La libertad de elegir

octubre 5, 2017 at 10:25 pm (Sin categoría)

“El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos” Simone de Beauvoir

Un amigo me contaba que les decía a sus hijos que si tenían que usar la fuerza era porque no habían obrado con la inteligencia suficiente como para evitar una pelea. Al parecer, uno de sus hijos estaba convencido de que la inteligencia estaba sobrevalorada y era proclive a repartir hostias en la primera de cambio a sabiendas que el que pega primero, pega dos veces. Aun así, me contaba este amigo, la victoria no se le hacía costumbre.

Veamos: si un tipo, un presidente ajusta en salud, educación y servicios públicos e invierte en armas y vehículos de guerra (ya viejos, como para hacerles un favor a las grandes potencias sacándoles de encima esos vetustos aparatos), si un tipo es capaz de encubrir a la gendarmería nacional ante la desaparición forzada de un muchacho, a la vez que recibe al primer mandatario israelí y anuncia con bombos (o debo decir bombas) y platillos un comercio bilateral que se basa, esencialmente, en la compra de material bélico, en armamentos y cachivaches para sus fuerzas de seguridad, sobre todo equipos antidisturbios y otras cosas por el estilo, podemos afirmar que la dialéctica no está entre las fortalezas de ese tipo. También podríamos decir que es un real nacionalista que intenta recuperar las Malvinas y tener una revancha. Pero no: ese tipo se muestra, como todos los cobardes: violento con los débiles y sumiso con los fuertes. Además que no le interesa negociar por las Malvinas sino entregárselas directamente a uno de sus amos. Es empresario pero ignora las normas básicas de una negociación; a ver: EEUU frena nuestras exportaciones de biodiesel, nos obliga a comprarle cerdos enfermos, una docena de aviones que ya no usan y Macri está contento por haberle metido unos cuántos limones. ¡Menudo empresario había resultado ser!

Rajoy hizo más o menos lo mismo desde un principio de su gobierno: recortó dinero en todos los servicios públicos y se puso a gastar una millonada de euros diarios en armamentos; todo sea para complacer a los grandes. Después aprobó la famosa ley Mordaza. Tampoco se puede ver en Rajoy una inclinación al diálogo. Curiosa forma de comunicarse: la gente que hace de la nadería y el balbuceo un idioma, necesita que policías, militares y otras fuerzas de seguridad le oficien de traductores.

La actuación vergonzosa que tuvo el gobierno español el pasado primero de octubre en Catalunya, lo canallesco de su accionar, sólo puede encuadrarse en una cabeza a la que no se le escapa ni una sola idea. Y, ojo, que no me refiero a la cabeza de Rajoy, cuya capacidad le alcanza para creer que habla con su propia voz, y que la media que lo viste es un Armani. Pero los que están detrás de esa “cabeza” tampoco acusan un coeficiente de avanzada. De lo contrario se hubiesen puesto a conversar, a negociar desde un principio, como lo viene pidiendo el pueblo catalán y sus representantes (por supuesto que no intento aquí ninguna defensa de los representantes catalanes). El reclamo no es para nada nuevo; data de más de dos siglos, si es que no es más, todavía. Durante ese tiempo, los dirigentes de Castilla se ejercitaron en patear la pelota lo más lejos posible en lugar de investigar, reflexionar y argumentar para sentarse a debatir sobre el reclamo independentista. Tras la muerte de Franco se llenaron la boca con promesas de plurinacionalidad y cosas por el estilo. Pero a Catalunya le revocaron una bocha de artículos de su estatuto autonómico, es decir, que podían tener toda la autonomía que les viniera en ganas antes de que se tensara la cuerda o la cadena.

Desconozco qué tan vinculante podía ser el referéndum que se votaba el domingo pasado: no había muchas garantías ni una legitimidad verdadera (para Rajoy no sólo era ilegal sino que aparte no existía, y así hacía gala de la inconstitucionalidad de la inexistencia); ni siquiera se trataba de un referéndum la mar de representativo, según algunos, puesto que su ley había sido aprobada sin ningún debate parlamentario (Serrat habló de su falta de transparencia y de que no se sentía representado, y le saltaron a la yugular). Pero aun así era una forma de protesta del pueblo catalán, un llamado, un anhelo de ser escuchado, un quincuagésimo, un octogésimo, un sexcentésimo, un milésimo, un millonésimo pedido de negociación. Me parece incomprensible que se reaccione de forma violenta ante una petición; me parece desmedido y cobarde, de una brutalidad y una crueldad deshumanizada. Si alguien no quiere jugar más en tu equipo, se puede sentir tristeza, desazón, incluso algo de ingratitud de parte del desertor, pero no hay por qué sentir odio, no hay por qué enfrentarlo con alevosía.

conrespectoTal vez no sea el más idóneo para tomar partido en esta contienda, ya que no soy el más entendido en historia ibérica ni llevo la carga atávica de los ciudadanos catalanes ni su sentimiento, pero viví durante casi diez años en Barcelona y pude recoger distintas versiones, desde las más independentistas hasta las más soberanistas, pasando por las federalistas hasta las que te chupan un huevo. Reconozco que mis seres más cercanos y queridos (a excepción de unos pocos que venían con la familia y a quienes también quiero mucho aunque profesen ideas contrarias) tenían alguna inclinación hacia la independencia, a no reconocerse en la imposición de aceptarse españoles. Y tal vez esa emoción, ese lazo, inclinara mi irrelevante balanza hacia el deseo emancipatorio. Eso, y también que en la virulencia del discurso contrario oía más el alcance de las cuerdas vocales que los argumentos, si es que los había. Muchos, pero muchos españoles hablan con el volumen de voz acorde a ser dueños, todavía, de la Armada Invencible, y del oro y la plata de los nativos americanos.

Vale aclarar que la agresión vivida el primero de octubre no fue del pueblo español contra el pueblo catalán, sino del Estado español contra el pueblo catalán. En muchas ocasiones supe criticarles a mis separatistas y queridos amigos que abandonaban al resto de los ciudadanos ibéricos en sus luchas; mientras ellos, obnubilados en su afán independentista, dejaban solos al resto de peninsulares manifestarse en contra de los ajustes, de los recortes en sanidad, en educación y en muchas cosas más que también sucedían en Catalunya; pero esos manifestantes también buscaban la renuncia de personas que tampoco los representaban. Y si bien desde España a los catalanes se les llama “polacos” (porque hablan raro y son del este), no hay diferencias profundas entre un ciudadano español y uno catalán; como tampoco hay diferencias grandes entre un burgués o un dirigente español y uno u otro catalán. En una pirámide, la diferencia no se traza de forma vertical (como también nos quieren hacer ver a argentinos –bajo el nombre de “grieta”, venezolanos y demás), sino que se dibuja horizontal; y separa a los que tienen de los que no. Yo tengo más similitudes con un campesino eslovaco que con un dirigente de Cambiemos. Les decía que si ellos ayudaban en la lucha al resto de España, podían bajar a la derecha y poner al mando a alguien con quien se pudiera charlar y negociar, y de esa manera lograr una emancipación acordada, porque estaba visto desde un principio que con éstos no se podía.

Una reflexión y algún que otro cuestionamiento: el gobierno de España, incluido el rey (disculpen si hiero algunas susceptibilidades al escribir “rey” en minúscula), apoyó el plebiscito ilegal de la derecha venezolana para derrocar el gobierno (sí, “gobierno”, no “régimen”) de Nicolás Maduro, y ahora es incapaz de resolver el tema del referéndum catalán. ¿De verdad, a esta altura, podemos pensar, ya no creer, sino simplemente pensar, que el gobierno de España, de Argentina, de Alemania, de cualquier país que presuma de occidental, es más democrático que el de Venezuela? ¿De qué estamos hablando?

Otra cosa, y acá se ve una de tantas diferencias: del folclore catalán rescatamos la sardana. Su danza, para mí, es el colmo del aburrimiento, pero es un baile colectivo, no como el resto de la mayoría de las danzas que representan una seducción o una conquista.

Una, tal vez, penúltima cosa: los dirigentes catalanes están buscando y exigiendo un veedor internacional. ¡Cuidado! (¡amb compte!) Si los piratas grandes ven algún interés, seguro van a intervenir. Por supuesto, fogoneando el asunto, así de paso pueden colocar las armas que no les pudieron vender a Venezuela, Ecuador, Argentina y demás países, por más que hayan hecho lo improbable por lograr una contienda civil, es decir, un mercado para su industria. Pero independizarse no es cambiar de amo.

La movilización que vi para exigir el derecho a voto, la libertad para elegir, es inimaginable, y el pueblo catalán logró sacarme más de una lágrima. Y hablo del pueblo, de la gente, no de los rufianes que están en la dirigencia. La hazaña no es esa, ya que soy proclive a la sensibilidad; la hazaña es haberse mancomunado de esa forma, de mostrar lo que es la solidaridad, la comunidad, la colectividad. ¡Sírvanos el pueblo catalán de ejemplo!

Mi abrazo y apoyo a mis seres queridos, y a los millones de catalanes que concuerdan con ese sentimiento (sentiment).

“La colina hay que subir,

SANT-JORDI-17nada es sencillo aquí,

y ante todo está EL DRAGON.

Con su fuego intentará

parar la construcción,

pero habrá una solución:

Una flor un corazón,

una porción de sol,

y estas ganas de vivir…”

                 Víctor Heredia

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¿Dónde están?

septiembre 9, 2017 at 8:47 pm (Diario ínfimo (Sebastián Irtzuberea))

“¿Cómo se le habla al desaparecido?
Con la emoción apretando por dentro”

Rubén Blades. Desapariciones

Estuve en la marcha pidiendo por la aparición con vida de Santiago Maldonado… como cualquier ciudadano normal, como cualquier ser humano con un resto de urbanidad, como cualquier urbano con un dejo de humanidad.

A esta altura, no creer en la complicidad del gobierno, no sospechar su implicación en el hecho, es mirar para cualquier lado o directamente no querer mirar. Pero supongamos que el día de la marcha no hubiera indicios suficientes para una mente no demasiado sagaz, o al menos no muy enterada. Presumamos que esos que tocaban la bocina de sus autos con tanta rabia no habían podido leer nada del tema porque su vida y el tiempo se los lleva por delante todos los días. Imaginemos que aquellos que miraban a los marchantes con algo de desprecio, era en realidad una envidia sana porque darían lo que fuera por andar “agitando como esos vagos” en lugar de tener que trabajar. Supongamos.

Ese día, casi al final del recorrido (del mío, porque iba a abandonar la marcha antes que volviera a su lugar de origen), me encontré, a contramano, con la directora del colegio de mi hija, a la que no nombraremos más que por la inicial de su nombre (¡a ver si todavía mi hija, antes que bullying, sufre persecución política en el jardín de infantes!). Cuando me vio venir… mejor dicho: cuando notó que yo había visto que ella me vio venir, comenzó a contorsionarse y a exagerar los gestos como si me estuviera viendo mear desde arriba el busto del Libertador, o como si anduviera corriendo en pelotas por el vaticano con Marx tatuado en el culo. Sé que me tiene algo de cariño, y alguna vez no temí hacer el ridículo en un acto para agasajar a los chicos de jardín, logrando su algarabía, pero ya se le debe haber pasado. Para acentuar su mímica, M (sí, es la inicial de su nombre) sobreactúa: “¡No me lo puedo creer! ¿Qué hacés acá?”. Estuve tentado en contestarle que tanto yo como todos los que ahí marchaban estábamos ahí porque nos había llegado el comentario de un títere que hablaba por cuenta propia, pero como los títeres siempre hablan por cuenta ajena opté por ser obvio y decir que estaba allí por la desaparición forzada de Santiago, haciendo especial hincapié en las palabras. Ella, como es natural en mucha gente que opina de la misma manera, de la manera que lo hacen los medios masivos de comunicación, digo, comenzó a defenderse de la única manera que conocen: atacando. Yo me esperaba la retahíla de lugares comunes en los que cayó. Primero los otros desaparecidos en democracia. Le contesté que también me preocupé y ocupé personalmente de cada uno de esos casos, pero que el de Santiago tenía la particular diferencia de que las pruebas apuntaban directamente a una fuerza de seguridad nacional, que había indicios que las órdenes venían de arriba y que, además, la causa, a diferencia de los otros casos mencionados, estaba caratulada como “desaparición forzada”. Ella resopló una especie de “déjense de joder”, y que dejáramos de echarle la culpa a ese otro M (¡Mierda!), que no tenía nada que ver y que lo dejáramos gobernar en paz. Como vi cómo venía la mano, le dije que no estábamos ahí para culpar a nadie, que eso lo tendría que hacer la justicia, sino para pedir la aparición con vida de Maldonado; y simulé que la marea de la marcha me arrastraba como cierre y despedida.

La marcha en Salta no tuvo mayores incidentes que algún que otro encuentro desafortunado. Pero en Buenos Aires sí. Yo me acordaba de una vez que, estando en Barcelona, se armó una rosca más o menos similar, y luego comenzó a circular un video donde los policías le daban para que tenga y guarde a un tipo y este les gritaba que parasen, que era un compañero; los siempre libres de pecados: los infiltrados. Acá pasó, y hay videos que lo demuestran, y grabaciones donde se ve que van gritando “uno, uno”, como para que los del cuerpo los reconozcan y no les pase lo del infiltrado español. Pero por más evidencia que haya, siempre hay gente dispuesta a negarla, porque prefiere que haya treinta inocentes presos, porque seguramente “algo habrán hecho”, y porque son vagos y vándalos que atentan contra la República. Y la niegan porque la gente desprecia a los vagos y a los barbudos y los que tienen tiempo de andar paseándose por las calles reclamando. Y los desprecian porque esos “vándalos” deprecian a esa gente, les resta valor, porque les enrostra que ellos, los “terroristas de la República” son capaces de moverse, de movilizarse por algo que está más allá de los intereses personales, que son capaces de arriesgar su pellejo o su libertad por otros. Ese pequeño detalle, en mayor o menor medida, muestra y resalta la propia miseria de esa gente, su egoísmo incurable, la desmoraliza, y por eso se deprecia, y por eso esa gente es la primerita en enarbolar la bandera de la “moral y de las buenas costumbres”, porque pretende, así, revalorizarse, cotizarse. Por eso esa gente es capaz de creer, para reforzar sus prejuicios, que Santiago es barbudo, mugroso, hippie, miembro de las FARC, y que practicaba karate para derribar gendarmes como muñecos, porque en algún lugar recóndito y sombrío de su alma esa gente sabe que si alguno de ellos fuera el desaparecido, Santiago hubiese marchado por ellos; y eso les cuece, les arde, porque los pone en oferta o en liquidación; por eso necesitan convencerse que el otro vale menos; por eso avalan o no les cuesta ser indiferentes a este tipo de procedimiento; por eso aceptan que los mapuches son terroristas o chilenos, que para esta gente es igual de degradante, a menos que vayan a comprar televisores al país vecino.

Esa gente es la que pone el grito en el cielo cuando en las escuelas se habla de Maldonado, porque dicen que eso es adoctrinar a los chicos. Sin embargo es la misma gente que defiende una educación religiosa en los colegios (y, volviendo a Salta, peor, porque una ley antiquísima y a contramano de la Constitución Nacional, no sólo ampara esa idea sino que la promueve), y no le importa, o no lo siente como adoctrinamiento, que sus hijos, cada vez que entran al aula, vean crucificada la imagen de un barbudo, que se manifestaba por los otros y cuyo cuerpo aún no aparece. Paradojas. Los chicos siempre dicen la verdad, pero para decirla deben conocerla.

Siguiendo con las singularidades del caso, un tipo al que llaman Felipe Noble Herrera publicó en las redes sociales una imagen de la típica trampa hecha con una caja, un palo y una cuerda con un choripán y un tetrabrick de vino como anzuelo, y una leyenda que decía: “acá colaborando con la justicia para encontrar a Santiago”. Más allá del pésimo gusto y del ningún respeto, está el descaro; no olvidemos que cabe la posibilidad de que el tal Felipe, como su hermana, sean hijos de desaparecidos. En todo caso, hay una elección, y a esta persona no le importa saber de dónde viene sino a dónde va. Pero después está esa otra gente que repite el mensaje, como broma de mal gusto o como expresión de su miseria, que por alguna inextricable razón creen estar en la línea sucesoria del Grupo Clarín. Otra artimaña para revalorizarse. ¡Qué manía la de escupir frente al ventilador!

Personalmente, y remarco esto para que se vea que no tengo ninguna afiliación partidaria, sigo preguntándome por Santiago, como también me pregunto por los otros desaparecidos; la lista es larga y contempla los 30000 que desaparecieron sin democracia. Yo me pregunto… ¿Y usted?

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Paren la mano

agosto 26, 2017 at 2:40 am (Diarios de Motoneta (el Chango Vergara))

Si bien un primer impulso me lleva, nos lleva, en el caso que alguien comparta esta reflexión, a aseverar que la derecha es torpe, casi nada sutil, que no tiene más herramientas que la fuerza bruta y una meta, que pareciera no tener propósitos sino que se mueve sólo por inercia, que persigue la cima por un camino estrecho de cornisa a paso decidido y sin mirar a los costados, sin sacarse las anteojeras por temor a la profundidad, si bien estoy tentado en declarar la torpeza de la derecha, un chispazo de precaución me detiene y hace que me pregunte si esa impericia, si esa necedad no es acaso simulada, y esconde un propósito velado, si no es un método, una estrategia similar a la que usaba el teniente Columbo, aquel personaje interpretado por Peter Falk, que se hacía el boludo durante casi todo el capítulo de la serie para terminar descubriendo al culpable del crimen.

Que los representantes del conservadurismo se hacen los boludos y que son portadores de una torpeza axiomática no es ninguna novedad, pero no les importa, porque papi los defiende y los salva de sus cagadas. Y llamemos papi a cualquier aparato o entidad funcional a eso, sean los medios de comunicación, sea la justicia, sean las fuerzas de seguridad, sean los lobistas, sean los que sean. Pero resulta muy costoso ser el papi de estos personajes (estos hijos de) que cada vez que abren la boca hay que meterlos en un contexto y ver de qué forma se inventa una realidad paralela como para que sus dichos puedan llegar a tener algún sentido. Basta escuchar cualquiera de las expresiones de Bullrich, con su pibe preso diario, con su gerencia en recursos humanos, con sus trabajadores que deben acostumbrarse a vivir en la incertidumbre y disfrutarla; la lista es inacabable, pero en la última campaña tuvo que salir la Vidal, con su mejor carita de “si ustedes saben que yo no fui”, de “por ahí no que me duele”, y cargar los muertos del candidato a senador. Ella, que anhela cambiar “futuro por pasado” y que sobreactúa más que Isabel Sarli, pero que carece de sus atributos, ella cuyos discursos parecen escritos por el dialoguista de Verónica Castro. ¿O qué decir de otra Bullrich? Que le dicen Pato menos por su patronímico que por su costumbre de mandarse una cagada con cada paso, y cuyo último ridículo (ya no el de desconocer las provincias de el país que la puso de ministra) fue sincerarse: “Se quieren plantear bandos. El bando de los que quieren encontrar a Maldonado y el bando de los que no queremos encontrar a Maldonado. Es vergonzoso. (En vez de buscar a Santiago lo cubren de barro. Ahora resulta que es “subversivo” o miembro de las FARC… Y a Nisman lo mató un comando venezolano-iraní entrenado en Cuba.) Y mientras algunos se van de boca, el presidente calla en su declaración jurada dos terrenos por valor de 900 millones, justamente él, que cada vez que la abre pone a todo el multimedio y el poder judicial culo para arriba para intentar taparle sus desaciertos. Y mientras, un tipo al que se le quemaron todos los papeles, como los bosques, sin saber cómo reaccionar, se disfraza de planta, supongo que para demostrar el estado vegetativo en el que duerme su gestión. También fue una vergüenza el conteo de las últimas PASO, y el paripé que hicieron para los medios, dándose como ganadores, a la vez que suspendían, con una maniobra algo escandalosa, a un juez que no es muy funcional a las políticas macristas, o como mejor lo expresara nuestro ilustrado presidente: los jueces tienen que saber que queremos saber la verdad o vamos a buscar otros jueces que nos representen“.

Es difícil ver en otros lados tanto tesón, tanta vocación de negar lo que es evidente; de enrostrarle al pueblo, incluso a los que los votaron, la ignorancia supina, la ineptitud atómica y la prepotencia acorde con las que gestionan. Se puede ver en Cambiemos, en el Partido Popular de España, en los republicanos de Trump (este caso es quizá diferente porque es un bravucón con juguetes harto peligrosos), y algunos casos más. Pero la derecha, además, es mal educada y caprichosa. El caso de estos hijos de me hace acordar a la película Perfume de mujer; todos estos nefastos personajes de la historia se encarnan en el de Philip Seymour Hoffman, el de alcahuete protegido.

Esta derecha, que de democrática no tiene absolutamente nada, aunque así lo quiera hacer creer José Natanson, se comporta como una elefanta encabronada y desesperada que busca a su hijo en un bazar. Y si alguien testimonia el daño que el paquidermo causó, porque oyó los ruidos y además lo vio, es embestido. Y si alguien le pregunta sobre los hechos al embrutecido mamífero, él responderá que no sabe nada, que esa la debe, que cuando llegó ya estaba todo roto, pero que justo vio salir de dentro del bazar a una hormiguita que no quiso bajarse la bombachita. Y ahí, inmediatamente, aparecerán los guardaespaldas de la elefanta, que le iniciarán una causa a la hormiguita por semejante estrago, y por no querer cooperar con la justicia bajándose la bombachita para una objetiva requisa. De ahí concluirán y difundirán que el himenóptero no actuaba sólo sino que era respaldado por otras hormigas negras (y harán hincapié en el color de los insectos) que se sentían representadas por esa reina. Y ¡claro!, habrá un montón de gusanos, amigos de la represión y de las langostas, dispuestos a creer esa farsa, porque es sabido el odio que les tienen a las hormigas. Y más si son negras.

Pero ¿y si su idiotez, si su inutilidad no fueran sinceras? ¿Si de verdad actuaran de esa manera tan torpe, tan soez para ocultar su verdadero propósito; el de enajenar de tal manera a la sociedad, de hacerle evidente la tomadura de pelo, la burla, para buscar y lograr una reacción ciudadana que permita la intervención de Estados Unidos en la zona… (como lo busca la oposición venezolana, como lo busca Temer con su reforma laboral) para que papi esté más cerca, y pueda hacerse cargo de las cagadas de estos hijos de?

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Así no se puede (campaña electoral)

agosto 9, 2017 at 10:58 pm (Diario ínfimo (Sebastián Irtzuberea))

Tal vez suene descabellado o al menos paradójico decir que el problema de la situación mundial se debe a la falta de ambición de poder de los políticos que están o intentan estar en el ruedo. El “Sí se puede” de la campaña de Obama, luego copiado por la derecha argentina e imitado por cualquier derecha… ¿Qué es lo que se puede? Que no se sepa qué es lo que se puede hace más fácil la obediencia. Trato de explicarme mejor: si yo, personalmente, no sé lo que puedo ni lo que soy capaz de hacer, es inevitable que termine cayendo en una actitud de obediencia hacia alguien que sí sabe lo que puedo hacer y para qué soy útil. La falta de creatividad nos somete. Sigo oscureciendo, pero intentaré aclararme con el correr de las palabras.

Estamos a poco de las PASO de agosto y no veo en las candidaturas una ambición de poder sino simplemente un acomodamiento dentro del poder ya establecido. Es como si nadie se propusiera una banca en el senado en sí, sino lograr que otro no la ocupe. Unidad Ciudadana sí tiene ambición de poder (y no faltarán acá aquellos que no intentan interpretar lo leído a menos que ya haya sido filtrado y masticado por los medios grandes, y salgan a decir que esa ambición de poder es propia de totalitarios, desmesurados, esquizoides y con el Síndrome de Hubris explotándole en los poros); los demás buscan un ascenso del poder en función. Si es que es un poder en función, puesto que nuestro inefable presidente y toda su corte de cómplices no intentan un poder dentro de la estructura global, sino también un ascenso, una palmadita en la espalda o en la cola de los que ostentan el poder. No les interesa nada más que subir un peldaño más en la pirámide de las vanidades. Y la vanidad, como lo recordara Al Pacino en la película, es el pecado favorito del diablo. Entonces, ¿para qué buscar la verdad siendo periodista si la mentira puede ser mejor difundida y tener mayor alcance, tanto que alcance a comprar un departamento en Miami, o que coloque a familiares del periodista en cualquier ministerio? La oposición venezolana ¿quiere realmente el poder o sólo quiere quitárselo al chavismo, a la revolución bolivariana, para entregárselo a Estados Unidos o a las multinacionales, y así lograr un resguardo, un cobijo bajo el ala imperial?

Pero fijémonos en algunos estadistas que sí muestran una ambición de poder. Sólo por nombrar algunos y porque tal vez no hubiera más, pero qué pasa cuando resuenan los nombres de Putin, Maduro, Correa, Zelaya, Kirchner, Morales, Lula o Kim Jong-un (si queremos ponernos un poco más radicales). ¿Qué pasaba cuando sonaban los Gaddafi, Hussein, Chávez, Castro? Qué fácil es calificar a estos políticos de dictadores y locos desquiciados. Pero, ¿nos preguntamos por qué? No, para qué, a ver si todavía algo de conocimiento nos da el criterio y el poder de decidir por cuenta propia. ¿Para qué, si está visto que haciendo lo que nos mandan no nos va tan mal? Entonces ¿qué pasa cuando alguien se planta, con aciertos y/o errores, y descree del plan original, y comienza a hacerse respetar? ¿Qué pasa cuando alguien ambiciona de verdad el poder y no un reducto dentro de él? Nada, le mandan bombas, ejércitos, enfermedades, virus mortales, medios de comunicación y una oposición poco pensante pero muy actuante, que crea alianzas con cualquiera con tal de que ese alguien no gobierne.

No leí los libros de Tolkien, pero vi las adaptaciones cinematográficas de El Señor de los Anillos. Y por ahí iba la Comunidad del Anillo resguardando la joya, ante una constante amenaza de diversos personajes que no querían arrebatarle el anillo por el poder inconmensurable que otorgaba sino que querían quitárselo para poder entregárselo a su amo, a Saurón. No les interesaba el poder sino la conmiseración, la mirada, la consideración y benevolencia del patrón. Y ahí estaban los Nazgul que, según algunos entendidos, eran espectros fríos y sin rostro, sin poder físico pero que basaban su dominio en el miedo que inspiraban, cuyo hábitat era un medio entre el espectro y el humano, pero que alguna vez fueron “altos reyes”. Ahí estaba Saruman, que algún día codició el anillo pero que, aun siendo mago, se cagó en las patas y supuso que su amo sabría mejor qué hacer con el anillo que él. Ahí estaba la Boca de Saurón, que llevaba la voz de su amo a todos los mortales. Ahí estaban las huestes de orcos, esos seres universalmente descriptos, según una página de internet, como criaturas atrapadas en un odio constante hacia todo lo vivo, empezando por sí mismos, y siendo esclavos del miedo profesado hacia sus crueles amos, sin ninguna vocación artística pero con una tecnología dispuesta para la destrucción.. Y por supuesto: los trolls, creaciones dotadas de una fuerza y una violencia excepcional y escasa inteligencia.

(Un pequeño paréntesis: no faltarán aquellos siervos de Saurón que, utilizando sus mejores herramientas, promuevan la idea (la norma de conducta) que todo aquel que pretenda un anillo que no es suyo terminará como Gollum.)

Entre uno de los mejores servidores de Saurón había un nazgul denominado Rey Brujo. De él, su profecía decía: “Lejos está todavía su condena, y no caerá por mano de hombre”. La profecía terminaría de cumplirse en la batalla de los Campos del Pelennor, cuando Eowyn, la sobrina del rey de Rohan, le concediera un merecido descanso.

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Maratón de la suerte

junio 8, 2017 at 7:41 pm (Diario ínfimo (Sebastián Irtzuberea))

En la escena más popular de Marathon Man, el personaje que interpreta Lawrence Oliver pregunta: “It is safe?”, “¿Están a salvo?” o “¿Está seguro?”, dependiendo de la traducción. De cualquiera de las dos formas resulta bastante alarmante si la pregunta viene de alguien que empuña en una de sus manos un instrumento odontológico. Es inevitable no pensar que un dentista, además de extraerte una muela o una caries, también quiere extraerte una confesión. Todo tiende a la tortura, desde la sala de espera, donde el torno se amplifica como una sierra eléctrica, hasta el hedor, esa mezcla de clavo de olor y látex, pasando, por supuesto, por el instrumental, cuyo diseño no es más que la imitación a escala de las peores máquinas de tormento de la Edad Media, y la luz enfocada directamente a los ojos para que no podamos reconocer los rasgos de quien nos atiende.

Será válido, entonces, si antes de una consulta con dicho profesional se preguntan si están a salvo o si es seguro. Y puedo responderles: ni más ni menos que cuando visitan un neurólogo, un psiquiatra, un mecánico de coches o un gasista. Nadie visitaría a esta gente, a menos que mediare algún parentesco, alguna amistad o algún afecto, pero si pudiera elegir se alejaría lo más que pudiere; la visita se da porque hay un bien físico, mental o material que está en juego o en riesgo. También puede tratarse de un bien moral, entonces uno visita a profesionales que atienden su consulta en las iglesias. Curas buenos hay, como también los hay dentistas, plomeros, pilotos de aviones, periodistas, etcétera, pero no nos olvidemos que no dejan de ser, antes, seres humanos.

A lo que iba: después de mucho tiempo, casi una década, volví a ser parte de una obra social (queda claro que hablo de la entidad que administra las prestaciones médicas a un trabajador, no de un aporte a la humanidad por mi parte), así que decidí ver cómo iba mi dentadura. Mal. Pero bueno, tampoco vine a hablar de mi condición oral. Tuve un presentimiento no muy sano con el profesional que me atendió, algo me olía mal (pensé que la próxima consulta sería a un otorrinolaringólogo). Había algo que no me cerraba, además de la boca mientras me revisaba. Dijo que había que extraer dos muelas, me tiró dos alarmas más y me derivó a su consultorio privado. Pero que me apurara. Pensé que el matiz de esto último se debía a una urgencia sanitaria pero en su siguiente aclaración noté que se debía a que en dos semanas entraba en sus vacaciones. Dejé que se las tomara tranquilamente, y yo me dejé estar un tiempo. Luego volví a sacar una orden pero pedí verme con otro profesional de la obra social. Una mujer. Me dijo que había que extraer una muela y la otra era salvable a través de una endodoncia. Me derivó a una especialista en tratamiento de conducto que hizo su trabajo. En el consultorio contiguo sentí la voz del primero que me atendió con un speech igual o similar al que me había hecho a mí, y también derivando a alguien a su consultorio privado. Me sentí seguro. La segunda doctora terminó su trabajó y a su vez me derivó al profesional que me terminaría el trabajo de restauración. “It is safe?”, resonó la voz de Lawrence Oliver cuando vi que el encargado no era ni más ni menos que el profesional del que creía haberme librado. Sentí ganas de correr y no parar hasta que todo acabara.

Hubiese estado bien. Pero la verdad es que me encontraba atado a una silla. Tenía que sacar una orden para que me viera el Dr. Christian Szell (más adelante tal vez explique por qué no uso el nombre verdadero de este profesional). Cada orden por consulta tiene un valor de 50 pesos, por lo que, ya que de igual forma me iba a tener que atender con él, aproveché que estaba en el consultorio contiguo y lo consulté. Debo reconocer que ese día mostró cierta disposición y algo de deferencia hacia mí. Me habló de las distintas variantes para reconstruir el molar donde habían profanado los conductos y que tenía que ver si la extracción del molar adyacente sería simple o necesitaría una cirugía (aunque otros dentistas aseguraban que era simple), y ahí nomás me extendió una tarjeta personal (la segunda, pues al parecer se había olvidado de nuestra primera cita) para que sacara un turno para su consultorio personal, y que allí sólo me cobraría 50 pesos más de lo que gastaría siendo atendido en los consultorios de la obra social.

Adelantándome a su diagnóstico, contacté con otro profesional, puesto que en el tema de implantes es poca o ninguna la contribución de la entidad. Sin embargo, antes le solicito un turno por medio de un correo electrónico, recordándole que me había pasado algunos presupuestos y que ya, más o menos, sabíamos lo que iba y tenía que hacer. Él me contesta el mensaje diciéndome que prefiere no tratar por ese medio sino que le mande un WhatsApp o le haga una llamada al celular “(esto solamente para pedir turno no para consulta via telefonica)”, aclara, sin importarle el uso de los tildes. Uno entiende que mucha gente opta por no tildar ni poner ningún signo de puntuación, como si la tecnología los absolviera de la gramática, sin embargo, y si bien rapido, dias, ahi, descontare, odontologico, también carecían de tilde, se tomó el trabajo de ponerlos en recién, andá y algún, por lo que no se trataba sólo de un lenguaje pensado para las nuevas tecnologías. Luego me conmina a visitarlo a su consultorio, y que ahí “en una consulta vemos y te paso costos”, me dice; que la consulta sale 300 pesos “que te descontare luego si te hago algún tratamiento odontologico, y añade que me puede dar turno para ese mismo día a las 17 horas. Le contesto, ya por WhatsApp, que se me complica ese día. Él me dice que “”, pero que le confirme apenas pueda, y me recuerda que la consulta me la va a cobrar pero que después me la descontará y me hará un mejor precio por ser afiliado pero que “sigue siendo en forma particular la atención, sí?”, me remarca. Le contesto que esa semana ando medio ocupado, pero que ya le escribo para la próxima.       Dale”, me alienta, “pero no te dejes estar”, se preocupa.

Al día siguiente le escribo: “che, disculpá la curiosidad, pero ¿por qué 300? Me dijiste que por ser del sindicato sólo me cobrabas 50 pesos más por particular”. “De las prestaciones que se hacen en el sindicato”, me contesta. “La consulta es una de las prestaciones”, le retruco. Ahí parece que el Dr. Szell pierde los estribos y se pone vehementemente a hacer hincapié sobre sus costos y la atención particular, aunque enumerando, es decir, diciendo: primero, bla bla bla; segundo, patatín patatán, tercero, otra fruta. Y al finalizar su colérico discurso (o a mí me lo pareció así: nunca se sabe en este tipo de medios porque el matiz se lo pone uno), me aconseja que me siguiera atendiendo por el sindicato o me buscara otro médico. El punto es que no tendría inconveniente en hacerme atender por el sindicato si en el sindicato no atendiera él (¿Cómo me atendería sabiendo lo que “conversamos”?). No quise referirle el absurdo en el que había caído. De todas maneras, yo para ese entonces había seguido su sabio consejo aun antes que me lo diera y ya tenía turno con un odontólogo de confianza… mujer, ella. Le escribía como una forma de revancha personal. En todo caso, él podía cobrar lo que le diera la gana; era su consultorio, pero había cosas que dijo y luego fueron otras. Creo que se sintió descubierto, develado, y por eso el tono de resentimiento que yo creí leerle. A su advertencia de que pagara sus costos o me buscara otra persona, respondí que me disculpara, que me había confundido y llegué a creer que él sabía algo de deontología, pero que mi error fue no saber ver que él sólo sabía de dentología (sí, inventé la palabra para poder cerrar el chiste), pero que a mí no me importaba hacerle llegar la “O” que le faltaba, y le envié esto: . Los emoticones son como las varitas mágicas o el anillo de Sauron: depende cómo se los use.

No quise poner el nombre verdadero de este dentista, primero, porque no estoy seguro de que la cantidad de personas que leen este blog sea ingente, y mucho menos si entre ellas hay alguna relacionada con algún órgano regulador; si quisiera denunciar tendría que haberme dirigido a una entidad afín o a la misma obra social, aunque es posible que en su burocracia me terminaran sacando más guita que el dentista y ninguna muela perjudicada. Además, o segundo, porque no es el único odontólogo que trabaja de esta manera. Ni odontólogo ni neurocirujano ni plomero ni técnico de televisores ni administrativo de la AFIP. Muchos lo hacen así, porque trabajan con el miedo, porque se aprovechan de lo que uno, cualquiera, desconoce, y la ganancia resulta mayor proporcionalmente a lo que el cliente siente que está por perder: no es lo mismo una muela que un corazón, ni la casa compartida durante un derrumbado matrimonio que el canal 13 se vea borroso y con interferencias. Da miedo lo que se desconoce, pero el que tiene dinero paga lo que le piden o no tiene inconveniente en pagar más por otro médico u otro electricista. Lo fulero de alguna gente es que comercia con el miedo y la pobreza, porque un pobre con miedo, con desconocimiento, no alberga otra esperanza y se aferra a esa única opción que tiene. Obligan a la resignación. Jode en este tipo de personas lo rastrero, lo bellaco. Y por último, o tercero, no quise poner el nombre de este tipo porque admito la posibilidad de que todo haya sido un malentendido, una mala interpretación de palabras y matices…

¿Está seguro?

-No sé a qué se refiere.

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Los animales sueltos son intratables

junio 1, 2017 at 1:11 am (Diario ínfimo (Sebastián Irtzuberea))

fantinoTengo un amigo que está convencido que un debate, una conversación sobre política debe empezar y terminar por el tema de la Corrupción (sí, él lo pone en mayúsculas y negrita, aunque lo esté diciendo en voz alta), por eso es muy difícil mantener una charla de política con él. Es uno de los que no quiere a Cristina, aunque no estoy seguro que sepa bien por qué, simplemente no la quiere… Y no importa el debate que se esté manteniendo, pero él se las ingenia para meterla a ella o a los funcionarios de su gobierno en el brete. Funciona con el mismo reflejo que los trolls de Marquitos Peña, independientemente de lo que se esté hablando o de cuál sea la noticia. No importa si Odebrecht tiene a todo el gobierno de Macri con el culo entre las manos por coimas e irregularidades, la respuesta es: “Y los bolsos de López”, “Y lo que choreó La Cámpora, que además iban armados” (y si uno les pide que desarrollen el tema se vuelven locos porque sólo son capaces de recordar los titulares de Clarín y los zócalos de TN). No importa si la inflación supera con creces la de gobiernos anteriores, total siempre es culpa de la “pesada herencia”, y por esa misma razón es que en un año y medio nos endeudamos como nunca antes lo habíamos hecho y se triplicó la fuga de capitales, pero eso es culpa de Báez y sus negocios con la chorra de Cristina. De nada sirve comentarles que cada vez que investigan a alguien para acusar a CFK y tratar de proscribirla para siempre, cada una de esas veces aparece implicado un socio o un testaferro de nuestro no sé que adjetivo ponerle presidente. No importa si tienen a la justicia agarrada de las bolas y a los genocidas lamiéndoselas o viceversa, no importa si le recortan medicamentos a hospitales y jubilados, no importa si se desmantela la educación pública, si se cierran las industrias o aumenta el desempleo por las políticas de este gobierno, no importa si se empeñan los recursos naturales y se regalan las Malvinas, o si se les chupa las medias a todos los países que se cansaron de saquearnos, ni si Macri va a China en un viaje de negocios e intenta condonarle una deuda a su padre, ni si se tira al bombo a YPF en un servilismo genuflexo, al igual que a Aerolíneas Argentinas, ni si la Ministra de Seguridad no sabe dónde queda Salta o si ninguno de ellos sabe que cuernos pasó un 25 de Mayo de 1810, porque además desconocen que fue ese año, ni si la titular de la Oficina Anticorrupción (esa palabrita que tanto les gusta) fue puesta a dedo (porque no cumplía con los requisitos requeridos) para tapar todas las miserias que el PRO barre bajo la alfombra y para denunciar hechos, cual cualquier Carrió, que más que para hacer justicia sirven para desviar la atención. No importa que haya bajado el consumo de leche, carne y pan y que a su vez haya subido el de champaña y 4×4. No importa que haya escuchas ilegales, porque son para frenar el comunismo de Kicillof, ni que la Policía irrumpa en los secundarios ni que los militares vuelvan a copar las calles; no importa que se perdone a los criminales de lesa humanidad, no importa, porque siempre recurrirán a Hotesur, a los bolsos de López y a la yegua y chorra que nos reparió. ¿Qué es lo que saben de eso a lo que apelan? No más que lo que le dan masticado los medios de comunicación. ¿Y qué saben los medios de comunicación? Que deben cuidar este gobierno porque ellos lo pusieron ahí para que les restituyan lo que los “populistas” le habían arrebatado.

En vano uno trata de hacerles entender que un resentimiento inducido, un odio inoculado, una rabia contagiada no son un argumento político. Por supuesto que la corrupción es condenable, en todos y en cualquier caso. Le acerqué ambas reflexiones durante la conversación. Las pasó por alto porque continuó en su obstinada diatriba y en el encarnizado intento de que yo condenara o aceptara que López debía ir preso. También le hice saber que en ningún momento defendí al tal López, nada más decía que un debate de política no tiene que cerrarse sólo en el tema de la corrupción porque si no entramos en una espiral de la que no salimos más y es ahí donde un debate político se convierte en una mera discusión partidaria y maniquea. Tampoco pareció hacer caso de esto, o no lo debe haber leído… sí, “leído”, porque la discusión se resolvía en un grupo de WhatsApp. Como si ya no fuera difícil mantener una conversación civilizada de temas políticos frente a frente, se nos ocurre hacerla por este medio.

Comenzó con uno de los chistes que suele enviar este amigo (en adelante A) para despotricar contra el gobierno anterior. La derecha, el conservadurismo, además de ser (como cualquier enfermedad) una rama específica de la mala educación, suele ser muy poco creativa, casi nada ingeniosa y apenas graciosa (podemos citar a Miguel del Sel, Nik, Lanata y el hijo bobo de Tato Bores entre los más notables exponentes de este tipo de humorista, y ya ven la gracia que hacen). Yo opté por ignorar ese tipo de agravio (el que corresponde al mal gusto no el idiosincrático), pero otro amigo (en adelante B), que tampoco se caracteriza por su adoración a Cristina, respondió: “Avisen cuántos añitos más hay que darle a Macri pa q haga algo”. Ya que la bomba estaba echada, sugerí que le preguntaran a A o a P (otro participante del grupo con un alto nivel de encarnizamiento para con CFK), que ellos tenían la data. A contesta con una guarangada que golpea un poco a este gobierno pero sólo con la excusa de martillar al otro de rebote. Entonces B cuenta su experiencia: dice que en los últimos 12 años él pudo crecer más que su familia en toda su vida y que en este último año y medio tuvo que cerrar su negocio, que lo había mantenido durante 20 años pasando momentos feos como los del menemismo, incluso. Ignorando el triste relato de B, A argumenta (¿?), con tal de meter a todos en la misma bolsa, que nunca tuvimos un gobierno que hiciera las cosas relativamente bien. Ahí me meto y me dirijo casi solamente a A: le digo que bastaba con mirar qué era lo que este gobierno estaba destruyendo con tanto ahínco para darse cuenta lo bueno que había hecho el anterior, pero que además me había cansado de enumerarle cosas que se habían hecho bien durante el llamado kirchnerismo. A se aferró a una denuncia de Laurita Alonso, en el programa de Majul, contra 6-7-8. Evidentemente no sabe quién es Laurita Alonso y Majul, y se lo hago saber… no es que no los conozca, es que no sabe o no quiere saber que de trigo limpio sólo les queda el abono. Y ahí se encarnizó con lo de López y Báez y no quedó conforme hasta que yo dije que si son culpables deberían ir presos junto con los que están detrás de ellos. Recién ahí se conformó y abandonó, triunfal, la conversación. Se habría ahorrado un precioso tiempo si hubiese leído antes, desde un principio, que nadie estaba de acuerdo con la Corrupción, pero estaba tan obsesionado en que aceptáramos la palabrita ligada al gobierno anterior que no se permitió abandonar antes la discusión ahorrándonos un tiempo precioso.

C, otro amigo, suele decir que hay personas dispuestas a sacrificar lo que tenían en aras de no dar el brazo a torcer, de no aceptar lo evidente porque eso los colocaría en el lugar del error. También dice que hay personas dispuestas a sacrificar lo que tenían con tal de que otros, que gozan de una condición peor a la de ellas, tampoco lo consigan. C suele ser algo radical. Pero es cierto, aunque C no lo haya dicho, sino que lo digo yo después de una asociación mental, que hay personas que se niegan a un debate sobre política (también pasa mucho en los programas de panelistas). Se niegan o se ven imposibilitados de sostener una conversación o de emitir un argumento porque es tal la satisfacción que sienten al pronunciar la palabrita que la boca se les llena de una efervescencia como de caramelos Fizz, como de burbujas de champaña, como de vitamina C de Roche que les impide una oración compuesta proveniente de una reflexión larga. Entonces, cada vez que pronuncian la palabrita se les llena la boca y la garganta de burbujas, de una espuma que rebalsa incontenible, como la de la rabia, ésa que transmiten algunos animales domésticos u otros seres silvestres.

Hay otra palabrita que también ocupa un lugar placentero en boca de estos especímenes: “Patria”, que es al concepto que aluden cuando quieren hacer ver que el otro les importa, aunque en realidad les importa un bledo.

“Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” Juan 8:44

macri-risa

 

 

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Ni olvido ni perdón

mayo 11, 2017 at 11:38 pm (Diarios de Motoneta (el Chango Vergara))

“La memoria despierta para herir
a los pueblos dormidos
que no la dejan vivir
libre como el viento”

León Gieco

Yo me pregunto: cuando este tipo dijo que se proponía convertir a Argentina en el supermercado del mundo, ¿en qué pensaba el 51% que lo votó? Estaba clarito en el enunciado: trabajaríamos para que el resto del mundo gozara de nuestros productos y nuestro servicio, y romperíamos con un mercado para nosotros mismos, para nuestro autoabastecimiento. Seguramente pensaban en pajaritos y en que serían parte de ese mundo. Y tal vez algunos lo sigan pensando. Los mismos que pensaron alguna vez que ser el granero del mundo era una alabanza y un reconocimiento global hacia el buen hacer argentino. ¡¡Maradó, Maradó!!

Para esos a los que les gusta pasear entre góndolas, aunque después no compren nada y se vuelvan a sus casas con las manos vacías luego de hacer una reverencia educada y cómplice a los que hacían las cajas, les cuento que el súper, además de haber hipotecado nuestros bienes y recursos naturales, tiene una nueva oferta: el 2×1, el que permite a los violadores, torturadores y genocidas salir en libertad. El CEO principal del supermercado tardó una semana en pronunciarse sobre esta medida. Todos sabemos que la rapidez en una respuesta no es su fuerte, si es que llega a esbozar una. También sabemos que el resultado de las encuestas tardaba en llegar, de ahí la demora. Sin embargo, esta resolución de la Corte Suprema les sirve a los esbirros del presidente para decir que, nos guste o no, una verdadera República funciona gracias a la separación de sus tres poderes. Olvidan decir, por supuesto, ¡qué cabecitas las suyas!, que dos de los tres jueces que votaron a favor del 2×1 para los genocidas habían llegado a la corte por decreto y luego aprobados en el Congreso por senadores y diputados que entienden que en épocas de transición conviene acomodarse para caer siempre parados… o sentados en un sillón que se niegan a abandonar; tal parece ser, también, el motivo del tercer juez (jueza, en este caso) que votó a favor del 2×1.

presos cuidadosEl relato de la división de poderes le viene bastante bien a los que se pasean por las góndolas admirando y deseando tanto producto internacional, creyendo ser parte de un mundo que nos da la espalda por cagarnos, y en esto es en lo que más nos acercamos a esos países que tanto admiran, en las leyes internacionales, y en lo único que quizá hacía que nos admiraran en el resto del mundo: nuestro acercamiento a la Verdad, a la Justicia, a la Memoria, ese contrato social que nos obligaba a combatir el olvido. Sin embargo, ahí están los paseanderos, los gondoleros, obnubilados con cuanto envase brillante se les presente, sin escuchar que por el altavoz, el CEO del supermercado (que se cree el dueño) repita que hay que acabar con el “curro de los Derechos Humanos”, y que cualquiera de sus cajeros, cada vez que agarran el micrófono, ningunee la cantidad de desaparecidos, aproveche para reinstalar la mentira de los dos demonios, la guerra sucia, y el “algo habrán hecho”. En su cinismo, su ignorancia, su cobardía y su prepotencia son capaces de mal citar a Osvaldo Soriano y proclamar a viva voz: “No habrá más penas, sí olvidos”.

Recién después de la marcha en contra del 2×1 salió Macri a desmarcarse de la decisión de la corte suprema. Alguno de los suyos había salido antes luego de examinar la reacción de las redes sociales y los resultados de las encuestas, pero ahí se ve claramente una de las principales estrategias de este gobierno (¿?): el despegarse rápidamente de algo cuando es muy fuerte la parte de la población que se halla en contra, y la de no hacerse cargo de ninguna de sus cagadas y culpar al otro. La táctica de la prueba y el error; la táctica de la prueba y el terror. Un Estado del Terror; un Estado del Error.

Pero nosotros como ciudadanos no podemos permitirnos otro error, ni mucho menos el terror. Sólo debemos saber de dónde vienen los Macri, tal vez el apellido con menos linaje de este gobierno, y cómo se enriquecieron durante la dictadura cívico-militar; saber de dónde vienen los Peña Braun y los Menéndez y qué fue lo que dejaron en la Patagonia más allá del exterminio; de dónde los Pinedo (un historial largo pero que en sus orígenes está la entrega de las Malvinas por uno de sus antepasados), los Rodríguez Larreta, los Bullrich, nombres que aparecen a lo largo de la historia argentina sin más objetivos que apropiarse de ella… de la historia y de la Argentina.

Y después está la Iglesia, que se rasga las sotanas ante el aborto y promueve cartelitos con un feto que rezan: “tengo algunas semanas; quiero vivir”, pero después propicia este tipo de leyes y habla de una reconciliación, siendo que ninguno de los criminales se arrepiente, con lo significativo que es el arrepentimiento para la Iglesia (no así para los criminales que la componen).

Y mientras nosotros nos ocupamos de estos temas que agreden y humillan a la humanidad entera y salimos a la calle, ellos siguen hipotecándonos o robándonos. Como si lo hicieran a propósito, como si nos ofendieran de tal modo que ocuparan nuestras fuerzas y nuestra humanidad en algo que no son sus negocios, aunque estos también son sus negocios, y son deudas que deben abonarle a los militares de antaño.

Octubre está más cerca de lo que parece. Se puede ser cómplice o se puede ser necio. Pero ¿qué tan necio se puede ser?

Que no haya más penas ni olvidos.

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Depende (quincuagésimo intento por comprender a una fracción de la población argentina)

marzo 30, 2017 at 7:26 pm (Diarios de Motoneta (el Chango Vergara))

Depende… ¿De qué depende? Jarabe de Palo

Tenemos lo que nos merecemos, es cierto, pero ¿qué hicimos para merecer esto? La primera respuesta que se me pasa por la cabeza es haber duplicado la clase media durante los gobiernos del kirchnerismo. Esta aseveración no es gratuita ni para nada partidista, puesto que son datos del Banco Mundial, organismo, por cierto, reacio a las formas de gobierno de dicho periodo. La clase media suele morder la mano que le da de comer y lamer la bota que la saca a patadas de bajo de la mesa, como decía, más o menos, Hoffer. Creo que fue Jauretche el que advirtió sobre este comportamiento, que cuando está bien (la clase media) vota mal, y cuando está mal, vota bien. Y puesto que la clase media no sabe votar, este gobierno de Cambiemos hace muy bien en reducirla, y hasta ahora parece ser lo más afín que intentó para que la democracia funcione.

En segundo lugar se me pasó el recuerdo de una frase que oí repetidas veces en distintos personajes y diferentes escenarios. No la citaré textual, porque tiene algunos matices, pero termina diciendo que se está mejor dependiendo de un salario, por más ínfimo que sea, que tomar las armas contra un piélago de calamidades y hacerles frente; que es más seguro una miseria mensual que la incertidumbre de un emprendimiento propio. Nunca vi tanta gente animándose a esa incertidumbre como en la década pasada. De pronto se abrían negocios donde antes no había nada… y funcionaban. Pero menos mal que este gobierno nos vuelve a liberar de la incertidumbre y la oscuridad haciendo que esos emprendimientos se fundan y cierren, y sus dueños vuelvan a aceptar un trabajo mal pagado para enfrentar sus deudas y las necesidades de su familia; es mejor así: es más seguro.

Venimos preparados para la dependencia; y si nos cortan el cordón umbilical, nos aferramos con fruición a una teta, porque nos negamos de entrada a valernos por nosotros mismos. Siempre es más fácil culpar a una teta por nuestra malnutrición que hacernos cargo de la propia ineptitud; la culpa es del otro.

Resulta simple, entonces, entender por qué nos representa un tipo que, por cómo se expresa, parece que habla con el chupete puesto; que no alcanza a escapar de su cunita de oro; que no le importó romper todos los juguetes que le daban porque papá ya compraría más, y lo mismo hace con las empresas (que hasta tuvieron que llenarlo de empresas ficticias y fantasmas para que no arruinara las verdaderas). En cierta manera, también acepta que vivir de un salario es más seguro que tomar riesgos (aunque es un salario bastante menos miserable que el de cualquier otro pelandrún), porque, al menos yo, no veo que tome ninguna decisión por cuenta propia, aunque le hagan creer eso. Este tipo es el colmo de la dependencia, y por eso representa a esa clase media que lo votó, aunque su fin último (o el de otros a través de él) sea eliminarla.

De lo particular a lo universal: los que lo rodean son igual de dependientes que él, están igual de subordinados, y por eso saben que si se mandan alguna cagada vendrá Papá Fuerzas de Seguridad a velar por sus bienes; o Papá Medios Monopólicos de Comunicación a ocultar sus fechorías mientras echa culpas y señala con el dedo al vecino de enfrente.

De lo particular a lo universal: esta gente que nos gobierna pertenece a la oligarquía nacional, pero se comporta como clase media universal, y va a esconderse, con la cola entre las patas, bajo de la mesa global a ver si caen algunas migajas antes de que les den un boleo en el orto con las botas recién lustradas. Y porque tienen la absurda idea de que Papá EEUU o Papá Europa o Papá FMI o Papá BM los va a proteger si sacan a pasear el perro. Y ahí andan ahora, gastando una millonada de plata en armamentos que no necesitamos, porque como argentinos y civilizados nos veníamos declarando pacíficos, excepto por ese fatídico episodio de querer recuperar unas islas que son nuestras. Pero la compra de este material bélico por supuesto que no tiene que ver con esto, porque este gobierno ya salió a recibir a los ingleses moviendo la cola y enseñándoles dónde enterró el hueso; incluso ya borró las islas de los mapas de Argentina. Buen perro, buen perro. Según ellos es para combatir el terrorismo, pero sus cerebritos de escuela privada no alcanzan a dilucidar que es todo lo contrario, que ese armamento no sólo es inútil a la hora de combatir el terrorismo sino que funciona como un imán para atraerlo, porque son los terroristas más grandes del mundo quienes nos lo venden. Qué importa si son armamentos viejos y que nos los venden porque ya no sirven, y porque no saben dónde metérselo (igual que con el sobrante de tecnología), total es plata del Estado y eso es mejor que seguir alimentando ñoquis y que los negros estudien, si total los pobres tienen que caer en la educación pública, donde nadie ha hecho nunca contactos con gente importante, con gente como uno. A saber lo que nos ha costado hacer que nuestro malcriado pequeñín saliera haciendo el paripé con dos realezas europeas que sí saben lo que es un verdadero paripé.

Tienen pavor a todo lo que huela a autonomía, le escapan como a un diario enrollado o a una alpargata. Porque la autonomía los hace responsables. Por eso tienen un plan sistemático para reventar todo lo que nos acerque a ser un país soberano. Por eso repudian y reprochan al gobierno anterior, por eso ansían tan vehementemente la revancha. Por eso anhelan que revienten las industrias; para ser niños buenos exportadores de trigo, para que papá nos dé el pan duro que le sobra. Por eso le retiran fondos a la ciencia, para que papá nos haga progresar. Por eso desvalijan lo destinado a la educación pública, para que papá nos eduque, nos aleccione. Por eso saquean la salud pública, para que nos cure papá. Y les jode horrores que haya gente que tenga logros sin la ayuda de papá. Por eso necesitan dependientes que les lustren sus zapatos así ellos dedican la totalidad de su tiempo en lustrar zapatos más grandes; porque esos pequeños lamedores los hacen grandes.

Se estuvo hablando mucho del Indio Solari en estos días. No hablaré sobre lo trágico del recital en Olavarría, pero sí de por qué el Indio les molesta a esta gente (como les molesta cualquier artista con preocupación social que haya tenido el tupé de ganar plata trabajando); les jode que no haya tranzado. Lo primero que hicieron los medios de comunicación fue mostrar la casa donde vivía, como tratando de hacer ver que el Indio no puede representar a toda esa jungla de gentezuela capaz de atravesar un país para verlo. Les jode que haya llegado hasta allí sin un papi protector. Les jode que sea un apólogo de la autonomía (y por eso no les costó meterlo en la bolsa kirchnerista). Les jode que su pedido haya sido que nos cuidemos entre nosotros, porque esos papis, los que aseguran cuidarnos, no son nuestros pues somos huérfanos. De eso hablaba Cristina cuando en su último discurso como presidenta dijo que nos legó el empoderamiento popular. Les jode que existan otros sectores que, cansados de ser globo-dependientes, se organicen en busca de una independencia negada desde el principio (aunque esta gente la niegue desde sus “principios”).

Existe un sector de la clase media que todavía se siente representado. Es el sector que repite la cantilena de haberse roto el culo para llegar hasta donde llegó. Es el sector que no tolera ver que otro, el de al lado, que seguramente estudió en una institución pública, haya obtenido logros parecidos con el culo intacto. Es el sector que entiende que su aporte democrático y republicano es ir a votar cada tanto, para que otro (mejor si es empresario, porque si ellos supieron hacer guita la van a saber hacer con el país… además que no van a robar) los salve… como cuando apuestan a la creencia de un ser superior: para que los salve. Como creyentes no se conforman con haber recibido la existencia, sino que exigen que esa existencia sea como ellos desean que fuese pero sin hacer mucho esfuerzo. No. Ya tenemos la existencia. Ahora salvémonos nosotros.

Lo extraño es que, si es un sector que tanto ansía la dependencia, y aquí está la paradoja, debería también anhelar un Estado más presente, aunque no se dé cuenta todavía que es tan parte del Estado como lo es cualquier otro.

Macri-Gato

(N del E: si bien la analogía con los cánidos sirvió para ilustrar o explicar esta opinión, todos sabemos que MM es gato)

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Informe de la situación XVI

enero 25, 2017 at 4:31 am (Uno que juega)

Como toda persona que ostenta cierto poder jerárquico, o que está convencida de tenerlo, nuestro Director del blog nos exigió un informe que nunca leerá, o que leerá y no entenderá, o que entenderá y le importará un comino. El motivo, dice, es para hacer un paneo del panorama laboral con el que cuenta después de unas largas y concedidas vacaciones. Cabe informar que lo de vacaciones es un eufemismo para retratar las pocas ganas y la mucha justicia de nuestros colaboradores al negarse a colaborar viendo atrasadas sus remuneraciones. Siguiendo en plan de “sinceramiento” que tan de moda está en nuestros tiempos, conviene aclarar que es un atraso que nos acompaña desde los principios de este blog, de no ser por algunas esporádicas compensaciones como las remeras que sobraron del fallido emprendimiento textil, tal vez por negarse nuestro Director a contratar niños en situación precaria o mano de obra extranjera y esclava, que es lo que hace que un negocio de indumentaria funcione.

ojoLe preocupa a S.R., nuestro emérito Director, la falta de constancia de nuestros colaboradores. No tanto del detective Humberto Gauna, cuyas “tareas humanitarias” en el nordeste de la provincia salteña le impiden esta hazaña. El entrecomillado es nuestro y tiene que ver con que cada vez que nos llega alguna información del mencionado personaje aparece tomando vino y tocando la guitarra junto al curita Elías y el cantautor Errolan, siendo la envidia de Manu Chao, pero nada nos dice, ninguna de esas informaciones, de su contribución a las etnias minoritarias; Gauna hacía mucho que no colaboraba con nosotros.

Como hace mucho también que no lo hace nuestro Licenciado Nolrad Leira. Su último aporte data del 15 de octubre de 2015. Al ser consultado por su desidia, para la elaboración de este informe, nos contestó que “por él, nos fuéramos bien al cuerno”. Nunca deja de sorprendernos su lograda erudición. Al enterarse de la respuesta, nuestro director comentó que no se puede confiar en los académicos. Sin embargo, su última colaboración es bastante posterior al Informe XV, que es el inmediato anterior a este que se escribe y se lee. No decimos con esto que haya sido el último Informe solicitado, pero sí el último concretado.

Teme, más que nada, nuestro Director por la falta de voluntad de nuestros más asiduos colaboradores: el Chango Vergara, Sebastián Irtzuberea y Uno que suscribe. Y más que nada por los primeros, porque Uno, mal que mal, siempre está. Es dable notar que quien venía contribuyendo con mayor frecuencia era Vergara, aunque con unos textitos demasiado radicales para mi gusto, según palabras de nuestro Director. Ninguno cree que las opiniones de nuestro Director pudieran importarle un bledo a Vergara; optamos por ni siquiera consultarlo.

Pero Irtzuberea… Y no es que el trabajo no le deje tiempo… Cualquiera sabe que se dejó de comer las uñas para poder rascarse a dos manos. Lo llamamos. Se encontraba preocupado por una circunstancia que lo envolvió un domingo por la tarde cuando salía del trabajo. Según él, decidió incursionar por un callejón por el que nunca había transitado; no a esa altura, por lo menos. Le causó asombro encontrarse con varios rodados a contramano. Más bien, a él le parecían a contramano, porque todos los autos estacionados apuntaban sus faroles en dirección contraria. Así a lo largo del corredor, siendo que al llegar al tramo del callejón que él conocía pudo corroborar que, en efecto, todos esos vehículos habían circulado en dirección contraria. Y cuando decía “todos”, decía una cantidad ingente, siendo que en ningún momento de su travesía vio un transporte circulando acorde a lo pactado. Pero que lo impactante de la circunstancia era que lo irregular normalizado le recordó el tema principal de su novela más celebrada (novela, aclaremos, que aún no fue publicada, y que tal vez por eso sea tan celebrada). Y que ese hecho singular fue lo que, en realidad, lo impulsó a empezarla. También confesó que desde ese domingo hasta ahora habían pasado más de cinco meses y que había avanzado casi una página. Y lamentó no estar al cien por cien para contribuir con este blog, pero que la experiencia con su celebrada novela (inédita e inescrita) no sólo le probó el cansancio propio del tiempo transcurrido, sino que lo obligó a admitir que su problema vital era la falta de método. Pero que ahora que lo pensaba bien, no era una falta de método sino, más bien, una mutabilidad del mismo, que él poseía un método pero que se veía obligado a reinventarlo a cada rato, haciendo que no llegara nunca a implementarlo del todo ni a terminar de comprenderlo. Y que por eso no sólo no podía terminar su celebrada novela sino que ni siquiera podía empezarla.

Alguno podría pensar que más le conviene a nuestro Director temer por este colaborador, en particular (o por Uno, que nunca falla), que por Otro, en general, pero Ninguno cree que nuestro Director tema por Nadie en particular. El tema es que esta conversación se filtró y llegó a oídos de nuestro Director, cosa que está muy de moda en estos tiempos, siendo que la escucha de conversaciones ajenas y privadas no sólo es inmoral e indiscreto sino que en ciertos niveles resulta ilegal, le pese o no a este país y a otros de igual o mayor envergadura. Inmediatamente buscó asesoramiento jurídico para indagar si la autocomplacencia era motivo de baja laboral, y que en caso contrario tomaría las medidas convenientes aunque tuviera que aplicarlas contra uno de sus colaboradores y contra uno de sus amigos más dilectos. Nadie duda que su amenaza pueda ser real: la amenaza es real en su condición, existe como amenaza. La llevada a cabo, la concreción de la amenaza real pertenece al campo de la ficción, y seguirá allí hasta su concreción, que será cuando pase indefectiblemente al campo de lo real, de lo que terminó por suceder… ¡Vamos… Que Irtzuberea no tendrá que asistir a ningún juzgado a menos que algún amigo imputado y procesado sentimental y patrimonialmente se lo pida!writer

Pero ni al Director ni a Nadie se le ocurre pensar que los antes mencionados son la columna de este blog, porque también está Uno, y hay Alguien que trajo Alguno, y Otro que siempre se suma, y Tal que ayuda a Cual, y Aquel que cuenta una anécdota, y Ninguno se calla… y Quién se queja. (*)

(*) El presente Informe fue redactado menos por la tendencia a la alcahuetería y por la obediencia debida que por las ganas de Uno de volver a reencontrarse con la escritura y con algo de sí mismo.

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Mentime que me encanta

diciembre 1, 2016 at 9:45 pm (Diario ínfimo (Sebastián Irtzuberea))

Cuenta Saint-Exupéry apenas comenzado El Principito que cuando tenía seis años leyó que las boas se tragaban sus presas enteras, sin masticarlas y después, inmóviles, dormían durante largos periodos, y que esa lectura lo motivó a hacer el famoso dibujo que ningún mayor podía apreciar, el de la boa que se había tragado un elefante que todos veían como un sombrero. Leí ese libro antes de entrar en la pubertad y también vi un sombrero, pero no me parecía imposible la idea de un elefante en proceso de digestión. Hace unos días encontré ese libro con la intención de ir leyéndoselo a mi nena, la más pequeña, así que para atraerla le mostré los dibujos y le comenté en pocas palabras de qué iba la cosa. Mi nena, que tiene cinco años, es decir, uno menos que el autor cuando dibujó lo que él creía su obra maestra, escuchó con atención y luego expresó con entusiasmo: “No me puedo imaginar que una boa abra la boca tan grande”. En todo caso también existía la aceptación de que pudiera ser otra cosa aparte del sombrero que ella también vio. Al pan, pan y al vino, vino. Por más que Saint-Exupery quisiera hacer quedar a los grandes como unos cuadrados faltos de imaginación, lo que había dibujado era un sombrero. Después está lo que cada uno quiere ver: si la copa blanca o los perfiles enfrentados negros, si la mujer desnuda o el perfil de Freud. Y por supuesto: también está lo que algunos no quieren ver.

Donde algunos sólo ven un palo borracho (ceiba speciosa) yo vislumbro una mujer embarazada y desnuda con los brazos al cielo y la cabeza echada hacia atrás.

Donde algunos sólo ven un palo borracho (ceiba speciosa) yo vislumbro una mujer embarazada y desnuda con los brazos al cielo y la cabeza echada hacia atrás.

El episodio recién mencionado me sirve como introducción a lo que pienso contar a continuación, con el fin de dilucidar el comportamiento y pensamiento de un sector importante de la clase media argentina (como también intenta explicárselo mi amigo y compañero en este blog El Chango Vergara). Dos puntos. Mi actividad en el whattsap es bastante reciente, desde que heredé un celular apto para esta aplicación. Anteriormente le daba uso de cuando en cuando mediante el celular de mi nena, la más grande. No soy muy devoto de estas prácticas, pero participo en dos grupos, uno de amigos de Mendoza y otro de amigos locales, con los que transitamos la escuela secundaria. Este último grupo nació con un fin organizativo, pero sólo sirvió en dos o tres oportunidades, después nada más nos juntábamos en forma fragmentada. En fin, el grupo volvió a su esencia: la de mandar memes, pornografía, chistes y algún comentario gracioso para paliar la soledad que cada uno lleva dentro o al menos para que uno se conforte comprobando que hay otros tan o más solos que uno. Hace poco reenvié unos memes que me habían llegado al otro grupo (pues no sé cómo conseguirlos por cuenta propia). No eran chistes aunque resulten cómicos si uno los mira a través del absurdo. El primero refería a que el Congreso, mientras todos estaban obnubilados, encandilados por la prensa, por una ley sobre carreras de galgos, aprobaba otra en la cual nuestro emérito presidente podía meter su mano en los recursos de la ANSeS (la Administración Nacional de Seguridad Social). El cuadrito finalizaba con un “Que no te metan el perro”. Casi inmediatamente reenvié otro en el que se explicaba que Melconián, el actual presidente del Banco de la Nación Argentina que tiene el 85% de su patrimonio en el exterior (así están las cosas), era uno de los bonistas que demandó a la Argentina junto a los fondos buitres. Y cerraba mis comentarios con un tercer meme que rezaba: “La próxima vez que quieras un cambio, hacete puto, así el orto te lo rompen sólo a vos”. No estoy seguro si uno de mis amigos se vio ofendido en su ideología o en su sexualidad, pero no tardó en responder con un meme en el que se veía a Cristina sosteniendo un cartelito que decía algo así como: “Vacié el país y todavía hay boludos que me defienden”.

No sé dónde leyó este chango que yo estaba defendiendo a Cristina (que lo haría sin ningún remordimiento y con todo el corazón, como corresponde a todo caballero), y se lo hice ver. Pero es que él y muchos más como él actúan de la misma manera que la gestión actual y la mayoría de los medios de comunicación: pateando la pelota a la tribuna. No importa de qué se hable, pero cualquier cosa es una excusa para pegarle a la gestión anterior y fundamentalmente a Cristina. No importa que el gobierno de Macri haya vuelto a endeudarse logrando un récord histórico y que nada de esta deuda haya llegado al sector público, total Cristina se robó todo; no importa que el presidente y sus secuaces quieran blanquear el dinero mal habido que ellos y sus familiares tienen en el exterior, total Báez la tenía enterrada; no importa que la vicepresidenta no logre explicar de dónde salió el dinero que le robaron, total el vicepresidente anterior era más corrupto que Calígula; no importa que el presidente les quiera condonar a las eléctricas una deuda equivalente a 10550 bolsos de los de López, porque es mucho más inmoral revolear cinco a un convento; no importa que se compruebe la mentira, la puesta en escena de los timbreos y de un viaje en colectivo del presidente, ni los actores pagos que usan en las fotos grupales, ni cómo obligan a niños que lloran a mostrarse sonrientes para la cámara, total ya se tapará con uno de los caprichos revanchistas del juez Bonadío; no importa que Milagro Sala sea una presa política, acusada de los mismos delitos que varios funcionarios de esta gestión, pero que a diferencia se pasean tranquilamente en reuniones sociales, total, Milagro Sala es más ladrona por ser negra y mujer, y además legitimada esa condena por el mismísimo presidente: “Siento a la vez que la mayoría, e incluyo especialmente al periodismo que ha seguido de cerca todo lo que pasó con Milagro Sala en esa provincia, cree que ella es una persona que creó un Estado paralelo y que creó una organización armada que ha sido muy peligrosa para la vida de todo el norte argentino”, es decir, que está presa porque gente como este amigo mío y algún otro, creen que, vaya a saber por qué, debería estar presa. Y está bien que ésta y otras barbaridades sean dichas, porque de eso se trata la libertad de expresión, de que venga una descerebrada y afirme que está bien el presidente que tenemos porque tiene una familia blanca y pura; y que venga otro descerebrado y diga que la culpa de nuestros males se debe a peruanos y paraguayos, que son los adalides de la delincuencia, pero que hay algunos que sirven pero vienen a estudiar en nuestras universidades y nos quitan las plazas y los trabajos; y un tercero que asevere que niñas de 14 años se embarazan por plata (y nada tiene que ver que el gobierno haya quitado los fondos para prevención y educación sexual), y que la mayoría de los pobres que hay son “inempleables”; y un cuarto que, avalado por esta corte de energúmenos, niegue los muertos y desaparecidos de la dictadura militar. Porque la libertad de expresión es eso: que la gente de bien, la gente como uno, pueda desnudar tranquilamente sus prejuicios, su racismo, su clasismo, su homofobia, su xenofobia, su ignorancia, para que una porción importante de oyentes pueda reforzar los suyos. No importa si amenazan de muerte o no le dan espacio en los medios a algunos periodistas, a otras voces, porque esas voces son “kirchneristas y defienden la corrupción”, y está bien que no anden por ahí hablando.

palo1Si bien no me molesta que me clasifiquen de tal (creo que es la mejor clasificación política en la que podría encajar actualmente), no soy kirchnerista; no del todo. Tengo una idea de país, y tanto Néstor como Cristina fueron los que más se acercaron. Tengo una idea de país, y si Cristina es la más idónea para volver a ponerlo en esa dirección, que lo haga, y si no puede hacerlo, que lo haga otro u otra, me da igual de qué partido o color sea. Para eso, debemos ser capaces de ver más allá del sombrero. Pero, y parafraseando a Saint-Exupéry, hay personas que no comprenden nada por sí solas y es agotador tener que darles siempre y siempre explicaciones. Niegan lo que es evidente, porque están prestas al engaño, a la mentira, como en la lucha libre, como en la pornografía; por un contrato social se asume el montaje, la farsa como algo cierto. Entonces, el actual gobierno sale a buscar inversiones en el exterior con los logros e índices del gobierno anterior, pero para adentro habla de la pesada herencia, porque hay millones de personas sedientas de creer que es real que toda la culpa la tiene Cristina. Y si hay mayor desocupación es porque, como dijo Prat Gay, la gente no sale a buscar trabajo sino hasta después de las vacaciones; o de que esas palabras vacías: “juntos, unidos” que profiere su querido presidente los incluye de algún modo. Hay una cantidad ingente de personas dispuesta a creer en una bóveda que se abre para adentro, o cualquiera de las sandeces de turno de Lilita Carrió, o de la actual denunciante suplente, la Margarita Stolbizer con tal de justificar su incapacidad de ver más allá del sombrero, porque por alguna razón, ininteligible para mí, entienden que es más fácil tapar el sol con el dedo que ver un paquidermo. Sin embargo, esta gente se la pasa viendo pornografía, y el pajero soy yo.

No sé hasta qué punto se puede gozar con el engaño; no sé hasta qué punto, cuando en la soledad uno siente la culpa de haberse masturbado, puede no darse cuenta, no aceptar que esa satisfacción provenía de una mentira. No sé hasta qué punto alguien puede no ser capaz de ver al elefante nadando en los jugos gástricos del ofidio, sobre todo si nos están mostrando el dibujo, corte longitudinal mediante, del interior de la boa, como hiciera Saint-Exupéry para aleccionar a los mayores. No sé como alguien no puede ver lo grande que puede abrir la boca una serpiente, y como se va tragando todo de un solo bocado, sin masticar.elefante

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