Al paso que vamos

noviembre 30, 2009 at 8:50 pm (Absolut Errolan, Diario ínfimo (Sebastián Irtzuberea))

Digamos que en los últimos veinte días no he hecho más que tirar escritos a la papelera. No fue por falta de inspiración, porque, como verán a continuación, tampoco me ha visitado hoy, lo que no me impide publicar. Digamos, para sincerarnos, que no hice nada.

Hace dos días sucede lo siguiente: suena el teléfono, contesto y distingo la voz de Errolan del otro lado. Le digo que me dé el número de donde está y que cuelgue, que lo llamo yo, así no le sale cara la llamada, y me dice que no me preocupe, que unos turistas se habían olvidado la tarjeta de larga distancia, y yo intuyo la mentira y que ha recurrido al viejo truco de meter una moneda con un alambre en la ranura de manera tal que la misma moneda le sirva como si fueran muchas. Esa falta de límite en la conversación nos obliga a infinitas naderías, a la humorada, a la risa a rienda suelta. En un momento callamos, o él trunca su carcajada con un suspiro que tiene algo de trágico o de enternecido. ¿En qué andás?, le pregunto; “en nada…”, me responde, y continúa: “¿Sabés?, eso de que estamos sólo de paso, que esta vida es el tránsito hacia otra… Hasta que capaz que me lo creo; aunque también estoy convencido que en la otra vida no hay nada, es nada… aunque si la nombramos es algo, como les gusta decir a los filósofos, y ese algo al que nos aferramos no es más que vacío y soledad… como ésta misma que andamos. Evidentemente, esta vida es un tránsito que diariamente, a cada rato, nos va exponiendo a la soledad y al vacío, nos va preparando para aquella otra, para que vayamos acostumbrándonos a la nada. ¿Y cuánto? Uno, dos, cinco, quince, setenta, ochenta, los años que les toquen de entrenamiento a cada uno”… Y ahora se queda en silencio, pero no cuelga, se queda respirando con esa pausa que da la resignación. Tampoco yo cuelgo: me estiro para encender la radio y un cigarrillo. Nos quedamos así, callados, escuchando música, pensando… ¿En qué?; en nada, supongo. Seguro que Errolan también está fumando. La emisora acompaña; no conozco ninguno de los temas ni de las bandas que los interpretan, pero no están mal; por suerte, el locutor cree que su participación no es indispensable. Cuando comienza a sonar la sexta canción, Errolan habla: “Bueno, me voy a ver si hago alguito”, me dice y se ríe bajito; después cuelga. Yo me quedo unos minutos más con el tubo del teléfono pegado en la oreja. Después también cuelgo, y me quedo tirado en la cama, sin prisa, al fin y al cabo veinte días no es nada.

Quino

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