Laberinto adentro

enero 2, 2009 at 4:15 pm (Uno que ensaya)

“Ojalá que me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas”
J.L. Borges

En “Los Reyes”, el libro de Cortázar, el hilo que tiende Ariadna no es para que Teseo pueda salir del laberinto; es al Minotauro al que quiere liberar. Este libro llega al mismo final que el mito de Creta, pero por otros pasillos, por galerías diferentes, por otras puertas. El Minotauro se haya encerrado porque es un peligro para el orden establecido, porque es auténtico y libre; porque es un grano en el culo en el ansia de poder de Minos, Teseo o cualquier otro hombre; es la huella que deja la bestia no domada, es la proyección del otro que nos habita, de ese otro que carga los deseos más terribles y fuera de toda norma, y que parecieran estar escondidos en el laberinto, pero no están escondidos, porque ese laberinto es su casa, y conoce todos sus recovecos; el Minotauro es esa noche que lleva el alma, esa presencia extraña que también somos.
Lo bello de esta historia es que Ariadna quería liberar a la bestia, al antihéroe, al monstruo que está más allá del hombre dentro del hombre; Teseo era sólo la excusa para llegar hasta el Minotauro. Él no lo entendió; creyó que Ariadna lo había traicionado. Y por eso se dejó morir.

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