Síntomas de liviandad

diciembre 24, 2009 at 6:35 pm (Diarios de Motoneta (el Chango Vergara))

No hay caso: no hay nada tan reparador como la cama. (Al remoto lector, que pretenda encontrar en las siguientes líneas un desglose de actos promiscuos tales que rayen la pornografía, le aconsejo soltar lo que tiene en la mano y abrocharse el pantalón, ¡so puerco!) Dudo que haya habido un avance mayor en la medicina. El reciente cambio de clima me ha traído, más que una gripe, una incomodidad física, producto de una mucosidad, por ratos dura, por ratos acuosa, pero siempre abundante, y una resistencia a obedecer, por parte del cuerpo, ligeramente superior al resto de los días; más que una enfermedad es una necesidad de estar cobijado y en estado de reposo. Pero cuando pienso en los anticuerpos me viene a la mente aquella imagen del zapatero pobre que, al despertar una mañana, ve que todos los calzados han sido reparados y brillan lustrosos por obra y gracia de unos duendes o gnomos o enanos, por seres ínfimos y mágicos. Así, mientras dura la convalecencia, cada vez que me despierto noto una mejoría (con respecto al momento anterior a dormirme) que voy perdiendo conforme transcurre el día. Pero llegado a este punto, me he dado cuenta que el que ha estado con el pantalón bajado, y zarandeándosela desde un principio, he sido yo: ¡es tan fácil ponerse a hablar de duendecitos y zapatitos de colores al costado de la chimenea!

Al hombre que acostumbra pedir los días hábiles, a pocos metros de mi trabajo, se le ha sumado una competencia en la misma vereda, sólo que el nuevo ha montado su casa donde tiene el negocio. La primera vez que lo vi fue hace diez días, cuando aún no había comenzado a llover: estaba acostado en un umbral de la calle Valencia y conversaba a viva voz con un tigre de peluche. Esa misma mañana, o la siguiente, se acercó a mi puesto de trabajo, a menos de cien metros de su umbral, y preguntó el precio de un tabaco; no compró nada pero pude apreciar que era extranjero; no conseguí indagar la nacionalidad del tigre.

Desde hace una semana que no ha parado de llover, y este hombre y su peluche siguen amaneciendo bajo el mismo dintel, y el otro hombre sigue pidiendo más allá o más aquí. No voy a joder con la ironía de si esas recaudaciones van a parar a capitales nacionales o extranjeros, porque creo que no es para nada gracioso que siga aumentando la competencia en el rubro de la limosna y la mendicidad. Eso me enferma… eso, y que nos sigan haciendo la cama, para tenernos quietos y autocomplacidos al lado de la chimenea.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: