber leído en las líneas que éste le escribiera. Supuse, también, que a Menezes le vendría de gusto, así que, sin decirle cuál sería nuestro destino, le dije que se apersonara en la estación Madrid-Chamartín a las 19 en punto… Debí haberlo citado a las 19.30, o un poco más tarde aún.

de Roberto Fontanarrosa

de Roberto Fontanarrosa

Resultó que el tipejo era versado en opinar sobre cualquier cosa, y a las 19.17 horas ya me estaba merendando sobre la “dictadura de Maduro”: “… Porque ésos te hablan de democracia y de urnas cuando ganan ellos, pero después se la pasan reprimiendo al que piensa distinto, y si no fíjate lo que está pasando, que ya hay como no sé cuántos muertos, y la policía meta palo, nomás…”. Lo interrumpí y le pedí que me contara de dónde sacaba esta información; “De los periódicos y las noticias”, me contestó muy orondo y con la seriedad correspondiente. ¡Ah!, de los diarios, le contesté con un matiz que dejaba en claro, o así me lo parecía, mi descrédito hacia los medios de comunicación, y pareció entenderlo porque ahí nomás se apresuró a aclarar que además él tenía muchos amigos venezolanos que le contaban cosas. El tipo este también era americano, pero no sé decir con precisión de qué parte. Argentino no era. Tampoco venezolano ni chileno ni mexicano. No le quise preguntar por no darle otro motivo de charla, aunque con este parecía tener para un rato largo: nomás tenía que repetir lo que escuchaba en los noticieros o sus amigos venezolanos le decían. Uno de éstos llegó a contarle cómo la policía de la República Bolivariana se ensañaba con una pobre anciana en sillas de rueda, lo que me provocó una sonrisa involuntaria, y el tipejo, colmado de exaltación, me preguntó si me parecía gracioso que humillaran a una anciana impedida, a lo que contesté que de ninguna manera disfrutaría con esa golpiza ni con ninguna otra dada por la policía, pero lo que sí me parecía digno de risa era el relato que me contaba y que a él le habían contado porque tenía más que ver con el melodrama que con la realidad social, y que sólo le faltaba decir que un pobre huerfanito quiso interceder en ayuda de la señora y también fue apaleado por un policía que por las noches recorría las calles vestido de mujer y contagiando enfermedades venéreas. Y es notable lo que puede llegar a ofender el sarcasmo. El personajote montó en cólera y dijo que yo era igual que ellos, y que no respetaba a nadie que pensara distinto, que me creía todo lo que decían y que tenía un coágulo en el cerebro que me impedía ver la realidad tal y como era.

La tenaz perorata llamó la atención de muchos de los pasajeros de ese vagón, hecho que me impidió responderle con el siempre convincente argumento de los nudillos, así que tuve la delicadeza de dejar que su odio de clase se explayase. ¿Ya está? ¿Ahora me dejás hablar?, le pregunté cuando parecía empezar a calmarse. Y hablé: Primero: yo respeto tu opinión como respeto cualquier opinión partiendo de la innegable premisa que para opinar no hace falta saber, lo que me lleva al punto dos: me parece al menos curioso que habiendo tenido la posibilidad de que tus padres te mandaran (sí, efectivamente remarqué “mandaran”) a estudiar no te empeñaras en saber. No sé qué estudiás ni para qué, pero deberías imaginar que los medios de comunicación responden a intereses económicos… Por ponerte nada más un ejemplo: el pasado mes hubo algunos linchamientos en Argentina. Las víctimas: jóvenes; que responden al estereotipo del ladrón marginal que tanto se viene fogueando desde los medios. El hecho: ante la presunción de un robo, o pongamos que haya sido efectuado, grupos de personas agarraron al supuesto delincuente, lo redujeron y comenzaron a entrarle de patadas. A uno lo mataron; de los otros no me enteré mucho más pero quedaron por lo menos heridos de gravedad. Los medios titulaban: “Vecinos golpean a un ladrón”, “Vecinos hacen justicia por cuenta propia”, “Vecinos…” bla bla bla. Ahora resulta que los vecinos, esas personas que viven a la vuelta de la esquina y nos brindan una tacita de azúcar porque se nos acabó o había desabastecimiento en el supermercado, cansados de las injusticias deciden hacerse cargo de la seguridad de su barrio. Pero ningún medio tituló: “Grupo de cobardes matan a una persona”, “Pusilánimes en patota agreden a un joven”. No: el hecho importante de los medios es seguir alentando la idea de inseguridad ciudadana, y ¡oh, casualidad!, uno de los tres tópicos que se barajan para crear caos en países que no se bajan los pantalones ante Estados Unidos o Europa. Cómo si en San Francisco se caminara tranquilamente de noche, o en Nueva York. ¿Pero qué prensa alarma sobre esas ciudades? Inseguridad, Inflación, corrupción son los temas que maneja la agenda setting de los países no alineados con los intereses del imperio, y después le siguen populismo, dictadura, etcétera, etcétera. Por supuesto que no intento aquí hacer una defensa ciega del gobierno de Maduro ni de ningún otro, que tienen sus problemitas, como todos, pero ya soy un boludo bastante grande como para creerme a rajatabla lo que los medios deciden hacerme creer; como si esa manipulación no fuera corrupción, como si no fuera también delincuencia. Pero no: la delincuencia sólo la ejercen los pobres. Y matar a un pobre no es delito sino justicia, porque a la gente corriente, la gente bien no aboga por la inclusión sino porque los marginales no se acerquen a sus propiedades ni a las confiterías a las que asisten. Y hay que tener en cuenta que es bastante diferente si la policía reprime a personas que en sus protestas se ponen a derribar hospitales y juzgados y atraviesan un alambre de vereda a vereda para que se decapite el primer motociclista que pase a que repriman a manifestantes pacíficos, como deberías haberte enterado por los mismos medios si les conviniera decir alguna que otra verdad de cuando en cuando. Porque a la prensa europea, igual que a la yanqui, le interesa América en su función de colonia progresista, pero de colonia al fin, y les molesta un poquitín cuando les hacen ver que no es su manso proveedor de materias primas. Y ahí estaba Argentina, “el granero de mundo”, acogida por el beneplácito internacional, haciendo ricos a unos miles de terratenientes y aumentando la diferencia entre los que más tenían y los que no tenían nada. En cuanto a tus amigos venezolanos, no voy a asegurar que no tengan algo de razón, pero presumo que son venezolanos de Europa o venezolanos de Miami que se llenan la boca hablando de la patria siempre y cuando ésta no exceda los límites de su clase social. ¡Y ojo! No son sólo venezolanos: también hay argentinos de Miami y chilenos de Europa y colombianos de Estados Unidos, que siempre llevan su patria en el bolsillo, que se rompieron el culo trabajando para bien diferenciarse de los negados por la historia, de los ninguneados por los gobiernos, y no es justo que alguien, ahora, los vuelva visibles. Son los mismos que claman para que el Estado, el gobierno, porque el Estado somos todos, son los mismos que claman al gobierno que encarcele a los delincuentes pobres, pero se vuelven locas perdidas cuando el gobierno se “entromete” para encarcelar a los delincuentes ricos que en su profunda ideología anhelan que el libre mercado haga lo que se le da la real gana para bien de toda la comunidad.

12_mafalda-nopasaranNo me pareció que los pasajeros que seguían prestando atención a nuestra charla se pusieran del lado de mis argumentos, más bien todo lo contrario, y eso que hablé en un tono más didáctico que combativo; ellos también defendían su parcela de patria. Me importó un choto. Ya estábamos en la estación de Sigüenza. En el andén, proseguí: Igual vos sos conocido o amigo o algo de Menezes; no debés ser un mal tipo. Quiero creer que sólo se trata de ingenuidad, ignorancia o simple pereza de enterarte. Menezes está en esta dirección: decile que lo veo mañana por la mañana donde acordamos.

Me despedí y fui a buscar dónde pasar la noche.

(N dela R: El Chango Vergara suguiere, si gozan de algún tiempito, los siguientes cuatro links):

1-Venezuela: revuelta de gente acomodada, no campaña de terror

2-A vueltas con el golpismo en Venezuela

3-Circo contra Maduro montado por la SIP

4-Un video (altamente recomendable)

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1 comentario

  1. Je suis Chango | El otro Seba Weblog said,

    […] de ese espécimen que mencioné con anterioridad en un escrito titulado, si mal no recuerdo, Más didáctico que combativo. Me gustaría nombrarlo, para hacer más fácil la narración, pero a decir verdad no retuve su […]

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