La manera exacta

marzo 4, 2009 at 5:53 pm (Así es Uno)

Nadie sabe cómo fue a dar ahí, la cosa es que Uno se encuentra, primero, en el No Sé Cuántos Congreso de Periodismo, y luego, ya en el intervalo, conversando con el Consagrado Periodista. Lo que sí sabe Uno es que “conversando” es sólo una manera de decir, dado que si algo caracteriza al periodismo, ese algo es la verticalidad; tal es así que eso del “intervalo” le parece otra falacia, y lamenta profundamente que la copa de vino que sostiene le reste agilidad para la oportuna huida. Al principio piensa que tal vez no sea del todo malo y que algún provecho pueda sacar de tan elevada disertación, pero no tarda demasiado en desdecirse y apurar resignadamente la primer copa a fin de abastecerse una segunda. El Acreditado afirma la incompatibilidad entre el periodismo y la ficción, y Uno no es capaz de desautorizarlo, en principio, por considerar de mala educación hablar con la boca llena de líquido, y porque además admite que la mezcla ha dado híbridos peligrosísimos (Uno piensa en Truman Capote, por ejemplo), que no llegan ni a chicha ni a limonada y, mientras, vuelve a estirar su brazo sin saber si es la comparación o la disertación lo que le da sed. En el único momento que puede introducir un comentario, trata al Consagrado Periodista como un apólogo de la objetividad, y éste, lejos de interpretar la sorna, se anima aún más y elucubra los más diversos razonamientos en desmedro de la ficción. Ante tamaña verborragia, Uno presume que una refutación posible sería estrellarle la cuarta o quinta copa de vino (aunqué ésta todavía está llena, y apura el trago, por si acaso), o bien, y es lo que termina haciendo, esperar a estar completamente borracho una vez acabado el intervalo. Mientras tanto, sonreír, condescender y entender que la “objetividad”  (y las comillas las pone Uno) es sólo una manera (otra más) de decir.

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1 comentario

  1. Vero said,

    Ah, está bien. Me pasa a menudo, que no me sé expresar bien hablando y por eso desisto la mayor parte de las veces. Tiene mucho más que ver con mi torpeza que con cualquier otro sentimiento airado.

    El Consagrado Periodista afirma que es posible «describir un hecho al margen de las convicciones». Y que está muy bien ir con prejuicios a cubrir esos hechos: para ver cuántos de esos prejuicios sobreviven encarados con lo real.

    Después de cuatro años observando el ejemplo, no me cabe ninguna duda de que tiene razón. Y que si los periodistas renuncian a la objetividad, mejor que se dediquen a la ficción o a la estricta opinión.

    La objetividad aplicada siempre, por supuesto, a la descripción de un hecho. Un poco más allá. Que Hitler invadió Polonia no es materia de opinión, como le decían algunos alemanes a Hannah Arendt cuando fue a Alemania tras la II Guerra Mundial.

    No, no todo es materia de opinión. La investigación periodística debería valerse del método científico, esto es: hipótesis-comprobación-conclusión.

    Espero, humildemente, haberme expresado un poco mejor ahora.

    Soy terriblemente torpe.

    Abrazos.

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